Euroelecciones: valentía ante el populismo, las guerras comerciales y Brexit

Los moderados deben actuar con firmeza contra los que incumplen los valores europeos básicos

Euroelecciones: valentía ante el populismo, las guerras comerciales y Brexit

El 9 de noviembre se cumple el trigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y del inicio del veloz proceso de 329 días que culminó en la reunificación de Alemania bajo la democracia y el libre mercado. Una década antes de la caída del muro de Berlín se celebraron las primeras elecciones directas al Parlamento Europeo cuando la Comunidad Económica Europea contaba con nueve miembros. Antes de 1979, los miembros del Parlamento Europeo eran elegidos por los parlamentos de los estados miembros. Cuarenta años más tarde, los ciudadanos de los 28 estados miembros –incluyendo el Reino Unido– determinarán el aparentemente inevitable grado de ralentización de la integración europea. Desde 1979 las familias políticas moderadas han gozado de una mayoría absoluta holgada en el Parlamento Europeo.

En la legislatura de 2014 a 2019, los 216 diputados del Partido Popular Europeo (centro-derecha), los 185 de los socialdemócratas y socialistas (PSE) y los 69 de los liberales (ALDE) suman 470 sobre un total de 751. Desgraciadamente, los partidos populistas, euroescépticos y completamente hostiles a la UE pueden superar los 200 escaños en la próxima legislatura. Los partidos populistas de derechas que gobiernan Polonia (PiS) y Hungría (Fidesz), la Liga y el Movimiento 5 Estrellas en Italia, el Afd alemán, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, los Conservadores y el UKIP del Reino Unido amenazan la supremacía de las familias políticas moderadas.

En este año se han disputado elecciones generales únicamente en España y se deben celebrar en Polonia y Grecia, circunstancia muy favorable que debería permitir que los partidos políticos de cada Estado miembro presentaran programas y propuestas en clave europea y no nacional. En la medida en la que no lo hagan, cederán terreno antes unos partidos euroescépticos y contrarios a la integración european que coordinan con pasión sus campañas.

Las familias políticas moderadas se enfrentan a dilemas difíciles de resolver. El PPE en marzo votó excluir temporalmente a Fidesz de las reuniones y elecciones del grupo. A pesar de que el Parlamento Europeo ha iniciado un proceso de suspensión del voto de Hungría por minar la independencia de su judicatura, los integrantes del PPE no se atrevieron a expulsar a Fidesz del grupo. En cualquier caso, la suspensión del voto de Hungría y de Polonia, cuyo Gobierno está acusado de restringir la libertad de la prensa, es inviable porque exige unanimidad. En Italia, la Liga amenaza con lenguaje agresivo con romper las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento respecto a su déficit público del 2,9%.

La Unión Europea es el mayor mercado común del mundo con 500 millones de habitantes. Su PIB de 17 billones de dólares es ligeramente inferior al de 18 billones de EE UU. Es el mayor socio comercial de 59 países, superando a EEUU (34) y China (23). El 63% de los intercambios comerciales de los 28 es con otros Estados miembros, circunstancia que atenua el perjuicio causado por la guerra comercial EE UU-China relanzada por Donald Trump con el incremento del 10% al 25% de los aranceles por valor de 200.000 millones de dólares impuestos a exportaciones chinas en 2018. La economía alemana muestra más vitalidad e Italia ha superado su breve recesión.

El proceso de integración europea ha avanzado desde los años cincuenta gracias a la valentía de líderes que decidieron acometer un verdadero mercado común (Acta Unica Europea de 1987) y la Unión Económica y Monetaria (UEM), integrada por 19 de los 28 estados miembros y 341 millones de habitantes. Un repaso a la evolución de la integración europea constata que otorgar excepciones y cláusulas de exclusión ha provocado crisis políticas y económicas graves. A pesar de conceder al Reino Unido el cheque británico en 1984, la exclusión legal de la UEM yde la zona Schengen, el 52% de los británicos votaron en junio de 2016 por un Brexit cuya incertidumbre pesa sobre los mercados bursátiles y perjudica las operaciones de empresas con cadenas de producción e inversiones en la quinta economía mundial. Mientras que Alemania (60%), Francia (60,5%) y España (60,4%) cumplieron con el límite de deuda pública sobre PIB (60%), Bélgica (137%) e Italia (107%) lo rebasaron ampliamente. La adhesión de Grecia a la eurozona en 2001 con una deuda pública del 160% sobre el PIB fue un despropósito que contribuyó a la crisis de la deuda soberana de la eurozona. Afortunadamente, las instituciones europeas han exigido desde 2001 el cumplimiento de los cinco criterios de Maastricht a rajatabla antes de aprobar la adhesión de Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Chipre y Malta.

Los partidos políticos moderados del Parlamento Europeo (PPE, PSE, ALDE, Verdes) deben actuar con contundencia contra las fuerzas que incumplen los valores básicos de la UE. Polonia y Hungría deben recibir un castigo ejemplar en la negociación de las perspectivas financieras del periodo 2021-2027, que establecen las grandes partidas del presupuesto de la UE en materia agrícola y de protección rural, fondos regionales y de cohesión, inversiones en redes de infrastructuras energéticas y y de transportes transeuropeas, I+D+i y educación. La UE necesita imperiosamente la aparición de líderes valientes que planten cara al populismo de derechas e izquierdas y el Brexit.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de OBS & EAE Business School

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