La política energética de Maduro será lo que provoque su final

Sin los ingresos del petróleo, no podrá dirigir fondos a sus principales apoyos, las fuerzas militares y de seguridad

Manifestantes anti-Maduro, el miércoles en Caracas.
Manifestantes anti-Maduro, el miércoles en Caracas. Diego Herculano/dpa

Bl incapaz líder socialista venezolano Nicolás Maduro está atrapado en un movimiento de pinza que en gran medida es obra suya. Los manifestantes en las calles exigen su expulsión y el líder de la oposición, Juan Guaidó, se ha declarado presidente interino. La herida autoinfligida de hundir la producción de petróleo, sin embargo, es lo que provocará su final.

 

Maduro comenzó un nuevo mandato de seis años a principios de este mes, tras unas elecciones celebradas el año pasado que fueron boicoteadas por la oposición y condenadas como profundamente irregulares por Estados Unidos, la Unión Europea y muchos vecinos latinoamericanos.

Desde que Maduro tomó el relevo de su difunto mentor Hugo Chávez en 2013, el Producto Interior Bruto de Venezuela se ha reducido a la mitad, la desnutrición se ha disparado y millones de venezolanos han huido del país.

La inflación podría llegar a 10 millones por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional. La mayor parte de la culpa de la debacle económica reside en el incompetente estatalismo del Gobierno de Maduro.

Una parte clave de está película de terror ha sido la compañía petrolera estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela). Después de años de ser tratados como una herramienta de política social, privada de inversiones básicas en mantenimiento y manejada por lealistas ideológicos en lugar de profesionales del petróleo, la fuente de prácticamente todas las ganancias en divisas de Venezuela está en serios problemas.

Una encuesta de Reuters sobre la producción de crudo de los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo situó la producción de Venezuela en 1,2 millones de barriles diarios en diciembre, 600.000 barriles por debajo de los 1,8 millones del año anterior.

A medida que disminuyan las entradas de dólares, a Maduro le resultará más difícil dirigir fondos a sus principales apoyos, especialmente las fuerzas militares y de seguridad, que el lunes echaron abajo un pequeño ataque contra un puesto militar de Caracas por parte de miembros de la anti-Maduro Guardia Nacional. Sin su apoyo, podría desaparecer muy rápidamente. Guaidó ha pedido elecciones libres si eso ocurre.

Puede que se produzca un punto muerto. Pero las presiones financieras no harán más que empeorar. Los bonos venezolanos se dispararon un 7% el miércoles cuando Estados Unidos y otros gobiernos de la región (Canadá, Colombia, Perú, Brasil, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, Argentina y Chile) apoyaron a Guaidó.

Una vez que Maduro se vaya, su sucesor tendrá que contar con la reconstrucción de la economía. Eso podría costar hasta 20.000 millones de dólares (17.700 millones de euros) al año, estimó el economista venezolano Francisco Rodríguez el año pasado. Por más duro que suene, será más fácil si las desastrosas políticas energéticas de Maduro salieran con él por la puerta.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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