El mercado energético, en proceso de prejubilación de los combustibles fósiles

La hegemonía del carbón y el petróleo, en caída por las renovables, la regulación de la UE y la mayor apertura del sector

Energía

La energética ha sido una política de claroscuros, muy marcada por las decisiones cortoplacistas del Gobierno de turno, pero también por un mercado en el que prevalece, cuatro décadas después, una concentración empresarial que domina el negocio pese a su liberalización en los noventa –en generación y comercialización– y actividades reguladas en transporte y distribución que condicionan al conjunto del sector. El sistema, sin embargo, está cambiando.

Para cuando nació la Constitución española, los combustibles fósiles –carbón y petróleo– subyugaban el mix energético. Gracias al crudo, principalmente, fue posible la industrialización y el desarrollo económico en democracia, resalta el economista Juan Carlos Jiménez en Lecciones de economía española (Civitas, 2013). Y aunque el fuel ha perdido terreno, con la entrada de la nuclear en los años setenta y ochenta, del gas a mediados de los noventa y los 2000 y las renovables a finales de los ochenta, pero cuyo auge llegó diez años más tarde, la dependencia energética exterior supera el 70%.

Queremos ser una compañía multienergética, que ofrece también a sus clientes gas, electricidad y todos los servicios alrededor de la energía

Repsol

Peor aún, en 2017, y pese a la mayor penetración de tecnologías limpias, España incrementó un 4,4% las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto al año anterior, hasta los 338,8 millones de toneladas, debido al aumento de la quema de carbón y gas por la sequía, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Y es el registro más alto desde 2002, ya que durante la crisis la tendencia fue a la baja, pero desde 2014, con la recuperación, el país no ha logrado crecer sin acrecentar la contaminación.

Cambio de modelo

Hoy, el sector “no se parece en nada”, afirma José Donoso, profesor de la EOI y director general de la patronal fotovoltaica Unef. “En 1978 preocupaba más la seguridad de suministro que la sostenibilidad. Pero hubo un punto de inflexión tras la crisis de petróleo de 1973, por la llamada guerra de Yom Kipur –el conflicto árabe israelí–: España se da cuenta de su dependencia fósil y comienza a considerar la sostenibilidad. También irrumpe la preocupación medioambiental (los efectos de la lluvia ácida) y poco a poco se introduce el discurso climático”, relata.

Es importante que el cambio se haga ordenado y haya cabida para las tecnologías intermedias y planificación para que las nuevas puedan evolucionar

Cepsa

Una realidad que cobra relevancia con el ingreso del país en la UE (1986) y su impulso del Mercado Interior de la Energía (inacabado), primero, y de una economía neutra en carbono a 2050 (en marcha), después. En la actualidad, “estamos ante un modelo diferente. Las renovables son las que ahora pueden producir una energía eléctrica limpia y barata. Y el cambio climático es una prioridad en la política energética”, declara Donoso.

Más todavía. La revolución tecnológica impulsa un modelo disruptivo, con el fomento del autoconsumo, redes inteligentes, el coche eléctrico..., y donde el ciudadano pasa a ser un agente activo en la generación, apunta.

Necesitamos una regulación con solidez técnica, prudencia, discreción y visión de largo plazo, aprobada con un amplio consenso social y político

Iberdrola

Así, de pocas empresas, muchas de ellas públicas antes de la privatización de los noventa, con inversiones muy intensivas en capital –caso de las nucleares–, ahora pasan a ser compañías con procesos mixtos, concluye Donoso. Y de un mercado muy intervenido, se tiende a otro más abierto y liberalizado, con previsiones de que los monopolios locales se rompan con la digitalización.

Vuelco renovable

De ahí el giro de las empresas hacia negocios bajos en carbono. Repsol desembarca en el sector eléctrico y verde, donde prevé una inversión de 2.500 millones en 2018-2020. La petrolera ya ha integrado los negocios no regulados de generación y la comercializadora de Viesgo, ha adquirido la fotovoltaica Valdesolar Hive, ha alcanzado un acuerdo de suministro de siete años con Solaria y desarrolla un parque eólico flotante, Windfloat, en Portugal. En transporte, promueve el gas y ha lanzado un servicio de carsharing, Wible, con Kia. “Se trata de ser una compañía multienergética”.

Las renovables y el uso de ciclos combinados de gas natural, como la mejor opción de ‘backup’ para el sistema, es el mix óptimo para disminuir las emisiones de CO2

Naturgy


En tanto, Cepsa, como las renovables cubrirán el 60% de la demanda según sus previsiones a 2030, construye su primer parque eólico en Cádiz, de 29 megavatios, entre los proyectos limpios en agenda. “Una de las principales incógnitas es la regulación. Es importante que el cambio se haga de forma ordenada y haya cabida para las tecnologías intermedias”.

Descarbonizar la economía no se logrará actuando solo en el sector eléctrico; hay que incluir transporte, industria y edificios e invertir en redes de distribución

Endesa

La regulación, el desarrollo tecnológico, la inversión en generación, redes y la descentralización de la generación y el consumo por delante son las dudas que suscita la transición en las firmas de Aelec (antigua Unesa). Aun así, la patronal confía en que el sector sea carbono neutro antes de 2050.

Pero, además de frenar el cambio climático, las renovables son también la esperanza para reducir la factura eléctrica.

Gas y eléctricas

Naturgy. Apuesta por la generación limpia a la vez que reivindica el gas en la transición para asegurar el suministro. “Es el mix óptimo para reducir las emisiones de CO2”, arguyen. La antigua Gas Natural Fenosa tiene en desarrollo 1.000 megavatios de solar y eólica, así como planes de electrificación y de eficiencia energética.

Iberdrola. Aboga por una “política integral y una regulación con visión de largo plazo”, tras las decisiones ad hoc del pasado, para favorecer las inversiones necesarias de hasta 100.000 millones. Abanderada de las renovables, la firma ha destinado 95.000 millones para adaptarse al nuevo entorno y desembolsará otros 32.000 millones a 2022.

Endesa. Busca que su producción sea 100% verde en 2050: ya tiene 6.500 megavatios de hidráulica y solar e instalará otros 1.900 en 2019-2021, además de entrar en la movilidad eléctrica y la climatización. “La descarbonización no se conseguirá solo con renovables ni actuando únicamente en el sector eléctrico”, defienden desde la empresa eléctrica.

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