Los Nobel de economía mezclan realismo e idealismo

Banerjee, Duflo y Kremer han llevado su disciplina a hacer las preguntas correctas con menos sesgo ideológico

Alumnos en clase en Nairobi (Kenia), en el marco de un programa de alimentos de la ONU.
Alumnos en clase en Nairobi (Kenia), en el marco de un programa de alimentos de la ONU.

El Premio Nobel de Economía 2019 es una victoria para los académicos de Cambridge (Massachusetts, EE UU). También es una pequeña reprimenda a una gran cantidad de teoría económica y una recompensa por hacer un mundo mejor.

Dos de los ganadores, Abhijit Banerjee y Esther Duflo, que ahora son marido y mujer, enseñan en el Massachusetts Institute of Technology. El tercero, Michael Kremer, trabaja en Harvard. El trío recibió el lunes el premio Nobel por “su enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial”. La parte experimental de la cita se refiere a su uso pionero de los ensayos controlados aleatorios (ECA) en economía.

Los ECA son habituales en la mayor parte del mundo científico. Tomemos dos grupos de personas que son similares en aspectos pertinentes, por ejemplo en la distribución de edades e ingresos, y en su salud inicial. Désele a un grupo un medicamento y a otro un placebo, y véase si el grupo tratado tiene mejores resultados. Estas pruebas llevan casi dos siglos existiendo y se han extendido a muchos otros campos, desde la ecología hasta el marketing. Sin embargo, muchos economistas prefirieron durante mucho tiempo los modelos elegantes y bastante hipotéticos a los complejos y a menudo nebulosos resultados de los experimentos de la vida real.

Kremer, seguido por Banerjee, y más tarde por Duflo, ayudaron a una parte de una ciencia lúgubre, la economía del desarrollo, a ponerse al día con las mejores prácticas. Por ejemplo, Kremer y otros estudiaron los efectos de la medicina preventiva en las aldeas de Kenia. Al comparar las aldeas con y sin tratamiento antiparasitario universal, descubrieron que el enfoque universal ayudaba a reducir la presencia de lombrices parasitarias en las aldeas vecinas.

Banerjee y Duflo concluyeron que pagar gratificaciones a los maestros indios por ir a trabajar mejoraba los resultados de las pruebas de los estudiantes más que usar la misma cantidad de dinero para comprar libros de texto adicionales o contratar más maestros. El trabajo de Duflo sobre los microcréditos sugiere que esta técnica tan elogiada para financiar los proyectos de personas muy pobres daba poco resultado.

La nota explicativa del comité del Nobel dice que la “revolución de la credibilidad” se aprovechó de una “teoría microeconómica bien articulada sobre (…) los incentivos y la información”, pero que es demasiado amable con el estado de la disciplina. Las afirmaciones no probadas, y a menudo no comprobables, sobre las motivaciones y el comportamiento están en el centro de la teoría neoclásica.

Como cabría esperar de un enfoque que lidia con la complejidad de la vida real, el enfoque de los ensayos controlados aleatorios desacredita las teorías simples sobre desarrollo. Resulta que no hay receta para el enriquecimiento. Más bien, el crecimiento se produce a medida que los individuos, las comunidades y los estados cambian una rica matriz de costumbres establecidas, ignorancia generalizada e inútiles relaciones de poder.

Los detalles son bienvenidos, pero inevitablemente implican controversia. Es difícil asegurar que los grupos evaluados sean realmente comparables y que el problema que se está evaluando haya provocado los resultados que se miden. A menudo, los efectos no se pueden medir fácilmente. Si alguna técnica funciona en una parte de Kenia, puede que no funcione en otra parte del mismo país, y mucho menos en Uganda o Bangladesh.

Los economistas del desarrollo dedican ahora una buena parte de su tiempo a criticar, defender y perfeccionar los estudios tipo ECA. Hace unos años, Kremer participó en una “guerra antiparasitaria” con economistas que argumentaban que su estudio original no mostraba lo que él afirmaba.

Las controversias son frustrantes, del mismo modo que trabajar para conseguir pruebas prácticas es duro. A diferencia de la mayoría de los teóricos económicos, que pueden hacer matemáticas en una oficina, los economistas del desarrollo experimentales no pueden esperar tener éxito sin la clase de trabajo de campo que normalmente se asocia con la antropología. La experiencia de primera mano es un requisito previo para determinar si se están haciendo las preguntas correctas.

Los premios Nobel han llevado a más economistas a hacer el trabajo y a hacer las preguntas correctas. Por lo general, lo hacen con menos sesgo ideológico que las escuelas del libre mercado y del estatalismo, que luchan en torno a la teoría y la evidencia en otras partes de la disciplina.

Ninguna de esas dos ideologías parece muy relevante para la lucha contra la pobreza absoluta. En las dos últimas décadas se ha avanzado mucho, gracias tanto a los mercados como a los Gobiernos, pero también a muchos otros factores. Banerjee, Duflo, Kremer y sus compañeros están ayudando con la siguiente fase. Se merecen vivamente este premio.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías