El gas, a la espera de que Europa se pronuncie sobre el gasoducto Midcat

Los reguladores español y francés tumbaron en enero el proyecto

gasoducto transadriático
Tubería del gasoducto transadriático, en Sikorachi, Grecia, un corredor que también pasará por Albania e Italia para llevar gas natural a Europa del mar Caspio.

Varapalo en el sector gasista. El proyecto estrella de interconexiones que abanderaba España para abastecer de gas a Europa, el Midcat, un corredor con Francia por Cataluña, quedó el pasado 21 de enero en suspenso. Los reguladores español y francés concluyeron que la propuesta de Enagás y Teréga “es onerosa para los consumidores y carece de madurez suficiente”.

Lo que se suma al veto de los ecologistas. Pese a la negativa, las empresas esperan el pronunciamiento de Bruselas, al figurar esta iniciativa en la lista de proyectos de interés comunitario, como parte la política energética de diversificación y seguridad de suministro de la UE.

El aumento de las interconexiones y la menor dependencia del gas ruso, sigue siendo una tarea pendiente

El desarrollo del mercado interior, que eleve las interconexiones y disminuya la dependencia del gas ruso, sigue siendo una tarea pendiente. Con el Midcat, España se postulaba (y aún insiste) como la puerta de entrada de este derivado del petróleo al Viejo Continente por su posición geográfica, estabilidad y diversidad de proveedores (once, con Argelia a la cabeza, además de siete plantas de regasificación). Pero ya en 2015 el gasoducto suscitaba dudas porque no era una necesidad para los franceses.

“Se trata de un proyecto europeo, por lo tanto, debe ser Europa quien considere su construcción”, arguyen desde la patronal Sedigas. “En este momento, la parte española del proyecto Step [como se denomina a la primera fase] está casi finalizada. Falta el tramo Hostalrich-frontera, 104 km de gasoducto y 109 millones de inversión, y la estación de compresión de Martorell [que uniría a esta comarca catalana con el borde galo], por 42 millones”, detallan.

El grado de avance del corredor en obras transadriático, en el que participa Enagás, es del 84%

El valor total previsto es de 400 millones, de los que 150 corresponden a España. Aunque desde Sedigas “respetan las medidas de los reguladores”, opinan que el coste económico no debe ser lo único a valorar.

Y mientras Enagás aguarda también la resolución de Europa, según fuentes de la compañía, la firma española trabaja en otro importante corredor, el transadriático (TAP), declarado igualmente de interés común por la UE y donde posee una participación del 16%.

El gasoducto, con un grado de avance del 84%, suministrará gas a Europa del mar Caspio. Son 878 km de gasoducto, que empieza en la frontera de Turquía con Grecia, pasará por Atenas, Albania y hasta Italia. “España es un mercado muy maduro; a nivel de infraestructuras está todo hecho”, comentan. De ahí su “internacionalización prudente” a Latinoamérica (México, Perú, Chile) y Marruecos.

Transición energética

No es el único frente abierto. Si bien el Gobierno aprobó el pasado viernes en el Consejo de Ministros el esperado Plan Nacional Integrado de Energía y Clima –la ruta y los plazos a seguir para una economía neutra en carbono–, el documento, así como el borrador del anteproyecto de ley de transición energética quedan a la espera de la llegada del nuevo Ejecutivo, tras el adelanto electoral.

Entretanto, el sector reivindica su papel en este proceso. “Por sus mejores características medioambientales en la sustitución de los carburantes fósiles, el gas natural es el socio perfecto de las renovables.

A largo plazo, sería un error no considerar la contribución de los combustibles gaseosos y sus infraestructuras en la descarbonización”, defienden en Naturgy.

Aunque desde hace años las empresas están revisando sus inversiones energéticas por mandato de la UE, en Naturgy reclaman “que se clarifique tanto el rol que va a tener el gas en los próximos años como el reconocimiento claro sobre la necesidad y voluntad de impulsar un gas descarbonizado”. Incluso, ligan las nuevas inversiones al futuro peso del gas, convencional y renovable, en el mix.

Nuevos usos

Ante los temores de que la presencia del gas se evapore poco a poco en una Europa más verde, y en línea con las exigencias de reducción de emisiones de la UE, las compañías gasistas comienzan a desarrollar otros negocios más limpios: el gas renovable –biogás y biometano, de residuos orgánicos y madereros– y el hidrógeno para los hogares (calefacción) y el transporte.

Las empresas exploran el biogás y el hidrógeno en la descarbonización

Una apuesta en la que están ya inmersas Enagás, Naturgy y Redexis. “Las infraestructuras existentes están preparadas técnicamente para el transporte y almacenamiento de estos gases, por lo que no se requieren inversiones relevantes”, aseguran en Enagás. En esa misma línea, desde Naturgy y Redexis piden que se potencien más estas estructuras de producción y distribución.

Con todo, el gas seguirá jugando un papel vital en los próximos años, advierte el sector. “Es imprescindible en la industria, que representa más del 60% del gas natural que se consume en España. Por su poder calorífico, actualmente no tiene ningún sustituto”, recuerdan en Enagás.

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