Rafael de La-Hoz: “Cambiaría todos los proyectos que me quedan por hacer el Bernabéu”

Desde el año 2000 dirige el estudio de arquitectura fundado por su abuelo

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Dirige el estudio de arquitectura que fundó en 1920 su abuelo, uno de los precursores de la modernización de la arquitectura española. Rafael de La-Hoz (Córdoba, 1955) tomó en el año 2000 las riendas de la firma, con la que inició una nueva etapa proyectando las sedes corporativas de multinacionales como Endesa, Telefónica o Repsol, abriéndose al mercado internacional. Es, además, el arquitecto elegido por el grupo hotelero asiático Mandarin Oriental para reformar el hotel Ritz de Madrid.

Pertenece a la tercera generación de arquitectos de su familia, ¿su destino profesional venía marcado desde la cuna?

En el matrimonio de la arquitectura fue ella la que me eligió a mí. Es diosa muy caprichosa porque se requiere de muchísimo talento, que ni se compra ni se vende, se trabaja. Tengo un hijo, también arquitecto, que con gran inteligencia va a seguir otro camino diferente a la arquitectura.

¿Qué ocurre cuando en un estudio familiar no existe continuidad?

La mayoría fallece con su titular. Es una tradición más latina que anglosajona, y ahora, tal vez, esto cambie, puede tener continuidad.

Su gremio fue uno de los más castigados con la crisis económica, ¿cómo les afectó?

Nos afectó y no hemos vuelto a ser los mismos. Fue una lección dura, de la crisis de 2007 no fuimos conscientes. Fue durísima y no nos hemos recuperado. El optimismo y el candor se pierden. Lo que hicimos fue intentar buscar trabajo fuera de España y reducir personal. Pasamos a ser un tercio, unas 60 personas.

¿Qué aprendió de esta experiencia?

Los que nos formamos en escuelas técnicas tenemos presente y estudiado el anticiparse, pero no lo hicimos. Ahora no desprecio la intuición. Hay que intuir las crisis, y no supimos comprender que en España no se pueden hacer 600.000 viviendas al año. Ahora se hacen cerca de 200.000. No es consuelo que les pasara a todos, pero los grandes arquitectos son aquellos que son capaces de ver lo que los demás no vemos. Norman Foster vendió su estudio en 2007, algo tuvo que ver. No es habitual en el cenit de una carrera vender la mitad del estudio. Fue una lección más que nos dio.

¿No es habitual vender un estudio?

En el mundo anglosajón es más habitual, reproduce la economía de mercado con absorciones y fusiones, pero yo no me planteo vender el estudio, en el supuesto de que alguien lo quisiera.

Usted firma algunas de las sedes corporativas que se han hecho en los últimos años, ¿qué desean transmitir las empresas a través de sus cuarteles generales?

En el caso español lo que buscaron fue reunirse. El crecimiento de las empresas españolas fue vertiginoso y disperso, por ello a principios del siglo se reunieron para ser más eficaces. Que estén cerca es importante. Facebook no ha logrado acabar con la necesidad de vernos para tener ideas juntos.

Acaba de ponerse a la venta por 14,6 millones el ático más caro de España.

Comprendo la sorpresa, pero a mí me interesa más lo que ha sucedido en Chueca, Malasaña o Lavapiés. Se han revitalizado nuevas zonas de la ciudad y lo han hecho los ciudadanos, pero no con una intervención planificada. En algunos casos ha bastado con poner pavimento de calle a la misma altura de la acera para que se pueda caminar. Es mucho más importante eso que un ático para millonarios. La arquitectura no hace la ciudad, sino que la hacen los ciudadanos, y son necesarias las imperfecciones para que haya vida. Hay que propiciar todo esto, no regularlo para coartar la libertad de los arquitectos. Hay ciudades con una regulación admirable, como es el caso de Washington, o el barrio de la judería de Córdoba, donde no ha habido ordenanza nunca.

Dirige las obras del hotel Ritz de Madrid, trabajo que despierta expectación.

Nadie tan entrenado para la crítica como un autor de teatro y un arquitecto. Queremos recuperar la relación del hotel con el Museo del Prado. El hotel está allí por el museo, pero poco a poco se fue perdiendo esa relación, y es deber del arquitecto hacer cosas más visibles, por lo que vamos a recuperar la puerta del Ritz que accedía al Prado. También haremos la cubierta que el Ritz nunca tuvo y recuperaremos la luz interior que sí tuvo. Esperamos que no solo traiga turismo, sino residentes. Si la ciudad solo trae ciudadanos por horas, se desequilibra.

¿Qué obra le queda por hacer?

Hay nuevos espacios, como los centros comerciales o los aeropuertos, que son interesantes porque son jóvenes. Es muy atractivo hacer un museo, pero nos la jugamos más en los otros espacios. Es complejo intervenir en un edificio con eficacia, ya que para hacerlo hay que intervenir en muchas industrias. Para hacer un aeropuerto hay que tocar la industria de la aviación, la fabricación de maletas, la seguridad… Hicimos el concurso del Bernabéu, y cambiaría todos los edificios que me quedan por hacer por este proyecto.

¿Por qué ese empeño?

El Bernabéu está en el centro de la ciudad, es un desafío extraordinario, por cómo se debe relacionar con el entorno. Presentamos el proyecto con Norman Foster, pero no supimos explicarlo bien. Todos los estadios se parecen por la forma rectangular, por eso es necesario innovar en las fachadas, convertirlas en espectáculo, abrir el edificio para que sea social y llevar al interior el exterior.

¿Qué sucede cuando le rechazan un proyecto de esta envergadura?

Se mete uno en la cama durante una sema­na. Te entra una depresión profunda porque persigues algo y sientes que lo tocas, y estás convencido de que va a ayudar, y no lo consigues. Para que luego hablen del ego y la arrogancia de los arquitectos.

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