La disputa sobre la marca Moro es una pugna artificial

El vocablo Moro es compartido por 26 marcas en Europa y no había causado ningún problema hasta ahora

La disputa sobre la marca Moro es una pugna artificial
EFE

Soy bodeguero y empresario pero también funcionario de la administración civil del Estado. Es algo que llevo a gala porque me ha marcado conceptualmente en el cumplimiento riguroso de los procesos administrativos y de las normas.

Conocedor de los usos y sistemas sobre marcas y patentes desde que a finales de los 70 preparase las oposiciones a Técnico de la Administración Civil del Estado (TAC) por la rama de ingenieros, a principios de los ochenta constituí una sociedad para renovar la empresa vitivinícola familiar. Una de las primeras actividades fue registrar las marcas que soportarían los vinos deseados: Matarromera, Vegamoro, Emina, Valdelosfrailes y Carlos Moro, entre otras.

Con todas hubo una consecución normal excepto con aquellas que contenían mi apellido que, suscitando oposición marcaria de parte, generaban sorpresa en los expertos. En todas las ocasiones, siempre se rechazó la oposición por los registros, examinadores y, por ende, por la normativa existente.

Ya como TAC en la Administración, conocí de cerca la constitución de la Oficina Europea de Patentes (OAMI), y extendí nuestras marcas al ámbito europeo e internacional. Nuevamente hubo oposición de parte, pero de nuevo fue rechazada y concedida la marca Carlos Moro. En ámbitos registrales y mercantiles se ha considerado siempre la doctrina basada en la lógica diferenciación de marcas cuando existen elementos claros de las mismas, pero también la compatibilidad aunque exista algún elemento común. Por citar un ejemplo, este sería el caso de la marca y nombre Rothschild, en Europa y en el mundo, en el que aparecen distintas marcas y nombres de diversas familias y marcas de bodegas.

Ni que decir tiene el vocablo Moro, compartido por 26 marcas en Europa en la Oficina Europea de Patentes (Monte Moro, Moro Sergio, Colle Moro, Bel Moro, Moro del Moro, El moro de Sangiovani, etc.), algunas en la clase 33 de vinos. Todas coexisten de manera pacífica y no han sido impugnadas. De hecho, en el caso de la marca Carlos Moro, viene coexistiendo desde hace cerca de 30 años con todas ellas sin que, hasta ahora, se haya impugnado.

A quien se refiere la marca citada es a mi persona, con entidad y acreditación profesional desde los tiempos referidos, y en el mundo del vino y por familia desde tiempos ancestrales. Soy fundador de bodegas familiares Matarromera, recogida por el Foro de Marcas Renombradas Españolas, con nueve bodegas incluyendo Carlos Moro, que bajo mi nombre y apellido recoge nuestros vinos más especiales en seis denominaciones de origen, con el preceptivo registro y autorización administrativa.

No es la marca la que hace a la persona, sino la persona la que crea las marcas y las incorpora al mercado. Desde finales de los 80, he firmado con mi marca personal los vinos más especiales de pago y de autor que aportan un nuevo resultado de la investigación como viticultor y bodeguero (puedo añadir que con amplio reconocimiento por instituciones, crítica, medios y público).
Pero existen quienes se quieren apropiar de un apellido para hacer uso empresarial en exclusiva. Bodega Emilio Moro, que ha tratado de impedir la concesión de todas las marcas referidas anteriormente, y la de otros (Antonio Sanz Moro o Tesoro del Moro), no lo ha logrado.

Tampoco otros lo han conseguido en casos similares. Pons IP, expertos en el ámbito marcario, menciona un caso conocido sobre el apellido Domínguez: Ana Domínguez y Adolfo Domínguez. La sentencia en el contencioso apoya la compatibilidad por diferenciación suficiente. Lo mismo pasó con la compatibilidad de las marcas Palacios. La coexistencia de las marcas en Europa es racional y ajustada a la doctrina de convivencia pacífica diferenciada (por ejemplo, el caso Rothschild).
Las especificaciones y valores de cada marca son valiosos y deben ser protegidos y defendidos, pero el paroxismo de la ultra diferenciación y la exclusión a ultranza es irrazonable y conducente a lo conflictivo y estéril.

En lugar de sentir orgullo por los logros y posicionamiento propio adquirido, hay quienes se aferran en una posición excluyente de los demás por el simple hecho de compartir el mismo apellido. El liderazgo de mercado no se adquiere con estos mimbres, y menos en el mundo del vino, que solo premia el reconocimiento de consumidores y aficionados al vino de calidad. Nuestra esencia como bodegueros es crear productos diferenciales de nuestra tierra para conmover al consumidor, con humildad y pasión, con sentimiento y conocimiento, y desde el trabajo de las personas que forman nuestra empresa con orgullo.

Carlos Moro es Bodeguero y empresario

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