Llega Beckmann, el artista que rechazó las vanguardias

El Museo Thyssen rinde homenaje a las metáforas del exilio del alemán

La muestra, después del 27 de enero, se exhibirá en CaixaForum de Barcelona

Beckmann Museo Thyssen
Doble retrato, Carnaval de Max Beckmann (1925).

Amaba la pintura porque le ayudaba a ser objetivo, y no había nada que odiara tanto como el sentimentalismo. Sobre estos principios se arma la carrera artística de Max Beckmann (Leipzig, 1884 - Nueva York, 1950), uno de máximos representantes de la arte del siglo XX, que desarrolló un estilo personal e independiente, de signo realista pero repleta de resonancias simbólicas.

Después de más de 20 años sin contemplar en España una exposición monográfica suya, el Museo Thyssen-Bornemisza acoge una selección de 52 obras, principalmente pinturas, pero también esculturas y litografías, que componen la muestra Beckmann. Figuras del exilio. Comisariada por Tomàs Llorens, incluye algunas de sus piezas más destacadas, como La barca (1926), Sociedad, París (1931), Autorretrato con corneta (1938), Ciudad. Noche en la ciudad (1950) o Los argonautas (1949-50), el tríptico que dio por terminado el mismo día en el que falleció a los 68 años.
La muestra se estructura en dos secciones: la primera está dedicada a la época vivida en Alemania, en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando comienza a ser reconocido públicamente hasta el ascenso del nazismo en 1933, cuando es destituido de su cargo en la escuela de arte de Fráncfort y se le impide exponer sus obras en público

La segunda área, más amplia, recorre la década que pasó desde 1937 en Ámsterdam y en Estados Unidos, donde vivió hasta su fallecimiento. Y ha sido precisamente ese ir y venir, el exilio, el que ha marcado el criterio temático para la selección de las piezas, siendo los cuadros alegóricos, a los que dedicó más esfuerzo y trabajo, los más abundantes. Los retratos, paisajes y naturalezas muertas, géneros habituales en su carrera, han sido elegidos por sus resonancias alegóricas.

Esta parte del recorrido se estructura en torno a cuatro metáforas relacionadas con el exilio: Máscaras, centrada en la pérdida de la identidad que se asocia con la circunstancia del exiliado; Babilonia eléctrica, sobre el vértigo de la ciudad moderna como capital del exilio; El largo adiós, que plantea la equivalencia entre exilio y muerte; y El mar, metáfora del infinito, su seducción y su extrañamiento.

La pintura de la primera etapa de Beckmann es ecléctica, con una fuerte influencia de Cèzanne, y una obsesión a lo largo de su carrera: la de aunar la representación de los volúmenes con la superficie bidimensional del lienzo. Además, creía que no podía haber una pintura nueva basada en principios doctrinales nuevos, ya que lo único nuevo en arte son las personalidades de los artistas. De hecho, el interés por enlazar con la gran tradición de la pintura se convirtió en su principal prioridad, lo que le llevó a enfrentarse con el vanguardismo de los expresionistas de su generación. Rechazó el carácter colectivo, sectario y doctrinal de estos movimientos y de todos los que se encontró a lo largo de su vida, y permaneció como sustrato de sus posiciones individualistas.

La muestra, patrocinada por la Comunidad de Madrid, puede verse hasta el 27 de enero en la pinacoteca madrileña. Y en CaixaForum de Barcelona, del 21 de febrero al 26 de mayo.

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