Tamara Falcó: “Mi ropa se venderá en Los Hamptons”

Tras dos años, su firma de moda recibe el aplauso de los expertos, por la calidad de sus prendas

Tamara Falcó: “Mi ropa se venderá en Los Hamptons”

Es famosa desde el día en el que nació, y su nombre siempre ha estado ligado a una parte frívola de las revistas del corazón de la que ahora quiere desprenderse. Tamara Falcó (Madrid, 1981), hija de Isabel Preysler y de Carlos Falcó, quiere ser reconocida ahora por su faceta como empresaria, a través de la marca de moda que ha creado, TFP by Tamara Falcó, una firma en principio de venta online y con algún punto de venta pop-up, que creó en 2016, pero que ahora ha tomado fuerza, sobre todo a raíz de la aceptación que ha tenido por parte de los expertos en cuanto a la calidad de los materiales empleados, al diseño y a la confección de las prendas. Se trata de una colección de ropa, de momento pequeña, con la que quiere recuperar el fondo de armario, y en la que no falta una camiseta blanca de algodón orgánico, con el título de la novela Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, en homenaje al escritor peruano y novio de su madre. En su currículo, además de un reality de televisión, anota estudios en Forest Lake College, Instituto Marangoni o la Universidad de Navarra, además de haber realizado prácticas en el grupo Inditex, haber sido socia fundadora de la hoy exitosa The 2nd Skin Co, o ser imagen de firmas como Barbour, Pandora, Pronovias o LG.

¿Por qué decidió crear esta colección de ropa?

Cuando compraba ropa me encontraba, por un lado, con la moda masiva, y que hace que todos vayamos vestidos iguales, y con las marcas que compraba fuera de España, que era más selectiva. También notaba que no había buena calidad en la confección de las prendas, ya que importa más el precio que la calidad. Además, yo ya había tenido una empresa de moda, The 2nd Skin Co.

Empresa con un gran reconocimiento y de la que se salió. ¿Se arrepiente de ello?

Me arrepiento por no haber sido perseverante. Yo había trabajado en París con firmas como Lanvin o Burberry, y toda esta experiencia condicionó mi visión de la moda, y sabía que era el camino por el que había que ir, pero el mundo de la empresa es complicado, no sabía cómo funcionaba y en ese momento me veía relegada a un papel que no me gustaba. Yo prefería estar en la parte creativa, fue una empresa en la que éramos tres socios y yo era minoritaria. Además, yo si no estoy cómoda prefiero no estar. Me da pena, aunque muchas veces salir de una empresa es como romper con un novio, pero tienes que buscar tu camino. Y este era el mío.

¿Qué desea aportar al mundo de la moda?

Quiero vestir a las mujeres de una manera diferente dentro de lo clásico, utilizando materiales de gran calidad. Esa es la gran diferencia con otras marcas, que importamos los tejidos, empleamos alpaca de Perú, lana de Irlanda, además hemos innovado con una camisa blanca, un básico, confeccionado con un tejido de fibra de algodón hecho con una tecnología especial [Induo] que repele los líquidos. El problema es que en España cada vez quedan menos fábricas. Además, al hacer poca cantidad de prendas, es muy difícil encontrar a alguien que quiera trabajar contigo. Confeccionamos en el taller Tres Puntadas, donde comenzó David Delfín.

¿Su nombre vende?

Eso me dicen algunas marcas. Por ahora, la ropa se está vendiendo muy bien, pero es cierto que gracias a mi nombre puede darse mejor a conocer, pero si la ropa no sienta bien o no está bien hecha no se vende. El mercado es muy competitivo y hay que trabajar mucho. Lo que prima es el precio, y estamos muy acostumbrados, debido a los precios tan competitivos que hay por fabricar en el mercado asiático, al fast fashion, a usar y tirar la prenda, y hay que hacer una llamada de atención y estar más concienciados con el planeta, a la vez que ser conscientes del trabajo que conlleva hacer una prenda. Hay empresas que basan su éxito en eso, en hacer que la ropa no dure, y yo lo que pretendo es que una prenda dure toda la vida, que sea un clásico renovado. Además, queremos que de cada modelo no haya muchas unidades, 150 o 200, para huir de que todo el mundo vaya igual vestido, y que haya cierta exclusividad.

En contra del ‘fast fashion’, defiende el fondo de armario

¿Hay hueco para una marca como la suya?

Hay un porcentaje alto de empresas que no llegan al segundo año, y yo estoy ya en esa fase, así que espero no caer. Todavía estoy en fase startup, y esto significa muchas horas de trabajo, entre 12 y 14 al día. Me gustaría seguir creciendo, tener una tienda propia es necesario y voy a abrir un pop-up en Los Hamptons, creo que mi ropa puede encajar muy bien allí. Es complicado encontrar el sitio correcto en el que estar. Se vende más en tienda presencial que online. También estoy mirando una pequeña tienda en Saint-Tropez. La ventaja que tenemos tanto mi socia como yo es que hablamos idiomas, y si no te puedes comunicar difícilmente puedes vender.

¿Cómo financia la empresa?

Me lo financio yo. Empezamos con la ayuda de friends and family, pero también nos ha ayudado una startup que ayuda a otras startup, Neboola, que son los que me han ayudado con los pasos a seguir, y lo primero que dijeron es que me buscara una socia que no fuera amiga o familia. Y fue el mejor consejo, porque así encontré a María Isasi. Ella se ocupa de la administración y yo de la parte creativa. Cuando tomas decisiones difíciles es mejor con alguien que no sea cercano para que no se genere estrés.

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