Un Nobel al crecimiento sostenido y sostenible

Romer y Nordhaus han explicado cómo el conocimiento y el clima interactúan con la economía

Momento del anuncio del Premio Nobel de Economía de 2018, en Estocolmo, que ha sido concedido a los economistas William D. Nordhaus y Paul M. Romer.
Momento del anuncio del Premio Nobel de Economía de 2018, en Estocolmo, que ha sido concedido a los economistas William D. Nordhaus y Paul M. Romer. REUTERS

E l Premio Nobel de Economía ha recaído este año sobre Paul Romer y William D. Nordhaus, que han hecho aportaciones fundamentales a la macroeconomía al incluir en sus modelos la forma en que el conocimiento y el clima interactúan con el crecimiento económico. Paul Romer, profesor de la New York University’s Stern School of Business, es el padre de la teoría del crecimiento endógeno, que explica que el crecimiento económico no es el resultado de fuerzas externas a una economía, sino de factores internos. Para llegar a esta conclusión, Romer se preguntó qué es lo que hace que la renta per cápita sea cada vez mayor en los países a medida que estos se desarrollan y llegó a concluir que la explicación estriba en el capital humano, la innovación tecnológica y el conocimiento.

Para que una sociedad se desarrolle necesita acumular capital humano y conocimiento y poder acceder a las innovaciones tecnológicas, aunque no las desarrolle por sí mismas. Cuando lo consigue, puede lograr que el crecimiento sea sostenido y, por tanto, que mejoren la renta y el nivel de vida de los ciudadanos. De hecho, las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo residen en las diferencias en conocimiento e incorporación de la innovación tecnológica. Esta perspectiva sirve para explicar por qué, por ejemplo, países como los tigres y dragones asiáticos han conseguido en 30 años unos niveles de renta que a los países desarrollados les costó siglo y medio alcanzar.

La teoría del crecimiento endógeno explica, también, que la innovación y el conocimiento generan unas externalidades positivas que se difunden fácilmente por la sociedad. Y es que, como el cambio tecnológico y el conocimiento tienen carácter acumulativo, cuanta más innovación y más conocimiento se genera, más aumenta la capacidad de generación de nueva innovación y nuevo conocimiento. Y esa innovación y ese conocimiento se difunden fácilmente porque van incorporados en los bienes y servicios que adquieren las personas y las empresas.

Un país, por tanto, no necesita inventar ni desarrollar nada si puede acceder a la tecnología incorporada en, por ejemplo, un equipo informático, lo que le permite acelerar su desarrollo. Tampoco necesita hacerlo si quiere iniciar un proceso de desarrollo. Según en qué casos, puede bastarle con abrirse a la inversión extranjera y que esta le aporte la capacidad tecnológica y el conocimiento que necesita en las primeras etapas de ese proceso, que todo ello después se difundirá por la sociedad.

Paul Romer enseña, también, que el progreso técnico es el resultado de las decisiones de inversión en innovación y formación que los agentes económicos llevan a cabo, con el fin de obtener un beneficio a partir de ellas. En una economía de mercado, las autoridades pueden estimular a los agentes económicos a que realicen dichas inversiones a través, por ejemplo, de ayudas a la investigación y desarrollo (I+D), como las desgravaciones fiscales por este tipo de actividades, o del establecimiento de sistemas que protejan los resultados de dichas actividades, como la regulación sobre patentes.

A su vez, el mérito de William D. Nordhaus, profesor de la Universidad de Yale, consiste en integrar el clima en los modelos macroeconómicos y la forma en que la actividad económica influye y es influida por las condiciones climáticas. Nordhaus, en un trabajo conjunto con el también premio Nobel de Economía Jame Tobin, estableció el concepto de economía sostenible, entendiendo por tal que una sociedad se mantenga en equilibrio con los recursos de que dispone. Dicho de otra forma, que sus actividades económicas permitan que las generaciones futuras puedan también aprovechar esos recursos y beneficiarse de ellos.

Su preocupación por la sostenibilidad se encuentra en sus trabajos relacionados con la viabilidad a lo largo del tiempo de sociedades cuya actividad económica depende en gran medida de ecosistemas que no son gestionados. Este es el caso de sectores como la pesca o la agricultura.

En el caso de las actividades pesqueras, los trabajos de Nordhaus justifican políticas, como la política pesquera común de la UE, de establecimiento de cuotas para no agotar los caladeros y de limitación de capturas para permitir su regeneración. También es el caso de la agricultura, cuya sostenibilidad depende no solo de que el suelo no se agote sino, sobre todo, de que el cambio climático no convierta tierras fértiles en terrenos estériles, como ya sucede en algunas zonas de África y América Central.

El cambio climático, precisamente, ocupa la columna vertebral del trabajo investigador de Nordhaus. En la década de los setenta estableció el concepto de cuentas verdes, para integrar en la actividad económica el impacto que esta tiene sobre el medio ambiente, y fue el primero en elaborar un modelo cuantitativo que describía la interacción global entre actividad económica y clima. Sus modelos explican la relación directa que existe entre actividad económica y calentamiento global y permiten que los Gobiernos puedan establecer las mejores políticas para combatir el problema, por ejemplo, los impuestos a las emisiones de dióxido de carbono.

Emilio J. González es profesor de Economía de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-Icade

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