BBVA se arriesga a una multa máxima de 21,9 millones por el ‘caso Villarejo’

Los abogados prevén que antes del día 24 el juez levante el secreto de sumario del caso Villarejo

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Sede de BBVA en Las Tablas, Madrid.

ras el periodo vacacional los jueces volverán hoy a recuperar su tradicional vestimenta para llevar a cabo su trabajo, esa toga negra que visten desde 1694. Eso hará el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón, encargado del caso del excomisario José Manuel Villarejo.

 Los abogados de los directivos o exdirectivos de BBVA, e incluso el propio banco, investigados por la pieza número 9 del caso, la correspondiente a las presuntas escuchas ilegales a políticos, periodistas y empresarios encargadas presuntamente por el banco durante la presidencia de Francisco González, esperan que en los próximos días el magistrado levante el secreto de sumario. De hecho, contaban con que se hubiera abierto en la última semana de julio, pero no fue así.

Para la defensa tanto de los ejecutivos como del banco (también imputado) es fundamental saber de qué se les acusa. El próximo 24 de septiembre es la fecha que la entidad ahora presidida por Carlos Torres tiene marcada en rojo. Ese día un representante legal de BBVA deberá acudir a declarar en nombre del banco, imputado como persona jurídica. Pero parece, según varias fuentes jurídicas, que para entonces García Castellón habrá dado a conocer a las partes el sumario. Ya sabrán que posibles pruebas pesan sobre ellos.

El banco, mientras, tiene que pasar por el mal trago de incluir en cada folleto que realice ante los supervisores bursátiles una alerta avisando de que este proceso judicial puede suponerle una multa, además del daño reputacional. El primer documento en el que ha incluido este aviso ha sido en el folleto de la emisión de 1.000 millones de dólares de deuda.

La penalización para BBVA es, sin embargo, más reputacional que monetaria. Para las personas jurídicas, por el delito de revelación de secretos la sanción económica puede elevarse a un máximo de dos años, a razón de hasta 5.000 euros por día, sumando 3,65 millones de euros, según se fija en el artículo 197 bis del Código Penal. Por el delito de corrupción en los negocios y por el de cohecho las penas máximas son de cinco años, según los artículos 288 y 427 bis. Traducidos a sanción económica, con un máximo de 5.000 euros diarios, serían 9,125 millones por cada uno.

En total, la sanción máxima que afronta la entidad es de 21,9 millones de euros, un dinero perfectamente asumible sin necesidad de ninguna operación especial. El banco, de todos modos, aún confía en demostrar que no es culpable de esos delitos y aspira a que se le permita personarse como perjudicado.

Además, pese al escándalo que este caso representa, el mercado no lo ha tenido en cuenta a la hora de invertir en el banco. La emisión de bonos convertibles en acciones (cocos en el argot financiero) que llevó a cabo la entidad la semana pasada se cubrió en poco tiempo y en su totalidad, con sobredemanda de ocho veces la cantidad emitida.

Fuentes financieras mantienen que los analistas, o inversores, apenas preguntan por el caso Villarejo en las reuniones que mantienen con la entidad. Lo mismo sucede con el caso Andrea Orcel en Santander, según explica siempre que puede la presidenta de Banco Santander.

A los inversores y analistas les preocupa más la posición de BBVA en Turquía que el caso Villarejo, asegura un experto financiero, que añade que si el mercado hubiera estado de acuerdo en los intereses de la firma que preside Carlos Torres en Garanti, el banco hubiera aprovechado la caída de la lira para hacerse con casi todo su capital. Ahora tiene el 49,85%. Pero el mercado está más dispuesto a castigar al banco por su posición en este país euroasiático que por el escándalo de las presuntas escuchas ilegales.

Mientras, la preocupación de los directivos de BBVA y del resto de la banca española por el futuro del sector se incrementa día a día. Ninguno de los actuales banqueros, ni del pasado, podían imaginar un panorama con tantos nubarrones.

Si en los últimos tres años los banqueros no han parado de llorar en el hombro de quien les quisiera escuchar por lo complicado que resultaba hacer banca con unos tipos al 0%, ahora no saben ya ni qué hacer. Todo es susceptible de empeorar, reza un dicho. Y eso parece que le ocurre al sector. Llevan años quejándose de la drástica y dura regulación, de los tipos de interés tan bajos y de la cada vez mayor competencia de otros actores como las fintech o, sobre todo, las big tech. Pero ahora el escenario es más negro aún, más que cualquiera que se hubiese dibujado en el último siglo.

El sector va a tener que acostumbrarse a vivir con los tipos bajo cero. “Es un escenario desmoralizante”, confesaba la semana pasada uno de esos directivos que decidió incorporarse a su entidad la última semana de agosto por eso que se dice del aterrizaje suave.

Y con estos mimbres, ¿qué puede hacer el sector? Piensa que igual que coloca un crédito puede vender una nevera. Lo mismo que Apple vende iPhone y lanza una tarjeta de crédito, Apple Card, ellos pueden meterse en el negocio de venta de productos de consumo.

No es una idea nueva. BBVA diseñó megaoficinas con barra para tomar un café, e incluso catálogos para la venta en estos locales de productos que nada tenían que ver con la banca, como coches, joyas, perfumes, cacerolas y pisos, cuando la compra de una segunda casa en la playa se había puesto de moda. Era la precrisis.

Ahora, además de BBVA, el resto de la gran banca como CaixaBank, Santander o Bankia han decidido remangarse y si hay que vender una televisión para hacer negocio, pues se hace. Todo sea por lograr ingresos.

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