Salvador Dalí y el logotipo que creó para Chupa Chups.
Salvador Dalí y el logotipo que creó para Chupa Chups.

Hay un pintor en la empresa

Es una disciplina artística con efectos terapéuticos entre las plantillas

Deutsche Bank, con obras en 900 oficinas, cree que el arte beneficia a los empleados

Puede el arte, y más específicamente la pintura, favorecer el desarrollo de directivos y empleados? Más que dar consejos para la gestión empresarial, lo que intento en mis cursos de arte es centrarme en artistas locales como Picasso, Dalí, Miró o Tàpies, para proporcionar a mis alumnos, casi por definición todos extranjeros, claves de comprensión del lugar que han elegido como destino de estudios, y expandir sus horizontes intelectuales, desarrollar su curiosidad o capacidad de análisis, mediante su exposición a las metáforas, las paradojas, las ambigüedades o las representaciones libres de la realidad tan abundantes en el arte. Y no es una cuestión baladí. Fuentes tan reputadas como Harvard Business Review, que abordan la cuestión, lo hacen con afirmaciones demasiado genéricas, así que recurro a ejemplos más concretos, que demuestren los beneficios que el arte ha tenido en algunas de las empresas o directivos más admirados en todo el mundo.

Sin ir más lejos, Apple ofrece a sus empleados un curso titulado ¿Cómo hacemos las cosas?, en el que se analizan hasta ocho dibujos de Picasso. Todos ellos representan un toro, de forma progresivamente sintética. En una entrevista, el inventor del Mac o del iPhone, Steve Jobs, afirmaba lo siguiente: “Nos propusimos hacer las cosas de forma más simple. Al principio, cuando te enfrentas a un problema, lo primero que se te ocurre es muy complejo, y la mayoría de las veces abandonas en ese momento. Pero si sigues trabajando, convives con el problema durante algún tiempo y continúas eliminando capas de cebolla, a menudo acabas dando con soluciones muy sencillas y elegantes”.

Bellas artes y gestión empresarial

Sección elaborada por profesores de Esade que analiza diferentes ramas de las bellas artes bajo la óptica de las lecciones que pueden extraerse para el management.

En su día, el fundador de Virgin, Richard Branson, explicó que The New York Times le retó a realizar una serie de dibujos, y que el ejercicio le pareció relajante y terapéutico. En una época como la actual, decía, en la que la gente presta atención al bienestar, a la meditación o el yoga, el arte es una forma maravillosa de mantener la calma y la mente despejada… Numerosos estudios demuestran que puede ayudarnos a reducir el estrés y distraernos momentáneamente de nuestras preocupaciones, fortalecer nuestra determinación, energía o capacidad de concentración, fomentar el pensamiento crítico y ayudarnos a resolver problemas.

También podemos destacar las conclusiones del trabajo de Craig Knight, profesor de la Universidad de Exeter (Reino Unido), que estudia desde hace 13 años el efecto que los espacios de trabajo pueden tener para los empleados. Para él, lo normal es crear oficinas asépticas y despojadas de decoración para animar a los empleados a concentrarse en su trabajo y evitar distracciones. Sin embargo, si creas un espacio más rico en estímulos visuales, la gente se siente más feliz y trabaja mejor.

En este sentido, Deutsche Bank es un caso espectacular de empresa convencida de los beneficios del arte para sus empleados. Tiene la mayor colección de arte del mundo corporativo, 60.000 obras en 900 oficinas de 40 países. Incluso ha desarrollado una aplicación de móvil exclusiva, que permite a toda su plantilla saber más cosas acerca de las obras o los artistas expuestos en su lugar de trabajo. Friedhelm Hütte, director de la colección de arte del banco reconoció que no es habitual que los banqueros entren en contacto con artistas. Sin embargo, en su opinión, el arte refleja la realidad social, económica y cultural de cada país, y eso ayuda a los empleados, ya que todos han de interactuar con clientes del mundo entero, y reaccionar a lo que ocurre en cada lugar en concreto.

Otra empresa que llena sus oficinas de cuadros es Facebook. En su propio muro de su perfil, su fundador Marck Zuckerberg escribió: “Siempre he pensado en nuestras oficinas en términos de labor inconclusa, de proceso en marcha, son como nuestro producto o nuestra comunidad de usuarios, que nunca deja de evolucionar. Cuando entras en la sede de Facebook, deberías pensar que puedes modificar la realidad que te rodea. Por eso, desde que construimos nuestra primera oficina, siempre he contratado a artistas locales para que vengan y pinten nuestras paredes. Así creamos un entorno creativo, y un ambiente cambiante”.

Alex Fernández de Castro es profesor de español, arte e historia reciente de España en ESADE

El placer estético

La pintura, pese a ser una de las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad, fue de las últimas en entrar a formar parte de las bellas artes clásicas. Sus artífices tuvieron que esperar a bien entrado el siglo XVI, con el Renacimiento, para pasar de artesanos a artistas y entrar a formar parte del grupo al que hasta entonces solo pertenecían los músicos o los poetas. Incluso, tuvieron que aguardar otros cien años más para ser considerados profesionales liberales.

Desde entonces y hasta hoy, el estudio de la pintura se ha abordado de múltiples maneras. Pese al universo de posibilidades de clasificación que suscita este arte (por autor, por periodo histórico, por géneros, por estilos, por técnicas...), hay un método de análisis que las une pese a su diferencia y es aquel que estudia la búsqueda inicial del placer estético y de una posterior interpretación intelectual. Ya sea pintura representativa o abstracta, cada obra pictórica alberga una doble intencionalidad que, en muchos casos, ha sido utilizada para perseguir un fin más allá del artístico, ya sea cognoscitivo, educativo, comunicativo o ideológico.

Esta faceta de la pintura como fórmula de transmisión de mensajes, a través de la belleza estética dentro de un contexto determinado hace de ella una herramienta muy útil para numerosas disciplinas. Entre todas, destaca la psicología, donde la pintura ayuda a estudiar el fenómeno de la creación de un sujeto o colectividad y puede emplearse, bien como un instrumento de terapia, bien como sujeto productor de sensación o de inspiración a la acción.

La última acepción es a la que más ha recurrido la empresa a lo largo de la historia cuando ha hecho uso de la pintura en su relación con sus consumidores, sus proveedores y, más recientemente, con sus empleados.

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