Un pequeño respiro en los deberes que debe completar la banca

La posibilidad de incluir los depósitos corporativos en el colchón anticrisis es una medida de flexibilización regulatoria

La catarsis que el sector financiero ha vivido con la caída de Lehman Brothers, el derrumbamiento del mercado inmobiliario en España y la crisis de deuda soberana que se abatió sobre Europa no puede contarse como una historia de un solo capítulo. Porque tras el duro proceso de saneamiento, capitalización y reordenación que tuvo que afrontar el sector para salir de las crisis, las cosas no han vuelto a ser lo que eran. El convencimiento de que es imprescindible asegurar que lo que ocurrió entonces no vuelva a repetirse con esa virulencia ha dado paso a una especie de posguerra regulatoria en la que Europa ha impuesto a sus bancos un severo corpus de deberes defensivos y preventivos. La idea es que si estalla una nueva tormenta, y antes o despues estallará, los daños sean lo más controlados posible y no puedan agujerear de nuevo los bolsillos de los contribuyentes.

La banca se ha enfrentado así en los últimos años a una regulación altamente exigente, cuyo fin es garantizar que las entidades puedan rescatarse a sí mismas en caso de colapso en lugar de convertirse en pesos muertos con capacidad para desatar crisis sistémicas. En ese marco se incluye la exigencia de que la banca cuente con un colchón anticrisis alimentado por activos capaces de absorber pérdidas, fundamentalmente emisiones de deuda realizadas con ese fin.

A este blindaje para tiempos dífíciles, el BCE ha unido ahora los depósitos corporativos, lo que puede interpretarse como un balón de oxígeno para las entidades. Fráncfort exige, y parece razonable que lo haga, que se trate de activos con un claro perfil de imposición a plazo y no simplemente un mecanismo de liquidez para las empresas. No es una solución perfecta y todo apunta además a que será temporal, pero en un contexto como el actual, en el que la banca ha tenido que navegar entre el estrechamiento de márgenes y la presión regulatoria, se agradece un respiro, por breve que sea.

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