"Si por mí fuese recortaría la concesión de hipotecas"

Algún banco ampliará su oferta crediticia a empresas y reducirán la de vivienda

Los gigantes de la moda, de la tecnología o de la telefonía podrán hacer banca

"Si por mí fuese recortaría la concesión de hipotecas"

Los bancos españoles comienzan a analizar dar la vuelta a su tradicional modelo de negocio, que en algunos casos puede ser algo drástico. La inseguridad jurídica que parece que sigue instalada en el sistema financiero español, y las medidas aprobadas, en algunos casos más populistas que efectivas, han comenzado a calar en las estructuras de estas entidades y en sus estrategias futuras.

Si algo ha caracterizado al sector financiero español es el de la elevada concesión de hipotecas. Lógico si se tiene en cuenta que el español lleva hasta ahora en su ADN la necesidad de tener una vivienda en propiedad. A lo que se suma que una parte importante de la economía está vinculada todavía al ladrillo, aunque la burbuja inmobiliaria de la última década ha dejado una gran mella.

El crédito hipotecario ha sido la gran fuente de ingresos de la banca española hasta que llegó la caída de los tipos de interés, y sobre todo, la crisis financiera.

Ahora parece que las entidades financieras se han olvidado de la parte negra de este negocio, y han vuelto a competir de forma feroz por ganar cuota de mercado en el crédito a viviendas, pese a que su margen de beneficios es cada vez más estrecho. Es cierto que las hipotecas son el segmento del negocio que más vincula al cliente con una entidad financiera, ya que la vida del préstamo se sitúa de media entre los 20 años a los 30 años, y es la inversión más generalizada, y en la que el español se gasta más dinero.

Pero todo puede cambiar. Los abusos que realizó la banca en el pasado están pasando una dura factura al sector y su reputación se ha resentido, y mucho, y ahora está pagando su penitencia con severas sentencias que dan la razón al cliente y castiga con fallos multimillonarios a las entidades por prácticas abusivas. Los políticos han aprovechado este ambiente para aumentar la protección al cliente, desarrollando normas y creando instituciones con las que se pretende poner freno a las prácticas del pasado.

El problema es que el abuso cometido en décadas anteriores se centró en gran parte en las hipotecas y, lo que antes fue un negocio más o menos rentable para la banca, se ha convertido ahora en un foco de algo riesgo. Ante ello, algunas entidades han comenzado a buscar negocios alternativos al hipotecario para ir reduciendo poco a poco el peso en su balance del crédito destinado a la compra de inmuebles a otras fuentes de ingresos.

Y algunas, incluso han comenzado ya a ponerlo en práctica. Han comenzado a restar influencia en su negocio a las hipotecas para centrarse más en el crédito a pymes y empresas, principalmente, además de los préstamos al consumo.

Un conocido banquero, de hecho, afirmaba la semana pasada “porque no quedaría ahora bien visto, pero si por mí fuese recortaría considerablemente la concesión de hipotecas, para centrarme en el crédito a pymes y empresas, negocio que es más rentable y menos problemático”.

Este banquero recuerda que durante la crisis financiera los bancos engulleron millones y millones de euros en activos tóxicos vinculados al sector inmobiliario, que derivaron en la mayor crisis financiera de la historia del sistema financiero, y de tras 10 años ahora es cuando se ha comenzado a salir del túnel.

Estos activos improductivos, conocidos como NPAs (non performing assets) rondan ahora en España los 285.000 millones de euros y se estima que en 2022 alcancen los 200.000 millones. Si se excluye el volumen gestionado por fondos, la cantidad se sitúa en los 215.000 millones, lo que coloca a España en segundo lugar en Europa, tras Italia, en términos de stock de NPAs. Se ha logrado que ahora este tipo de activos ya no supongan un problema para la banca y se han convertido en una oportunidad para las empresas dedicadas a su gestión, conocidas como servicers.

Vicente Vázquez Bouza, socio de Financial Services de Oliver Wyman, prevé “para los próximos años un escenario positivo, activo y con varias operaciones en el mercado. Los NPAs dejarán de ser finalmente un problema para la banca española y se convertirán en una gran oportunidad para los servicers activos en el mercado”.

Y mientras llega una nueva amenaza para la banca, la normativa de servicios de pagos, denominada en el argot financiero como la PSD2. El Gobierno ya anunció el viernes el desarrollo de un real decreto para que las entidades financieras faciliten datos de sus clientes a otras empresas cuando el cliente así lo autorice.

El hecho de que las entidades tengan que dar acceso a terceros a su infraestructura para compartir los datos bancarios de los clientes que den su consentimiento supone un drástico cambio para el sector, que trastoca otra de sus principales líneas de flotación, la protección de la confidencialidad. Esto supone la apertura por parte de los bancos de sus servicios de pagos a proveedores denominados técnicamente TPPs (Third Party Payment Service Providers) desde el pasado 13 de enero, fecha en la que entró en vigor parte de la directiva comunitaria que ahora ha comenzado a trasponer España.

Esta normativa tiene como objetivo mejorar la relación financiera con el cliente. Aunque la banca también teme un mayor número de incidencias o ciberataques. El Banco de España desarrollará una circular para desarrollar algunos puntos de la norma.

La banca también teme una competencia feroz con la entrada de terceros en lo que siempre ha considerado más sagrado, los datos bancarios de sus clientes. Amazon, Google, Adidas, Vodafone, o un largo etc. pueden convertirse en competidores de la banca con esta norma.

Pero, de momento, y según coinciden varias fuentes financieras, la competencia más agresiva se está detectado entre los propios bancos españoles. BBVA, Santander, Bankia o Caixabank, por ejemplo, ya han creado sus propios agregadores para poder pedir a los clientes su consentimiento para entrar en las cuentas que tienen en otros bancos. La gran banca ya ha diseñado aplicaciones para evitar que sus clientes opten por otros proveedores ajenos al sector, coinciden los expertos consultados.

Pero estas entidades no quitan ojo a los gigantes de la telefonía o a los gigantes tecnológicos, o incluso a las grandes distribuidoras o marcas de moda, atractivos ganchos para los jóvenes, por ejemplo.

La banca necesita más que nunca reinventarse a marchas forzadas para buscar nuevos focos de negocio y, sobre todo, para cambiar su negativa imagen, que ahora puede que les haga mermar su negocio, tendencia que se irá agudizando con el tiempo. Los jóvenes no son tan permisivos como sus padres con un sector que consideran incluso pasado de moda.

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