Una revolución que (casi) acaba de empezar

Tres décadas después del nacimiento de la computación, la economía global es digital

Una revolución que (casi) acaba de empezar

Hace tres décadas, la computación (ordenador e impresora conectados a internet, en el trabajo y en el hogar) cambió radicalmente el panorama económico mundial. Un ejemplo elocuente es el hundimiento de la Unión Soviética. Entre otros factores, uno, la falta de computación en su modelo económico, le llevó a la bancarrota. Occidente, entre 1989 (caída del muro) y 1991 (desaparición de la URSS), tenía ordenadores, microprocesadores, teléfonos móviles, impresoras, mainframes… y, desde 1993, la popularización de internet. En cambio, la Unión Soviética mantenía el modelo industrial iniciado por Stalin en 1946 y que, tras Nikita Kruschev (1954-1964), Leonid Brezhnev (1964-1982), Yuri Andropov (1982-1984) y Mijail Gorbachov (1985-1991), se mantuvo sin cambios en Rusia y los países del Este. Insisto en que la falta de computación es solo un factor más entre los muchos que provocaron la quiebra de la URSS, pero no es menor: sin computación, la URSS era un gigante con pies de barro.

En cambio, Occidente celebraba en 1987 la demostración empírica de los aumentos de productividad empresarial gracias a la computación, otorgando al economista Robert Soslow el Premio Nobel de Economía. Y Occidente se transformó hasta tal punto que, en 30 años, el 70% del PIB de Estados Unidos (medido solo sectorialmente; también la demanda interna supone el 70% de su riqueza, por ejemplo, pero es otro tipo de medición) es nuevas tecnologías de la información y digitalización. Es un sector inmenso, con muchos segmentos, todos evolucionando con rapidez desde los fundamentos de la computación a los de la digitalización. El capitalismo aplica aquí el principio de Schumpeter de destrucción creativa: las economías, las empresas, las familias que no se digitalicen lo pasarán mal. Aunque no habrá una debacle como en la Unión Soviética.

HP Inc es un ejemplo de adaptación al cambio digital de 360 grados. A su presidenta en España, Helena Herrero, le preguntan por robótica e impresión 3D, donde HP es líder, a propósito de la digitalización. Pero ella eleva al mensaje enfatizando la necesidad de incluir la educación, la formación profesional, los niños, las mujeres, los de­sempleados, los mayores, las pymes, en la transformación digital.

IBM (Warren Buffett está desinvirtiendo en IBM porque ve que está perdiendo el tren de la digitalización) empezó muy bien, con su gran ordenador inteligente, Watson, que ganó a varios premios mundiales de ajedrez al mismo tiempo. Pero la inteligencia artificial ha dado un salto impresionante y Apple tiene Siri; Telefónica, Aura; Salesforce, Einstein; Amazon, Alexa; Alphabet, Google Duplex; Microsoft ha creado tres sistemas de inteligencia artificial con su Deep Learning Group.

Algo similar sucede con cloud. Las compañías antes citadas –y otras– migran al cloud. Lo cual afecta a las empresas de software que venden sistemas operativos instalados en ordenadores (Microsoft, Oracle, Sage, Salesforce, SAP, etc.) y las de almacenamiento: ­Dell-EMC-VMware, Network Appliance, IBM o HPE. El cliente corporativo, la gran empresa, el sector público, prefieren que sus ordenadores no pesen mucho con un software y una suite de aplicaciones instalados. Mejor tenerlo en la nube y usarlo cuando sea necesario. Esto ahorra costes, al pasar de un modelo de venta de licencias a SaaS (Software as a Service) o pago por uso. Modelo muy útil para las pymes y autónomos, sensibles al precio y que empresas como Sage y Salesforce han sabido explotar.

La mayor parte de las operadoras de telecomunicaciones no tienen inteligencia artificial ni cloud, aunque sí explotan la información de sus clientes bajo el paraguas del famoso big data, que no ha sido inventado ahora, sino que tuvo su primera aplicación de computación útil durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los matemáticos de Bletchley Park y el primer ordenador de Alan Turin descifraron el código secreto de comunicaciones nazi, Enigma. En honor a la justicia, los matemáticos griegos de la época de Sócrates, Platón y Aristóteles ya utilizaban el big data mediante metodologías estadísticas (hoy, algoritmos) vigentes hoy. Orange, Vodafone, MásMóvil y Euskaltel no tienen inteligencia artificial propia: Telefónica, sí, Aura, su cuarta plataforma. Y el cloud lo desarrolla con Amazon, Facebook y Microsoft. Antes eran competidores, ahora colaboran.

Como los contenidos. Apple vale en Bolsa lo equivalente al PIB de España. Tiene en caja tanto dinero como valoración bursátil sumada tienen las operadoras de telecomunicaciones americanas juntas. Las compañías de telecomunicaciones han tomado medidas para no desaparecer, aunque, en un país como España, por ejemplo, las redes de fibra no las despliegan Apple, Google, Amazon o Facebook, sino Telefónica, quien paga más impuestos –como el resto de operadoras– que todas esas empresas TIC combinadas. En EE UU, las empresas de telecomunicaciones ganan tamaño mediante fusiones (T-Mobile y Sprint) y compran empresas de contenidos: Comcast y Disney compiten por adquirir Fox; Fox y Comcast luchan por comprar Sky…

En España, Telefónica, con Movistar Fusión, ha cerrado alianzas con docenas de canales de televisión españoles y extranjeros. Acaba de cerrar un acuerdo con Netfix (100 veces más grande que HBO) y comprar los derechos de fútbol de la Liga y la Champions, a la par que produce una docena de series de televisión propias. Orange y Vodafone siguen el mismo camino. También HP Inc, Dell, Toshiba, Apple, Lenovo, Asus y tantos fabricantes de ordenadores pasaron del portátil a la tableta.

En ciberseguridad están todos los jugadores del mercado tecnológico y en smart cities triunfan empresas españolas como Cellnex Telecom, líder europeo en gestión de infraestructura de telecomunicaciones.

Son ejemplos del paso de la computación a la digitalización. No es solo un cambio tecnológico con implicaciones económicas, empresariales y sociales. W. Chan Kim y Renée Mauborgne explican en Blue Ocean Shift: Beyond Competing que en todos los sectores empresariales hay demasiados jugadores y, ahí, es difícil conseguir más negocio. Su receta es crear mercados inexistentes y ser el primero en hacerlo para triunfar.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Innovación y éxito empresarial’ y ‘Digitalización y éxito empresarial’

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