No es malo ser un David frente al Goliat de la economía digital

La capacidad de adaptarse, la agilidad y la flexibilidad son elementos cruciales

"Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente… Así venció David al filisteo con honda y piedra…sin tener David espada en su mano”. Samuel, 17.

El tejido empresarial español está formado por pequeños Davides en el que únicamente 93 empresas facturan más de 1.000 millones de euros anuales, y en el que un 97% de las empresas facturan menos de 50 millones de euros y emplean a menos de 250 personas.

El entorno VUCA en el que estamos inmersos, sumado a los impactos revolucionarios que este conlleva, las sitúa en un entorno terriblemente incierto y con grandes riesgos. El primero es la capacidad de la empresa pequeña y mediana española de integrar el bombardeo de disrupciones tecnológicas que van a llegar, lideradas por la inteligencia artificial, y el impacto que va a tener esta tecnología en la estrategia de la empresa. El segundo riesgo es su debilidad frente a competidores más grandes que quieran adquirirlas.

Pero, al igual que David, nuestras empresas tienen una gran ventaja que reside precisamente en lo que también las hace más vulnerables: su tamaño. En un entorno de digitalización en el que la capacidad de adaptarse, la agilidad y la flexibilidad pasan a ser elementos cruciales, es imprescindible ser capaces de trasladar al mercado nuevas propuestas de valor. Es aquí donde ser pequeño es una gran ventaja.

Pese a esta gran ventaja, la digitalización de la empresa y la economía española parece no arrancar. ¿Dónde están las claves para su despegue? Primero, es imprescindible que el CEO –ya sea director general, propietario o gerente– afronte en primera persona este reto. La transformación digital define la estrategia, y un asunto tan crítico no puede quedar en manos de colaboradores o solo entre la gente de IT.

Segundo, la gestión del talento. En un entorno cada vez más digitalizado, cobran mayor importancia las capacidades personales, únicas e irreemplazables, que generan valor empresarial. Tercero, y relacionado con esto último, está la necesidad de saber moverse en este nuevo entorno de ecosistemas, en el que los antiguos modelos de I+D ya no funcionan. Las empresas necesitan formar parte de comunidades dinámicas con agentes diversos (universidades, startups, ­freelancers, consultoras…) que aporten valor más allá de las tradicionales fronteras de cada sector, y que alimenten a la empresa de todas las disrupciones tecnológicas que le van a permitir trasladar nuevas ofertas y servicios al mercado.

Cuarto, las políticas de la Administración para acelerar la transformación digital. El foco debe situarse en dos aspectos muy concretos: la educación y una definición de prioridades que responda a la realidad del tejido empresarial español que, de nuevo, es mayoritariamente de pymes. Toca agilizar clústeres y propiciar ecosistemas, así como apoyar pruebas piloto que permitan poner números a los beneficios de la digitalización.

Por último, es clave no subestimar el impacto de la tecnología. Con ella podemos mejorar nuestra competitividad a través de la eficiencia y usarla como elemento de cambio estratégico. Una revolución apasionante, de la que además las pymes españolas pueden salir fuertemente reforzadas. Pero, como David, tendrán que saber jugar bien sus cartas.

Josu Ugarte es presidente de Schneider Electric en España y Portugal

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