Cristina Pedroche: “No entro en la cocina, pero gestiono DiverXO”

Compagina la pequeña pantalla con los negocios de restauración de su marido, Dabiz Muñoz, al que ha ayudado como inversora en el StreetXO de Londres

Cristina Pedroche.
Cristina Pedroche.

Genera expectación. Y lo sabe. Sonríe y no tiene un mal gesto, a pesar de la cantidad de medios de comunicación que le solicitan una fotografía, un selfi o unas declaraciones. Cristina Pedroche (Madrid, 1988) ha sido contratada por Pescanova para hacer un par de recetas de verano con los langostinos de la marca. Desde hace un tiempo, sobre todo desde que se casó en 2015 con el cocinero Dabiz Muñoz, propietario de DiverXO (tres estrellas Michelin), la gastronomía forma parte del universo de la presentadora, actualmente vinculada a Atresmedia. En su currículo anota que es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y diplomada en Turismo por la Universidad Rey Juan Carlos.

Acaba de ficharla Pescanova, ¿qué ven las marcas en usted?

Ven muchas cosas, pero la principal es que soy muy natural, soy espontánea, y lo que sucede cuando eres así es que cometes errores. El problema es que voy muy deprisa y no me paro a pensar las cosas, pero yo no tengo problema en pedir perdón cuando me equivoco. Y si trabajo con una marca es porque me la creo y me implico muchísimo con todo, y yo te lo cuento desde mi verdad. Con Pescanova he hablado mucho con ellos, porque lo que hago lo hago de verdad. No quiero ser un florero para las marcas. En un mundo tan superficial, con influencers con millones de seguidores, lo importante es la naturalidad.

Pero usted es influencer.

Yo soy presentadora de televisión, actriz y artista del mundo de la comunicación. En el mundo influencer hay una burbuja, aunque hay gente que influye de alguna manera. Por ejemplo, Messi o Cristiano Ronaldo, además de futbolistas, son influyentes, ya que influyen en millones de personas. Mi vida profesional me la gano en la tele. Y me gustan los retos interesantes con contenido molón. No tengo miedo a nada, y si lo hago mal, ya lo haré mejor. Soy valiente. Me gustan los desafíos y afrontar cada día de manera diferente, intentando ser mejor persona y profesional. Quién me iba a decir a mí en 2013, cuando empecé con el programa Zapeando, que iba a estar hoy aquí. No me tomo nada como rutina, pero me pasa igual con el tema personal. Con la pareja hay que salir de la rutina, conquistarla cada día.

Además, usted ha entrado como inversora en el negocio de restauración de su marido, en el restaurante StreetXO de Londres.

He asomado la patita. Somos socios en todo, y todo es de los dos. Somos un equipo porque la base de todo es que haya amor, respeto y admiración. Dabiz ha necesitado inversión para el local de Londres, y no iba a ir a buscar dinero fuera cuando lo tenía en casa. De esta manera, las ganancias también se quedan aquí. Así tampoco hay que pelearse con inversores.

¿Y tienen ganancias?, porque en la alta cocina cuesta conseguir rentabilidades altas...

Es muy duro, durísimo. La alta gastro­nomía es muy complicada, y yo aprendo mucho cada día. Hice Dirección de Em­presas y Turismo, dos carreras que, ahora, con los restaurantes, pongo en práctica. Ojalá que fuera rentable, pero no lo es. Por cada euro que entra en DiverXO, Dabiz invierte dos, ya que siempre hay cosas que mejorar y está obsesionado por el producto. Cada pase es producto, producto, y no escatima en darle al cliente la mejor cigala, cueste lo que cueste. No mira lo que cuestan las cosas, ni la vajilla, quiere siempre lo mejor. Yo miro más lo que cuesta todo, soy más empresaria, gestiono mejor.

¿Usted gestiona DiverXO?

Sí, en DiverXO yo no entro en la cocina, pero ayudo en todo y estoy presente en todo, en los eventos que hace Dabiz con las marcas. Somos un equipo, porque no podríamos llegar a todo si no fuera así. Me meto en todo. Por ejemplo, con Pescanova he sido yo la que he negociado todo.

¿No tiene representante?

Tengo, pero entiendo el trabajo como un equipo. Yo no redacto el contrato, pero lo leo y lo decido todo. Me implico siempre. Para brillar hay que tener una buena base, y esa es saber rodearte de gente buena. Como con las campanadas: si no tengo a Josie, que es la persona que diseña la idea tangible; si no tengo a mi maquillador… Si no tengo a un equipo, yo no soy nada. Y soy muy fiel.

¿Es difícil trabajar con la familia?

Si estamos en la misma página, como lo estamos Dabiz y yo, no es complicado. Yo intento aconsejar, le ayudo en todo; él toma las decisiones de cocina, que es de lo que sabe, y yo tomo otras más de gestión. Estamos en la misma página, y cuando hay respeto, admiración y cariño todo es más fácil.

La vida de los presentadores de entretenimiento suele ser efímera, ¿está preparada para cuando le llegue el momento?

Claro que estoy preparada, por eso me vuelco ahora más con los temas de cocina y con la gastronomía, que cada vez es más mi mundo, ya que somos cada día más grandes y creo que soy válida. Pero creo que en televisión cada vez hay menos fecha de caducidad para las mujeres, y me gustaría tener 80 años y seguir dando las campanadas. La televisión es donde más realizada me encuentro. Se están dando pequeños pasos, como se está viendo con la huelga del 8 de marzo, y se está demostrando que la gente quiere vivir en una sociedad feminista. Y está en nuestras manos vivir en un mundo feminista, ecologista y en igualdad, esa es la manera de tener un planeta mejor.

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