El triunfo político de Boris Johnson puede ser efímero

El próximo primer ministro británico tiene tres opciones para afianzarse en el poder y evitar ser engullido por la vorágine del Brexit

El triunfo político de Boris Johnson puede ser efímero

Boris Johnson por fin se ha dado cuenta de su ambición. El ex alcalde de Londres y destacado brexista se convertirá en el próximo primer ministro del Reino Unido tras ganar la pugna para dirigir el Partido Conservador, en la que obtuvo el 66% de los aproximadamente 139.000 votos emitidos por los miembros del partido. Pero su triunfo será efímero. Para evitar una permanencia en el cargo más corta y menos exitosa que la de su predecesora Theresa May, debe escabullirse por una de estas tres estrechas rutas de escape.

1. Un acuerdo. Johnson hizo campaña con la promesa de que Gran Bretaña abandonará la Unión Europea el 31 de octubre: “hazlo o muere en el intento”. La forma menos perturbadora de lograrlo sería tener éxito donde falló May: asegurando un acuerdo sobre el Brexit con la UE que sea aprobado por el Parlamento.

El ex ministro de Asuntos Exteriores ha desestimado la idea de hacer algunos retoques cosméticos al acuerdo que May negoció en noviembre del año pasado. En su lugar, insiste en abandonar la salvaguarda de Irlanda del Norte. Esto exige que Gran Bretaña permanezca en una unión aduanera con la UE hasta que llegue a un acuerdo comercial que garantice que no habrá controles fronterizos entre esa región y la República de Irlanda. La dificultad de Johnson aquí es que los líderes europeos han descartado repetidamente la reapertura del acuerdo.

Una opción sería mantener a Gran Bretaña aún más alineada con la UE después de la separación oficial mientras las dos partes negocian su futura relación. Por ejemplo, Gran Bretaña y la UE podrían acordar seguir prorrogando la etapa posbrexit hasta que se firme un acuerdo comercial. El mecanismo de salvaguarda ya no sería necesario. Mientras tanto, Gran Bretaña seguiría siendo un miembro de la UE en todo menos en el nombre.

Esa idea horrorizaría a los euroescépticos que se encuentran entre los partidarios más entusiastas de Johnson. Y necesita su ayuda para conseguir los 320 votos necesarios para lograr que cualquier acuerdo sea revisado por el Parlamento. La escasa mayoría del Gobierno depende del apoyo de 10 representantes del Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte. En marzo, esos miembros, así como 34 conservadores, votaron en contra del acuerdo de Theresa May. Ninguno de los dos grupos está mostrando signos de suavizar su postura. La contienda por el liderazgo conservador ha endurecido las actitudes del partido frente a cualquier acuerdo.

2. Sin acuerdo. Johnson es en gran medida responsable de ese cambio. Ha prometido precipitadamente forzar un Brexit sin acuerdo si es necesario, independientemente del daño económico que ello suponga. También en este caso, la aritmética parlamentaria sigue estando en su contra. Los legisladores conservadores moderados, una minoría cada vez más numerosa, han prometido frustrar este resultado. La semana pasada, 17 personas rompieron filas para apoyar una medida que hace más difícil para Johnson tomar el dramático paso de suspender al Parlamento para que un Brexit sin acuerdo se aprobara por defecto.

Los conservadores, entre ellos Philip Hammond, el canciller saliente del Tesoro Público, han insinuado incluso que apoyarían una moción de confianza contra el Gobierno si hiciesa falta para evitar la salida a las bravas. Su resistencia se basa en el costoso impacto para la economía del Reino Unido que los asesores del Gobierno calculan que tendría abandonar el mercado único y la unión aduanera de la UE sin disposiciones transitorias en vigor. La mayoría parlamentaria de Johnson, incluso con el apoyo de los unionistas del PUD, es tan pequeña que solo haría falta que un puñado de parlamentarios llevara a cabo esa amenaza para derribar el Gobierno.

3. Un reparto. Si el Parlamento está estancado, la única vía de escape que le queda a Johnson es buscar un nuevo mandato electoral. La semana pasada dijo que convocar elecciones antes de que Gran Bretaña se vaya de la UE sería “el colmo de la locura”. Las encuestas sugieren que tiene razón: solo una cuarta parte del electorado votaría ahora mismo a los conservadores. El Partido Laborista de la oposición, dirigido por Jeremy Corbyn, tiene aproximadamente el mismo nivel de apoyo, mientras que el recién formado Partido del Brexit y los liberales demócratas proeuropeos podrían obtener cada uno alrededor de una quinta parte de los votos.

Johnson podría unir fuerzas con el Partido del Brexit, pero solo a expensas de alinear a más partidarios moderados de su partido y comprometerse a un Brexit sin acuerdo si gana. Por lo tanto, unas elecciones representarían una apuesta desesperada. En 2017, May intentó la misma táctica para reforzar su credibilidad entre los votantes británicos después de que convertirse también en primera ministra tras una contienda interna del partido. Aquello le costó a los conservadores su mayoría absoluta parlamentaria.

Si Johnson no puede hacerse con una de estas tres opciones, su mandato podría terminar a los pocos meses de mudarse a Downing Street. Pero incluso si el experiodista logra pasar a través de alguna de las estrechas vías que tiene delante, sus dolores de cabeza por el Brexit no harán más que empezar. Dejar la UE con un acuerdo evitaría las peores consecuencias económicas, pero no resolvería la futura relación de Gran Bretaña con el bloque europeo. El país podría enfrentarse a otro abismo en poco más de dos años. Mientras tanto, si no se llega a un acuerdo, los británicos se verán confrontados de inmediato con las realidades de la vida fuera de la UE.

La decisión de Johnson de unirse a la campaña del Brexit a principios de 2016 le ha ayudado a alcanzar su máxima ambición. Pero todavía puede acelerar su caída.

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