‘Brexit is coming’: cómo deben prepararse las empresas

Conviene que tomen medidas en cuestiones de aduanas, de empleados y fiscales

Carteles sobre el Brexit cerca del Parlamento británico, el jueves.
Carteles sobre el Brexit cerca del Parlamento británico, el jueves. AP

El rechazo rotundo del Parlamento Británico al acuerdo alcanzado por Theresa May y la UE sobre el Brexit hace que el futuro de las relaciones entre ambos bloques resulte hoy más incierto que nunca.

No se descarta una posible prórroga de la fecha de salida hasta la primera semana de julio, en la que se prevé la constitución del nuevo Parlamento Europeo, ni la celebración de un nuevo referéndum, ni tampoco una salida abrupta o cliff edge de Reino Unido a finales de marzo. En este último caso, se convertiría de un día para otro en un país tercero, de modo que se sometería a los aranceles derivados de la cláusula de la nación más favorecida de la OMC –significativos para muchos productos– y se producirían importantes disrupciones aduaneras, regulatorias, legales, financieras y fiscales.

En este contexto, la esperanza que hasta hace poco tiempo parecía imperar entre los agentes económicos sobre la consecución de algún tipo de acuerdo suave entre las dos partes se ha ido diluyendo, y son cada vez más las empresas que han decidido abordar con urgencia un plan de contingencia frente a un Brexit duro o de un no acuerdo.

Pero, ¿cuáles son las cuestiones más urgentes sobre las que actuar?

Teniendo en cuenta la importancia que el mercado de Reino Unido tiene para España (en el ámbito comercial, de inversión directa y turismo), los impactos son significativos y afectan a diversos ámbitos.

Desde la perspectiva legal y regulatoria, resulta necesario prepararse ante el no reconocimiento de autorizaciones y licencias de actividad, tramitando, en su caso, un doble registro de productos o nuevas licencias. La posible introducción de medidas sanitarias y fitosanitarias al comercio, las cuestiones relativas a la protección de la propiedad intelectual o a la transferencia de datos personales, así como los impactos directos sobre los contratos en vigor con contrapartes británicas y su posible renegociación, serían otras de las cuestiones que deberían revisarse.

Desde el punto de vista aduanero, más allá de la eventual introducción de barreras arancelarias, puede haber otras no arancelarias, vinculadas a las formalidades logísticas, aduaneras y para-aduaneras (certificados sanitarios, fitosanitarios y veterinarios; inspección de calidad comercial, inspección de seguridad para algunas sustancias, etc.), y otras cuestiones, no tan obvias, como el diferimiento en la recuperación del IVA o los posibles impactos sobre el origen de la mercancía.

Por ello, es conveniente llevar a cabo una cuantificación del impacto aduanero (incremento potencial de los costes arancelarios, financieros asociados al pago de IVA y logísticos), tanto bajo la hipótesis de un Brexit duro como de un acuerdo de libre comercio sin aranceles. También resulta necesario el diseño de una adecuada estrategia aduanera, valorando el acogimiento a regímenes suspensivos de IVA y arancel o la obtención del estatuto Operador Económico Autorizado, que tenga en cuenta las formalidades aduaneras (origen preferencial, registros aduaneros y de IVA, garantías de deuda de importación, representantes aduaneros, exportaciones indirectas, etc).

Por lo que respecta al ámbito financiero, los posibles impactos podrían estar relacionados con mayores tensiones de liquidez asociadas a eventuales retrasos en los pagos, caídas de ingresos o volatilidad cambiaria. También podrían producirse impactos sobre el capital circulante por un aumento repentino del inventario, ante requerimientos de clientes para contar con un mayor stock de producto acabado o como consecuencia de penalizaciones por retrasos de entrega.

Todo ello acompañado con la previsible adopción de mayores cautelas por las entidades de crédito en relación con el Brexit. Por ello, resulta necesario revisar los planes de negocio y hacer un diagnóstico del impacto financiero, las capacidades de apalancamiento, coberturas cambiarias, alternativas de refinanciación, etc.

En cuestiones vinculadas a empleados, los principales impactos pueden estar vinculados a la eventual necesidad de visados o la falta de reconocimiento de cualificaciones profesionales, y a las repercusiones sobre las condiciones laborales, sanitarias y de seguridad social. Ello podría acarrear costes adicionales asociados a la revisión de las mismas o a nuevas obligaciones migratorias de carácter burocrático, así como dificultades en atracción de talento para cubrir determinadas posiciones en Reino Unido. En este ámbito, conviene llevar a cabo varias medidas: análisis del impacto sobre empleados y planificación de requisitos para futuros visados o permisos de residencia, diseño de un programa de comunicación y asesoramiento continuado a empleados sobre las implicaciones del Brexit y revisión de los impactos sobre los contratos de empleados (volatilidad cambiaria, cobertura sanitaria, seguridad social,..).

En el ámbito fiscal, resulta necesario analizar el impacto sobre los flujos de negocio y financieros, las implicaciones fiscales en las estructuras societarias (antes y tras el Brexit si se decide cambiar algún centro de producción o de negocio), así como en los pagos transfronterizos (clientes y proveedores) y en las inversiones, valorando las alternativas para eliminar o minimizar los efectos adversos.

Finalmente, desde la perspectiva de la cadena de suministro los impactos pueden ser muy variados, por lo que conviene llevar a cabo una selección de los proveedores críticos, evaluando el impacto del Brexit sobre los mismos (en costes –aduaneros, etc.– y tiempos de entrega), con el fin de elaborar su perfil de riesgo y los consiguientes planes de mitigación.

En definitiva, el Brexit afecta prácticamente sobre toda la operativa empresarial, por lo que es importante realizar un autodiagnóstico del grado de exposición y preparación ante el mismo en los diferentes ámbitos, para tomar las medidas oportunas. Conviene no olvidar que la implementación de medidas de contingencia requiere su tiempo, siendo las empresas que desde un comienzo se prepararon para el peor escenario aquellas que ahora se encontrarían menos afectadas por los últimos acontecimientos.

Las que aún no hayan comenzado a tomar medidas deberían agilizar, en la medida de lo posible, dichos preparativos, con el fin de minimizar las consecuencias negativas que un escenario sin acuerdo, el próximo 30 de marzo, podría generar en sus negocios con Reino Unido.

Antonio Hernández es socio responsable de estrategia energética e internacionalización y Brexit de KPMG en España

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