Viajar sin moverse del sitio

La cuestión de la innovación se ha debatido mucho, pero España no ha avanzado en ella

Museo de las Ciencias de Valladolid.
Museo de las Ciencias de Valladolid. EFE

El álbum que el grupo británico Jamiroquai editó en 1996 podría ser la banda sonora para la marcha de nuestro país en innovación:Travelling Without Moving. Porque es difícil encontrar otro asunto del que se haya hablado tanto y en el que España haya avanzado tan poco. Cierto es que hay dudas sobre el crédito que merecen ciertos indicadores sobre el nivel de innovación, incluso en países que ocupan los primeros lugares como Suecia, a juicio del profesor Charles Edquist. Pero sorprende que España haya atravesado un arco de tiempo de casi 25 años prácticamente sin inmutarse.

Mientras el mundo y la economía del conocimiento se mueven, quizá tengamos la engañosa convicción de que la tecnología exterior vendrá siempre a inyectar en nuestras empresas la competitividad que necesitan. Sin embargo, esto depende de los propios desarrollos. Efectivamente, desde el trabajo de los profesores Wesley Cohen y Daniel Levinthal sabemos que la capacidad innovadora y de absorción tecnológica de las empresas están relacionadas. Pero ya que una crítica aislada seria una impiedad, al obligado repaso histórico de la materia en el nivel comunitario, seguirán las propuestas.

Que el discurso de la innovación más allá de la I+D no es nuevo. En Europa hay que remontarse al menos al Libro Verde que la Comisión público en 1995. Su lectura da buena muestra de la visión comunitaria en la época del Libro Blanco de Competitividad, Crecimiento y Empleo que marcó la Comisión Delors. Ahí está todo lo que sigue siendo un objetivo para países como España. Incluida la misión de alerta tecnológica del entonces creado Instituto de Prospectiva Tecnológica de Sevilla (IPTS) que, tristemente, no se ha desarrollado.

En el año 2000 abordaron el tema los jefes de Estado y de Gobierno, con la Estrategia de Lisboa y el objetivo fijado en Barcelona para lograr un 3% de inversión sobre el PIB, dos tercios privada y un tercio pública. Con la revisión de la citada Estrategia tampoco fue posible refrendar un objetivo que el eminente profesor Luc Soete propuso sin éxito para el conjunto de la Unión: una inversión del 5 % del PIB para educación superior, investigación e innovación.

Por otra parte, la innovación es una política compartida, por lo que queda pendiente la división óptima del trabajo entre las intervenciones a nivel europeo y nivel nacional. Con todo, Europa ha avanzado como entorno de experimentación en políticas para la innovación y, sorprendentemente, si creemos los índices que publica la Comisión, Europa habría adelantado este año a EE UU en desempeño innovador y ello, no obstante haber dejado China atrás a Europa hace algunos anos según el porcentaje de inversión en I+D sobre PIB.

¿Qué hemos aprendido desde el Libro Verde? Que la innovación no solo es un proceso y un producto, sino que es también un espacio público: una política, tan distinta como sofisticada comparada con la política científica. ¿Y qué novedades se han producido en el ámbito comunitario? En primer lugar, Bruselas financia hoy toda una serie de instrumentos de coordinación y no solo proyectos de colaboración transnacional que constituía el objetivo prioritario de los primeros Programas Marco. En segundo, se ha abierto paso una nueva interpretación del valor añadido europeo consistente en la competición a nivel comunitario entre proyectos con un solo socio. Es el caso de los Consejos Europeos de Investigación y de Innovación que apoyan a investigadores y emprendedores individuales. Una tercera novedad son los grandes retos sociales que, en la próxima edición del Programa Marco Horizonte Europa vendrá a aplicar en misiones, disciplinando así la producción de conocimiento e innovación en áreas de interés, no solo económico, sino también social.

¿Y dónde queda España en todo esto? En investigación, el país ha seguido avanzando en la producción de conocimiento a pesar de las paradójicas dificultades para ejecutar los presupuestos públicos. Más aun, hay estudios que demuestran que la eficiencia de la producción científica medida en términos de publicaciones se ha incrementado durante la crisis. En cuanto a la I+D industrial y la innovación, casi todas las comunidades autónomas han creado sus programas e instrumentos de promoción paralelos al CDTI. Pero al igual que en el nivel comunitario, queda pendiente la división óptima del trabajo entre las intervenciones de ámbito nacional y regional en ausencia de una agencia de agencias o mecanismo estable de coordinación más allá de la financiación proyecto a proyecto.

Bueno sería que, tras superar la etapa de incertidumbre política en la que llevamos instalados ya varios años, aquellos asuntos verdaderamente críticos para el futuro de nuestro país se abordasen decididamente. Y ya que si son verdaderamente grandes no han de ser tantos, me atrevo a apuntar cuatro: la natalidad, la despoblación, el cambio climático y la revolución digital. Los economistas saben que hay pocos indicadores que recojan tanta información como el de natalidad, pues tener familia supone tener tantas cuestiones de contorno razonablemente resueltas. Del mismo modo, desarrollar plena y equilibradamente el territorio es una buena muestra de distribución económica y cohesión social.

En cuanto a los otros dos asuntos, hay voces en Bruselas que apuntan cuánto sentido tendría una Vicepresidencia comunitaria para abordar al tiempo los retos y las oportunidades del cambio climático y la revolución digital.

También las profesoras Mariana Mazzucato y Carlota Pérez creen que al igual que la suburbanización dio el impulso a la producción en masa, ningún otro asunto podría dar mayor horizonte a la digitalización que la sostenibilidad. Una idea con aún más sentido en España sería quizá una agenda para la transformación digital sostenible en el país europeo cuyo clima esta más amenazado. Es difícil pensar en una Vicepresidencia más social y más capaz de generar un mayor consenso para crear futuro que responda a los desafíos del mañana..

Atravesando estos días de agosto las tierras de pan llevar, entre Alicante y Bilbao, se ven edificios levantados más para impresionar a electores y clientes que para atraer a empleados y emprendedores a entornos de clase internacional. Faltan entornos donde deseen no solo trabajar, sino también vivir, y a los que se pueda acceder a pie o en bicicleta, que es la definición mas efectista que conozco de un ecosistema de éxito. Al tiempo, pienso qué no podríamos hacer si nos pusiéramos de acuerdo en algunas pocas grandes cosas, perseverando con la gravedad española ante las dificultades que caracterizó a los españoles en épocas pretéritas, según dijo el filósofo Ortega y Gasset. Cuando, como Elcano, viajamos, entonces sí, no solo moviéndonos, sino moviendo también las fronteras del mundo conocido.

José Manuel Leceta es director general de Nahitek IT Consulting y exdirector del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología

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