Es hora de pensar en la pensión complementaria

Además de su función en el despido, la ‘mochila austriaca’ tiene ventajas para la jubilación

Estamos escuchando distintas declaraciones del Gobierno en las que reconoce que no hay problema en “el corto plazo” con las pensiones públicas, y si leemos entre líneas, se nos está enviando un mensaje claro de que hay que empezar a solucionar los problemas que se pueden presentar en “el largo plazo”.

Además, no podemos olvidar el desencuentro en la Comisión del Pacto de Toledo que se llevó por delante la posibilidad de llegar a alguna conclusión, cuando todos habíamos depositado las esperanzas para tratar de buscar soluciones que contaran con el aval del pacto de Estado, garantizado por las fuerzas políticas, lo que supone la sostenibilidad en el tiempo de los acuerdos adoptados.

Así pues, en este escenario en el que nos encontramos me gustaría recordar alguno de los problemas que se avecinan y de las posibles soluciones que paliarían la gravedad del impacto que pueden provocar. No hace falta insistir en lo que supone la evolución demográfica en nuestro país, pero sí que hay que recordar alguna cuestión, para valorar adecuadamente las soluciones que se vienen manejando.

uEl baby boom de los años setenta provocará un importante aumento en el número de pensionistas en la década de 2035-2045.

uLa baja tasa de natalidad termina por agravar el problema de la pirámide poblacional, ya que la misma se ensancha en su parte alta, por el aumento de la esperanza de vida, y se estrecha en la base por la baja natalidad.

uSe retrasa la incorporación al mercado de trabajo de los jóvenes, que en muchos casos no empiezan a cotizar a la Seguridad Social hasta los 35 años. Estas tres cuestiones nos permiten identificar los problemas que vamos a encontrar.

En primer lugar, se agravaría el desequilibrio del sistema de reparto, ya que el principal argumento del sistema para su correcto funcionamiento es que haya un perfecto equilibrio entre las cotizaciones y los perceptores de prestaciones; de manera especial pensionistas. En segundo lugar, el retraso en la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo va a provocar un acortamiento de su carrera de cotización a la Seguridad Social, que inmediatamente les reducirá los derechos en sus futuras pensiones de jubilación.

Así pues, debemos empezar a valorar alguna de las soluciones que se vienen manejando desde hace tiempo, que no resultan en algún caso muy populares, pero no por ello vamos a dejar de comentarlas.

Si ligamos el aumento de la esperanza de vida con la baja tasa de la natalidad, no debería de resultar tan cuestionada la idea de aumentar la edad de jubilación, ya que un pensionista consumiría en casi 10 años las cotizaciones aportadas, y ante una esperanza de vida de 80 años, y una jubilación a los 65 años, a partir de los 75 años se le estaría regalando la pensión, ya que habría consumido sus aportaciones durante los 10 años anteriores. Por lo tanto, parece inevitable que se aumente la edad de jubilación, por mucho que la medida resulte impopular.

Pero esta medida no va a ser suficiente, ya que además hemos de pensar en las otras cuestiones señaladas, el número de cotizaciones no va a crecer en la misma medida que el número de pensionistas y además las carreras de cotización de los jóvenes van a ser más cortas. Ello provocará otra consecuencia del mismo desagrado popular, que es el de recortar las prestaciones. Las herramientas que pueden permitir el recorte son varias; a título de ejemplo, utilizar toda la vida laboral para el cálculo de la base reguladora, exigir más años de cotización para el 100% de la pensión…. y que en cualquier caso se trataría de recibir pensiones más bajas que en la actualidad.

Y aquí es donde tenemos que empezar a encajar una de las recomendaciones que se nos viene haciendo desde hace tiempo; la posibilidad de complementar la pensión pública con el ahorro privado para poder tener el día de mañana una garantía en el mantenimiento de poder adquisitivo.

La dificultad que puede surgir es que no todo el mundo tiene capacidad de ahorro para generar un sistema complementario de la pensión pública. Por lo tanto, habría que pensar en una fórmula que evite diferencias y agravios entre trabajadores y que de alguna manera se proteja a todos por igual, garantizando que la percepción futura de una pensión pública complementada con un fondo asegure el Estado del bienestar.

Por ello quiero aprovechar para valorar de una manera distinta a la que se hace habitualmente, la ventaja que puede aportar a nuestro sistema de reparto la incorporación de la mochila austriaca. Dejando a un lado su utilización como herramienta indemnizatoria para el despido, me quiero centrar en señalar solo las ventajas que puede aportar como sistema complementario de la pensión.

Para no generar agravios, partiríamos de que sea obligatoria la aportación al fondo de la mochila para todos los trabajadores, de manera que todos tengan acumulada en ella las aportaciones que correspondan a su vida laboral.

No olvidemos que, en el escenario actual, no existe este complemento y solo el trabajador que haya tenido capacidad de generar ahorro puede complementar la pensión para garantizar su poder adquisitivo. De manera que con lo acumulado en el fondo de la mochila austriaca todos los trabajadores verían complementada la pensión, e incluso el que tenga una mayor capacidad de ahorro lo podría incrementar.

Como conclusión, me parece importante y urgente que se tomen medidas y se permita la puesta en marcha de la mochila austriaca, pues sería una importante ayuda para resolver una parte del problema que se nos viene encima. Cuanto antes empecemos con la generación del fondo, más capacidad de respuesta tendremos para hacer frente a las dificultades que nos esperan en los próximos años.

Roberto Pereira es presidente de Economistas Asesores Laborales del Consejo General de Economistas, EAL-CGE

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