Qué se juegan la Fed y el BCE con las nuevas bajadas de tipos

Los nuevos estímulos que preparan llegan provocados no por otra crisis económica sino por la guerra comercial

Mario Draghi, presidente del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Fed
Mario Draghi, presidente del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Fed

Los bancos centrales entran de nuevo en acción. El nuevo tablero geopolítico que está diseñando de forma estrepitosa Donald Trump ha terminado por calar en la política monetaria de todos los bancos centrales del planeta, con especial énfasis en la Reserva Federal estadounidense y en el Banco Central Europeo. El año comenzó con alzas de tipos en el horizonte pero la creciente incertidumbre causada por la escalada proteccionista de la Casa Blanca y su guerra comercial con China ha provocado un viraje radical: en Estados Unidos se espera ahora de forma inminente la primera bajada de tipos desde la salida de la crisis y en la zona euro, el BCE está listo para sacar de nuevo toda la artillería pesada: nuevos recortes de tipos y compras de deuda.

La actual situación económica es sin embargo bien distinta a la de hace años, cuando la firme intervención de los bancos centrales fue vital para reaccionar al estallido de la crisis y, en el caso de la zona euro, para la propia supervivencia de la divisa única. La recesión no está ahora a las puertas pero sí el riesgo de una desaceleración económica que provoque su llegada antes de tiempo, ante lo que los bancos centrales juegan de nuevo sus cartas. Pero esta vez con mucho menos margen de maniobra y cierta pérdida de eficacia, especialmente en el caso del BCE, que afronta la situación con los tipos al cero y sin haber emprendido apenas la normalización de su política monetaria.

Además, la acción constante de los bancos centrales –con compras billonarias de deuda en los últimos años y su reciente promesa de más bajadas de tipos– ha alimentado aún más la hinchazón de los precios de la renta fija y, con ello, el riesgo de haber creado una gigante burbuja financiera y de haber distorsionado sin remedio el mercado. ¿Hay alternativa entonces a una oleada de más estímulos con los que frenar la desaceleración? ¿Están cayendo los bancos centrales en una trampa de liquidez sin fin?

Para Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional Funcas, estamos ante “la solución imperfecta”. En su opinión, el BCE está muy cerca de haber llegado al límite en su política monetaria, que presenta ya una pérdida de eficacia en el momento en que, tras largo tiempo con los tipos al cero y sin haber dado marcha atrás en las compras de deuda –Draghi interrumpió desde enero las compras netas pero sigue reinvirtiendo los vencimientos de deuda en balance– no se ha logrado elevar la inflación ni tampoco impulsar con claridad el crédito.

Draghi afronta el mayor desafío al tener escaso margen de maniobra, pendiente todavía de que Alemania eleve su gasto público

La última encuesta de préstamos bancarios revela de hecho que los bancos de la zona euro han endurecido los criterios por los que concede créditos por la mayor incertidumbre sobre las perspectivas económicas. En cuanto a la reanudación de las compras de activos, el BCE deberá sortear el actual límite por el que no adquiere más del 33% de una emisión o de la deuda de un emisor. Superar ese umbral plantea un importante desafío técnico y político ya que pondría al BCE al mismo nivel del resto de acreedores en una cláusula de acción colectiva, según explica Torres.

El presidente del BCE, Mario Draghi, admitía esta semana en rueda de prensa su disguto por las cifras y las expectativas de inflación en la zona euro. Fue “un reconocimiento explícito de la incapacidad para hacer converger la inflación al objetivo de política monetaria, dejando la puerta abierta incluso a una reformulación de dicho objetivo de inflación”, señala Gonzalo de Cadenas, director de análisis Macroeconómico y Financiero del servicio de Estudios de Mapfre.

El BCE sigue por tanto sin haber alcanzado el objetivo de su mandato tras una inyección multimillonaria de liquidez –sus activos en balance se han disparado tras la crisis hasta los 4,68 billones de euros– y acusa además la presión que le llega desde el otro lado del Atlántico. “El origen de toda esta oleada de estímulos monetarios está en la guerra comercial global. Si la Fed rebaja tipos, el BCE no puede dejar que se aprecie el euro y eso dañe aún más las exportaciones de la zona euro”, señalan fuentes financieras.

Así, la guerra comercial iniciada por EE UU –y motivada por un fuerte déficit comercial con China que viene de largo– tiene también una fuerte derivada en las divisas y en el pulso encubierto por la devaluación de las respectivas monedas que encierra la nueva tanda de estímulos monetarios a nivel global.

Los bancos centrales vigilan que sus divisas no se aprecien en exceso en un entorno cada vez más proteccionista

Las nuevas bajadas de tipos que se esperan tienen como principal damnificado al sector bancario, ya muy debilitado tras un largo período de tipos cero. Por el contrario, los gobiernos están siendo los grandes beneficiados, ante el constante abaratamiento de su coste de financiación. En España, ha llegado a cotizar con rendimiento negativo la deuda soberana a siete años de plazo y en el caso de Alemania, cotiza bajo cero la deuda a dos décadas. En EE UU, el rendimiento del bono a 10 años ha pasado del 3% del pasado noviembre a caer del 2% en los últimos días.

Para economías especialmente endeudadas como la italiana o la española, estos descensos permiten incluso cierto margen de gasto público, ya que el porcentaje del presupuesto que va al pago de la deuda no aumenta.

“La respuesta a la encrucijada en que se encuentra el BCE está en la política fiscal”, advierte Raymond Torres. Draghi fue especialmente insistente el pasado jueves en apuntar que la clave del crecimiento no está solo en la política monetaria sino en la fiscal y en reclamar que los países con mayor margen de gasto público –como es el caso de Alemania, aunque no la citara– lo eleven.

Ese será uno de los retos que encontrará Christine Lagarde en su llegada a la presidencia del BCE en noviembre, donde podrá ser especialmente valiosa su larga trayectoria política. “Es prágmática y no tiene posturas dogmáticas. Es la persona adecuada en el momento adecuado”, señalan en Deutsche Bank.

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