El activismo fiscal solo ayudará a Berlín y Londres hasta cierto punto

Un Brexit caótico no podrá compensarse del todo con gasto público

Banderas británica y alemana ante la cancillería germana, en Berlín, en abril pasado.
Banderas británica y alemana ante la cancillería germana, en Berlín, en abril pasado.

Las malas noticias de Gran Bretaña y Alemania llaman a la acción. Es muy posible que se esté preparando una respuesta, pues se habla cada vez más de una política fiscal más flexible en ambos países, pero será un mero paliativo.

El PIB británico se contrajo un 0,2% en el segundo trimestre respecto al primero, la primera contracción desde 2012. Alemania, que publicará sus datos la semana que viene, también podría registrar una contracción, según los pésimos datos publicados en las últimas semanas. El jueves anunció una caída mensual del 1,5% en los pedidos industriales de junio, casi cuatro veces lo esperado por los analistas.

El mayor problema de Gran Bretaña es el Brexit. Boris Johnson ha prometido que se producirá el 31 de octubre con o sin acuerdo comercial. La intransigencia británica y de la UE ha avivado la preocupación por que la salida pueda ser desordenada. La inversión empresarial se ha visto afectada. Y el sector manufacturero se está contrayendo. En Alemania, orientada a la exportación, las tensiones comerciales mundiales son uno de los principales responsables de la desaceleración.

Todo esto eleva la urgencia del activismo fiscal. Johnson ya está soltando dinero. Y según un alto funcionario de su Gobierno, Alemania está valorando abandonar su preciada política presupuestaria equilibrada para ayudar a amortiguar los efectos de la planificada salida del carbón en las próximas dos décadas.

La relajación fiscal puede mitigar el pesimismo, pero no lo eliminará. Un Brexit caótico corre el riesgo de causar un gran impacto en la economía británica que no puede compensarse del todo con gasto público. Y aunque Alemania podría gastar más en infraestructura y en un futuro más verde, estos proyectos tardan en dar sus frutos y no tendrán mucho impacto a corto plazo, ni ayudarán mucho a los exportadores. Recortar el impuesto de sociedades sería una ayuda contundente, pero no eclipsaría el impacto de la menor demanda extranjera.

La inacción no es una opción, pero la acción solo ayudará a Londres y Berlín hasta cierto punto.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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