Un ejercicio urgente de realismo y responsabilidad en política económica

El Gobierno debe poder aprobar unos Presupuestos creíbles o dar paso a lar urnas

España recibió ayer de la Comisión Europea una seria advertencia sobre la credibilidad de su hoja de ruta presupuestaria para este año y el siguiente, como también de algunos de los principales organismos económicos internacionales. Bruselas ha torcido el gesto con claridad ante los Presupuestos que el Gobierno ha pactado con Unidos Podemos, al asegurar que corren el riesgo de incumplir las exigencias del Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo. Las cuentas españolas, advierte, pueden causar un desvío “significativo” de los objetivos de reducción de déficit y deuda pública de este año y el siguiente. A Bruselas no le cuadran los números tanto por exceso de optimismo, en los ingresos, como por ausencia de realismo, en los gastos. Mientras que el Gobierno contempla un aumento de ingresos públicos del 0,6% y un incremento de gastos de solo un 0,2%, la Comisión calcula que la subida de los primeros será más modesta (un 0,4%), mientras que la de los segundos será de un 0,3%. Aunque es cierto que España saldrá de la zona roja de vigilancia por déficit excesivo en 2019, también lo es que lo hará por el músculo, todavía firme, de su economía, y no por la ortodoxia y realismo de sus Presupuestos.

La regañina de Bruselas llega acompañada de advertencias similares tanto del FMI como de la OCDE. Con un crecimiento que comienza a enfriarse y unos vientos externos que no cesan de aumentar, el objetivo de España debe ser continuar flexibilizando la economía, alimentar el crecimiento y atesorar provisiones de cara al invierno. Esa tarea supone aprovechar el ciclo económico, que todavía sigue siendo expansivo pese a los signos de desaceleración, para construir un colchón fiscal lo suficientemente sólido como para afrontar futuras crisis. También es necesario seguir avanzando en una agenda de reformas estructurales que ha dado frutos en los últimos años, como en el caso del empleo, y que no debe ser revertida en sus aspectos esenciales, sino mejorada y profundizada.

La lista de tareas de España no difiere de las que deben realizar la mayor parte de las economías europeas, sometidas a un proceso de saneamiento fiscal y financiero que no debe ser puesto en peligro ni por peajes ideológicos ni por aritméticas parlamentarias. Aprobar en la coyuntura política española unas cuentas públicas sobrias, creíbles y capaces de cumplir con las exigencias de Bruselas es una tarea compleja y que requiere de un Gobierno lo suficientemente fuerte como para acometerla, pero también lo suficientemente responsable como para dar paso a las urnas en caso de no poder cumplir con ella.

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