Un juicio visto para sentencia con pocas pruebas contra los acusados

Los jueces decidirán y seguro que lo harán movidos por criterios jurídicos y no de opinión pública

El juicio sobre la salida a Bolsa de Bankia quedó ayer visto para sentencia, ocho años después de que ocurriesen los hechos, tras varios años de instrucción y después de meses de vista oral que no han aportado material probatorio sobre los hechos de que se acusa a quienes se han sentado en el banquillo. No cabe duda de que la salida a Bolsa de Bankia (y quizá incluso la gestación de la propia entidad) fue un error, ni de que atrapó a cientos de miles de pequeños inversores (que ya han sido compensados). Pero ese es un juicio hecho a posteriori, ahora que sabemos que la crisis de la deuda, la recaída en la recesión y la mala gestión de la crisis bancaria española forzaron el rescate no solo de Bankia, sino de un buen puñado de cajas de ahorros. Seguramente, los gestores de Bankia, y las autoridades económicas y supervisoras que les acompañaron en su camino, creían en el momento de la salida a Bolsa que las cosas saldrían de otra manera.

En el juicio se ha dedicado mucho tiempo a dirimir cuestiones sin ninguna trascendencia penal, se han escuchado soflamas de personajes mediáticos y se ha discutido sobre quién dijo qué en una cena para provocar la dimisión de Rato o sobre quién pidió o no al FMI que alertase sobre la situación de Bankia. Y también se han escuchado muchos disparates financieros y contables, con frecuencia de boca de la fiscalía. Pero no se ha demostrado que hubiera un ánimo deliberado de estafar ni de falsear las cuentas de la salida a Bolsa por parte de los acusados. Unas cuentas que estaban auditadas y estrechamente supervisadas por el Banco de España. Es cierto que el legislador y el supervisor podrían haber sido más exigentes con Bankia y con las demás entidades en materia de saneamientos y provisiones, pero eso no implica que Bankia estuviera incumpliendo la ley con sus cuentas. Cuando, ya cotizando, la regulación cambió y la situación se deterioró, el auditor (aquí sorprendentemente acusado) se negó a avalar las cuentas.

Ha habido informes de peritos contradictorios, las sesiones del juicio han puesto de manifiesto comportamientos muy poco edificantes de los protagonistas de la crisis de Bankia, pero la fiscal no ha sido capaz de armar un caso convincente desde el punto de vista penal, a diferencia de lo ocurrido en el caso de las tarjetas black. Serán los jueces los que tengan que tomar la decisión, y seguro que lo harán movidos por criterios jurídicos y no de opinión pública.