Una factura sobre la siderurgia europea que la UE no puede ignorar

La guerra comercial ha disparado las importaciones de acero y aluminio extracomunitarios en Europa

El anuncio realizado por Arcelor Mittal de que recortará nuevamente su producción primaria en Europa desencadenó ayer un severo castigo bursátil sobre la compañía en una jornada bajista que golpeó a otros sectores, como la banca, pero que se cebó especialmente en los valores ligados a la siderurgia. Es la segunda vez en este mes que ArcelorMittal anuncia recortes debido a la debilidad del mercado europeo y al efecto de las altas importaciones de acero extracomunitario en la UE. La decisión afectará a sus instalaciones de Dunquerque, en Francia y Eisenhüsttenstad y Bremen, en Alemania, así como a la de Asturias, donde prorrogará las paradas de altos hornos en proceso de reparación.

No es la primera vez que Arcelor en particular y la industria siderúrgica en general advierten de la factura que pueden pasar al sector las tormentas comerciales que azotan la economía global. Como se esperaba cuando el conflicto estalló, la guerra de aranceles entre Washington y Pekín y el efecto que ha provocado sobre las exportaciones de acero dirigidas a EE UU han situado a Europa como destino clave para una producción siderúrgica externa que busca un nuevo puerto comercial. Los últimos datos apuntan a que las importaciones de acero y aluminio en Europa están en máximos históricos y que las medidas arancelarias adoptadas en 2018 por Bruselas y confirmadas el pasado febrero, que incluyen aranceles del 25% a las importaciones de 26 variedades de acero, no están teniendo de momento el efecto deseado. A esa situación se une la diferencia regulatoria en materia de tasas de CO2 que existe entre el acero producido en Europa, gravado en el marco del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE, y el procedente del exterior, que no lo está. Un handicap competitivo que ha sido criticado reiteradamente por las grandes siderúrgicas.

El peso de la industria del acero en la economía comunitaria resulta indiscutible. Entre los 20 mayores productores de acero del mundo figuran Alemania, Italia, Francia, Polonia, Austria y España. El debilitamiento de este mercado es tradicionalmente una señal adelantada de un enfriamiento de la temperatura de la economía y su efecto sobre el conjunto de la actividad no se debe minusvalorar. Es cierto que la grave crisis comercial que vive el comercio mundial no ha sido desencadenada por Europa, pero sus dañinos efectos no distinguen matices. Dado que no hay señales de que Washington y Pekín vayan a aflojar la cuerda, la UE debe adoptar medidas suficientes o, al menos, reforzar las ya adoptadas para respaldar en lo posible a la industria y la economía europeas.

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