Digitalizar las redes eléctricas es clave para la transición energética

El nuevo modelo retributivo debe tener en cuenta las inversiones en la nueva realidad tecnológica

Líneas eléctricas a las afueras de Madrid.
Líneas eléctricas a las afueras de Madrid.

El proceso de transición energética en el que está inmerso la sociedad actualmente pasa por un aumento de la electrificación de los diversos sectores de la economía. Es, sin duda, la principal vía planteada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima propuesto por el Gobierno para lograr en 2030 una reducción del 21% en las emisiones de gases con respecto a los valores de 1990.

Ese aumento de la electrificación transformará gradualmente nuestro entorno y nuestros hábitos, como resultado del mayor despliegue y penetración de energías renovables, el impulso de la movilidad eléctrica o el fomento del autoconsumo y la generación distribuida. Pero para que todo esto ocurra hay que acompañar el proceso con otro de los pilares fundamentales de la transición energética: la digitalización. Este avance tecnológico en las redes es fundamental porque es precisamente en las redes de distribución eléctrica donde se van a producir todos estos cambios que queremos implementar a futuro, de manera mucho más significativa en las de baja tensión, las redes que llegan hasta nuestros hogares.

En este sentido, las inversiones previstas para la digitalización y automatización de las redes eléctricas de distribución se prevé que alcancen unos 4.400 millones de euros hasta 2030. Una parte importante de esta inversión en digitalización estará destinada a las subestaciones y centros de transformación y al desarrollo de sistemas y comunicaciones, según se publica en el informe El sector de fabricación de bienes de equipo eléctrico ante la transición energética: una oportunidad industrial, realizado por Monitor Deloitte y presentado el pasado mes de mayo.

¿Por qué es necesaria esta transformación? La digitalización y automatización de las redes de distribución permite la interconectividad total y en tiempo real de la red, conocer el estado de cada nodo, segmento y elemento de la misma, y aumentar la eficiencia y eficacia operacional de las líneas. Es decir, permite realizar una gestión adecuada a las características de los nuevos usos eléctricos que se van a incorporar en este proceso de transición, y que en su mayoría estarán conectados a las redes de baja tensión.

En concreto, la automatización de la red de baja tensión permitirá mejorar la calidad de suministro, mientras se integra en la red más generación distribuida y movilidad eléctrica. No debemos olvidar que el vehículo eléctrico, considerado en su amplia extensión (carga más almacenamiento de energía más generación distribuida) y en niveles masivos de penetración, requiere de sistemas de monitorización de la red en tiempo real que permitan gestionar ese equipo conectado.

Y, por su parte, la generación distribuida (generar energía eléctrica a través de sistemas que, generalmente, se encuentran muy cercanos a los hogares a partir de fuentes de energía renovables) también requiere conocer lo que sucede en la red en todo momento.

Por todo ello, una gestión eficiente de estos elementos mejorando la inteligencia de la red tiene otros efectos adicionales positivos como la reducción de las pérdidas o el incremento de la seguridad de la red ante condiciones de funcionamiento más exigentes por la integración de todos estos nuevos usos eléctricos.

Para poder llevar a cabo este cambio, el estudio de Monitor Deloitte concluye de manera clara que se precisa una regulación estable y favorable a la digitalización y modernización de las redes de manera que operadores y fabricantes tengan una visión a largo plazo de las inversiones necesarias en la transición energética. Sin embargo, el esquema retributivo que se está proponiendo no da esa visibilidad ni tampoco incentiva la adopción de la nueva realidad tecnológica de las redes y su necesaria digitalización.

En este sentido, el nuevo modelo retributivo que finalmente resulte debe tener en cuenta la tipología de inversiones en las redes eléctricas, como por ejemplo la digitalización en las redes de baja tensión, que requerirá la transición energética y que son especialmente sensibles a la hora de alcanzar los objetivos que nos estamos fijando.

Marina Serrano es presidenta de Aelēc

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