Por qué la banca abierta sigue poniendo el cartel de ‘cerrado’

Quizás haga falta una regulación británica y europea más efectiva

Señal de una sucursal de Lloyds, en la City de Londres.
Señal de una sucursal de Lloyds, en la City de Londres.

Los aspirantes a bárbaros bancarios de Europa siguen acampados a las puertas de la fortaleza. Hace más de un año que Gran Bretaña y la Unión Europea introdujeron las llamadas normas de banca abierta, que los empresarios y reguladores esperaban que aflojaran el estrecho control de los prestamistas tradicionales sobre sus clientes. En realidad, la gente apenas se ha dado cuenta. Para un cambio duradero probablemente haga falta que los grandes bancos dejen de arrastrar los pies... o se les someta a una regulación más efectiva.

Desde enero de 2018, los nueve mayores prestamistas del Reino Unido se han visto obligados a dar a sus rivales acceso a las cuentas bancarias, siempre y cuando el entrometido esté regulado y tenga el permiso del cliente. Los reguladores creían que esto animaría a la gente a adoptar nuevas aplicaciones fintech que les permitieran ver todos sus balances en un solo lugar. Los clientes podrían entonces mover el dinero para obtener las mejores ofertas en giros y tarjetas de crédito. La Unión Europea introdujo al mismo tiempo un conjunto de normas similares, aunque los estándares técnicos exigidos no entrarán en vigor hasta septiembre.

No ha sido la carnicería que algunos esperaban. La entidad británica Open Banking Implementation Entity (OBIE), financiada por los grandes bancos, afirma que había 67 entidades no bancarias utilizando el servicio al cabo de un año. Sin embargo, solo 17 de ellas tratan con clientes. No existe una cifra oficial del número de personas que mueven datos de cuentas y realizan pagos utilizando los estándares técnicos aprobados conocidos como interfaces de programación de aplicaciones, API.

Pero una encuesta de YouGov en agosto observó que casi tres cuartas partes de los consumidores nunca habían oído hablar de la banca abierta. Incluso después de que la organización de la encuesta diera a los encuestados una “clara descripción”, solo el 18% dijo entender de qué formas podía utilizarla.

Los fallos técnicos y prácticos son en parte responsables. Los reguladores del Reino Unido elaboraron especificaciones exactas para las API que utilizan los bancos para procesar las solicitudes de información de cuentas de terceros. Sin embargo, los feeds de datos de un banco del Reino Unido fueron inicialmente incapaces de distinguir entre el saldo disponible de un usuario y su saldo final diario, según un gestor de otro banco que intentó acceder a la información. El software de las entidades, en promedio, tardó casi tres segundos en responder a las solicitudes de acceso en julio, aunque desde entonces se ha reducido a solo tres cuartos de segundo, según OBIE.

Grupos fintech como Tink, un grupo que vende tecnología para la banca abierta, dicen que algunos prestamistas han puesto difícil que los clientes usen los nuevos servicios. Por ejemplo, algunos bancos redirigen a los usuarios de aplicaciones de terceros a un navegador web antes de conceder acceso a la cuenta, en lugar de integrar el proceso de permisos en sus propias aplicaciones.

Daniel Kjellen, de Tink, dice a Breakingviews que eso puede hacer que muchos usuarios se rindan. Su empresa también calcula que solo dos quintas partes de los bancos europeos cumplieron el plazo de marzo del conjunto de la UE para permitir que las aplicaciones de terceros probaran sus API. Con ello se pretendía garantizar que todas las partes estuvieran preparadas para la introducción de las normas de la UE en septiembre.

Un problema mayor, sin embargo, es el conjunto relativamente limitado de productos cubiertos hasta ahora por la banca abierta. Las normas europeas solo se aplican a las cuentas “utilizadas para la ejecución de operaciones de pago”. Esto incluye cuentas corrientes y tarjetas de crédito, pero no la mayoría de las cuentas de ahorro, hipotecas, fondos mutuos, pensiones o pólizas de seguros. Es una burla a las afirmaciones de algunas startups fintech de que sus aplicaciones permiten a los usuarios “controlar todas sus finanzas desde un solo lugar”.

Los bancos y otras instituciones financieras tradicionales podrían resolver este problema permitiendo voluntariamente a terceros acceder a cuentas de ahorro, hipotecas y pensiones. Pero tienen pocos incentivos para dar un costoso paso que facilitaría a sus clientes comparar precios.

En el Reino Unido, por ejemplo, la diferencia entre los tipos de interés de las hipotecas fijas y las variables está cerca de alcanzar su nivel más alto en 10 años, según Moneyfacts. Una aplicación de finanzas personales que facilitara a los prestatarios refinanciar los préstamos para vivienda se comería los márgenes de los bancos.

Una solución alternativa sería que las aplicaciones compensaran a los bancos por proporcionar datos de ahorros e hipotecas. La idea, que el jefe de integración de mercados del Banco Central Europeo, Helmut Wacket, expuso en una conferencia celebrada recientemente en Madrid, impediría que los reguladores elaboraran un nuevo conjunto de normas.

Pero sería difícil: sin normas explícitas que los guíen, los prestamistas y las fintech tendrían que ponerse de acuerdo sobre las condiciones financieras y la responsabilidad en caso de fuga de datos. Los bancos reticentes tendrían que asegurarse de que los pagos les compensaran al menos por la pérdida de clientes. Sin embargo, si los prestamistas no invitan a los bárbaros bancarios a la ciudadela, los reguladores no tendrán más remedio que forzar la apertura de las puertas ellos mismos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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