Cuidar la madre tierra es rentable

Se apuesta por compañías dispuestas a dar soluciones medioambientales

Cuidar la madre tierra es rentable

Puede parecer una cuestión solo social o política, pero por si eso fuera poco, el mundo de la inversión también se muestra cada vez más comprometido con la sostenibilidad del planeta, máxime si ese objetivo también puede servir para lograr rendimientos extras.

De hecho, el informe anual sobre family office promovido por UBS y Campden Wealth Research destaca que el 53% de las encuestadas cree que el cambio climático es la amenaza más importante para el mundo. Es más, un 62% estima que en 2022 la mayoría de los family offices participarán en inversiones sostenibles. Sin embargo, actualmente solo uno de cada tres (34%) suscribe estas inversiones.

Y eso pese a que, según Josep Bayarri, director de gestión de activos y análisis de Arquia Banca, los fondos con filtro ESG están logrando rentabilidades superiores a los tradicionales, “dado que invierten en compañías con menor riesgo a multas y sanciones, o menores costes futuros en el caso de nuevas normativas medioambientales. Obviamente, asimismo afecta que hay una tendencia a nivel global a incrementar el activismo medioambiental también a través de las inversiones, y esto implica un flujo de capital desde las compañías más contaminantes a las menos, que por lógica acaba generando un mejor comportamiento en los mercados de las segundas”.

Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latam, admite que los inversores están buscando “crecimiento estructural sostenible en el tiempo y se están dando cuenta de que mediante megatendencias es posible invertir en cotizadas líquidas de manera muy innovadora y global. De hecho, los volúmenes de inversión temática han sido crecientes y las rentabilidades anuales han llegado al 7%-8% para los que han sabido entender sus características”. En concreto aconseja destinar una de las partes de renta variable de la cartera con horizonte temporal mínimo de tres a cinco años.

Simon Webber, gestor del fondo Schroder ISF Global Climate Change Equity, es asimismo un firme convencido de que la lucha contra el cambio climático tendrá un poderoso impacto en la economía mundial ya que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero requerirá a largo plazo nada menos que toda una revolución industrial. “Las empresas que reconocen las amenazas y aceptan los desafíos desde el principio, o que forman parte de la solución a los problemas relacionados con el cambio climático, superarán en última instancia al mercado global de renta variable en general”, asegura.

Pero no se trata de invertir solo en empresas que ya lo están haciendo bien. Tal y como resume Roland Rott, managing director of inflection point de La Française AM, “el mercado probablemente sabe qué compañías son las mejores de su clase, en cambio, preferimos invertir en empresas que aún no son perfectas, pero que se encuentran en el camino correcto para convertirse en los líderes del futuro, basándonos en nuestro profundo análisis ESG”.

“Afirmar que una inversión determinada tendrá un impacto positivo en la transición energética y climática no es suficiente. El impacto se debe demostrar o, mejor aún, cuantificar. Aunque existe un amplio consenso acerca de los indicadores más relevantes, especialmente para el cálculo de las emisiones de CO2 evitadas, no hay un indicador único aplicable a todos los tipos de proyectos y contextos”, comenta Julien Bras, gestor del fondo Allianz Green Bond.

Composición de la cartera

Pero cuando hablamos de invertir en cambio climático, ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? Cada gestora hace su propia interpretación.

Y no nos podemos olvidar de la renta fija, que juega también un papel importante. Empezando por los bonos soberanos, tanto los verdes como los tradicionales, incluidos en este tipo de estrategia. "Es importante incluirlos en una cartera ya que representan una gran cantidad de inversiones, los gobiernos son actores clave para financiar la transición energética y los países están en el centro de los asuntos energéticos, especialmente de los activos inmovilizados, como los de las grandes petroleras privadas. Los principales propietarios de las reservas de combustibles fósiles son países", destaca Ronald Van Steenveghen, Gestor del fondo DPAM L Bonds Climate Trends Sustainable. Y prosigue, "los bonos verdes se utilizan para proyectos con beneficios ambientales positivos, son parte de la solución, pero se necesita más acciones para acelerar la transición. Por lo tanto, nuestro alcance de inversión es más amplio e incluye a empresas y gobiernos que desafían activamente los riesgos climáticos y permiten las soluciones necesarias para hacer que la transición de una economía con altas emisiones de carbono sea un éxito. Para capturar mejor estas oportunidades, DPAM ha creado un universo de inversión propio llamado Emerald". 

“Muchos fondos se han centrado exclusivamente en emisiones de CO2. Es un punto de partida útil, pero mejorable. Hay que tener en cuenta que el cambio climático es una de las dimensiones a tener en cuenta, pero no la única”, opina Luciano Diana, director de inversión temática ambiental de Pictet AM. Desde su firma siguen el marco de los nueve límites planetarios desarrollado por Stockholm Resilience Centre: cambio climático, acidificación, contaminación química, cambios de uso del suelo, agotamiento del ozono, aerosol atmosférico, cambios en el ciclo del nitrógeno, cambios en el ciclo de fósforo, pérdida de biodiversidad y agotamiento de suministros de agua dulce. “Para cada área hay límites por debajo de los que debe permanecer la actividad humana, pues si se sobrepasan generan efectos medioambientales que dejan de ser lineales y predecibles”.

Por su parte, Henning Padberg y Thomas Sørensen, gestores de la estrategia de clima global y medio ambiente de Nordea, admiten que “si bien buscamos a innovadores en el sector de las energías alternativas, nuestra estrategia se centra principalmente en firmas optimizadoras que tengan como objetivo el uso eficiente de los recursos, así como aquellas con capacidad de adaptación concentradas en la protección del medio ambiente” y mencionan tres ámbitos que ven con gran desarrollo: la digitalización de la agricultura, la construcción inteligente y el crecimiento del consumo ecológico.

Impacto real de las inversiones

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Pero ¿en qué se traducen estas estrategias de inversión en cambio climático?, ¿son activas las gestoras a la hora de pedir a las empresas en las que inviertan que se comprometan? La mayoría utilizan activamente el voto en las juntas de las compañías en las que participan. Por ejemplo, en Robeco “creemos firmemente en las prácticas de compromiso activo con las empresas como una herramienta para promover prácticas comerciales sostenibles. Recientemente nuestro papel fue clave para convencer a Royal Dutch Shell de que fortalezca significativamente sus medidas para reducir su huella de carbono”.

En UBS, por su parte, creen que el compromiso corporativo implica un “diálogo bidireccional entre inversores y empresas, con el objetivo de mejorar la transparencia y el rendimiento del negocio, en términos de cuestiones ESG, estrategia, gestión de riesgos y asignación de capital. Por un lado, los inversores pueden compartir sus expectativas de gestión corporativa y fomentar prácticas para mejorar el valor a largo plazo. Mientras tanto, las empresas tienen la oportunidad de explicar la relación entre la sostenibilidad, su modelo de negocio y el desempeño financiero”.

Para Fidelity es incuestionable la contribución a la lucha contra el cambio climático, “entre otras razones, por las ingentes cantidades de dinero destinadas en conjunto por todas las gestoras a nivel global, desde los mayores jugadores internacionales como Fidelity hasta pequeñas gestoras nicho, que también están preocupadas por el tema”.

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