Las fintech animan a las alianzas con la banca ante la competencia europea que se avecina

A partir del próximo mes de septiembre, las empresas tecnológicas financieras deberán contar la licencia que expida el Banco de España para poder operar

Las fintech animan a las alianzas con la banca ante la competencia europea que se avecina

Desde que el pasado mes de noviembre se transpusiera la directiva de pagos europea PSD2 en España, se abrió un nuevo escenario en el sector fintech para operar sin restricciones. Sin embargo, estas empresas financieras aún se encuentran a la espera de que llegue el próximo mes de septiembre, como límite, para que el regulador (el Banco de España) expida las licencias que permitan trabajar junto a la banca. Y es que, a partir del día 14 de ese mes, será obligatorio poseerla para evitar sanciones del BCE.

Hasta ahora, fuentes del sector señalaban que encontraban dificultades para que la banca tradicional se abriera a incorporar servicios tecnológicos de otras compañías. No obstante, indican que a partir de septiembre en un entorno de Open Banking los grandes bancos tendrán que competir con entidades europeas y la diferencia para atraer al cliente estará en el valor añadido que ofrecen las fintech, como la velocidad de las operaciones y la usabilidad de las plataformas.

“La banca todavía tiene reticencias, pero se abrirá a la creación de productos tecnológicos a partir de septiembre, porque la disrupción del modelo va estar en que cualquier banco europeo podrá venir a España a ofrecer servicios al igual que un banco español podrá ir a Europa. El beneficiado va a ser el consumidor porque tendrá una oferta de toda la banca europea. La hipoteca la podrá pedir en un banco alemán porque las condiciones son mejores, el renting del coche en un banco local y sus ahorros mantenerlos en Reino Unido o Polonia”, valora Julián Díaz-Santos, cofundador y co-consejero delegado de la fntech Unnax.

En ese sentido, Díaz-Santos destaca la velocidad que ofrecen las fintech en procesos de financiación a través de microcréditos, un segmento en plena evolución, en el que el principal valor es analizar al cliente, aceptar o rechazar la petición de forma automática y enviar el dinero inmediatamente.

De hecho, los micropréstamos han pasado de ser un producto de nicho a un instrumento común para solventar problemas de liquidez puntuales. Según datos de la Asociación Española de Micropréstamos (Aemip) en 2018 se concedieron microcréditos por valor de 2 millones de euros. Igualmente, se calcula que el 17% de la población española solicitó un micropréstamo en el último año aunque el 75% de las peticiones fueron denegadas. Tradicionalmente ese producto de nicho había estado olvidado por la gran banca pero gracias a la irrupción de fintech que aceleran el proceso las entidades pueden abrirse al mercado.

“La principal propuesta de valor que ofrecemos es la inmediatez. Se necesita tener la capacidad de que un cliente que solicite financiación a cualquier hora del día, cualquier día de la semana y enviarlo en tiempo real, debe ser un proceso que no dure más de 15 minutos. En la banca muchas veces por las propias políticas se dilatan más los procesos. En los micropréstamos se ve muy claro porque están en boga, pero esa inmediatez se puede conseguir en cualquier tipo de servicio”, concluye Díaz Santos.

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