Cinco efectos perversos de la subida de las cuotas a la Seguridad Social

La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, junto al presidente de la CEOE, Juan Rosell.
La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, junto al presidente de la CEOE, Juan Rosell. EFE

Vaya por delante que servidor lleva años advirtiendo de que las finanzas de la Seguridad Social son insostenibles por la presión demográfica, y que no queda más remedio que elevar las aportaciones o reducir las pensiones, o una combinación sabia de ambas cosas. Y vaya también por delante que cuanto antes se tome la decisión, mejor: un déficit de cerca de 23.000 millones financiado a pulso con deuda puede convertirse en la señal con la que abran fuego a discreción los mercados financieros; la Seguridad Social será, si no se hace nada, el epicentro de una nueva crisis fiscal para España. Ya no valen parches, y menos si tienen el sesgo ideológico de la subida de bases mínimas y máximas, que conllevan efectos perversos inmediatos mucho más costosos que los beneficios pretendidos. La mejor opción es subir los tipos gradualmente para que, en lo posible, cada cual se financie su pensión.

El mayor y más antipático de los déficits de la economía española es el de ocupación y la primera de las fórmulas contraindicadas para elevarlo es el incremento de los costes laborales. La subida de bases generará más ingresos a corto plazo (unos 2.800 millones para enjugar un déficit de 23.000 millones en 2019), pero provocará al menos cinco efectos perversos.

1.- Un alza de bases máximas tan abultada como el 10% o 12% será encajable por una parte de las empresas; pero otras tendrán que ajustar costes, y pueden optar por congelar la contratación o por prescindir de una parte de la plantilla. En este caso, los perjudicados serán los trabajadores menos cualificados y con menos remuneración, puesto que deshacerse de los de bases máximas supone mayor pérdida competitiva y, además, es más caro. No es fácil de cuantificar el fenómeno y su ritmo de aplicación; pero dado que el punto de actividad es delicado, podría acelerarse.

2.- Como la Seguridad Social es contributiva y la pensión tiene relación directa con la aportación, la subida de máximas hasta el 12% sin tocar la pensión máxima deteriora la contributividad. Se aporta mucho más para recibir lo mismo: si ahora el retorno es del 80% sobre el último sueldo, con esta alza puede reducirse a menos del 70%, mientras que refuerza relativamente la de las rentas que menos aportan.

3.- El fuerte incremento de máximas puede adelantar el umbral temporal de la jubilación anticipada, ya que pese a los recortes puede consolidarse la pensión máxima permitida antes. Así, el sistema pierde cotizantes (ingresos) y gana pensionistas (gastos).

4.- Subir las bases mínimas hasta un 22,3% asociada al alza del salario mínimo tendrá un coste en el empleo que puede oscilar entre los 190.000 puestos vaticinados por el Banco de España y los 40.000 de Airef. Supondrá una pérdida de renta asalariada nada despreciable, con un mínimo de 1.000 millones de euros, que en términos macro se puedan compensar con el avance de renta disponible del alza del SMI.

5.- La exclusión de los autónomos del alza de la base mínima por sospechar el Gobierno que tendrá elevado coste electoral (principio que inspira la mayoría de las decisiones recaudatorias) puede generar una especie de dumping en la contratación en las franjas remunerativas más bajas, con trasvase de asalariados a falsos autónomos, la fórmula más perversa del mercado laboral, para ahorrar el sobrecoste de cotización.

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