¿El empleo creado es mejor que el destruido?

El mercado debe reducir la precariedad laboral porque daña la productividad

¿El empleo creado es mejor que el destruido?

La actual ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, siempre ha defendido la positiva evolución del mercado laboral y ha llegado a asegurar recientemente que “el empleo que llega con la recuperación, es de mejor calidad que el que se fue con la crisis”, una afirmación que no deja de levantar cierta polémica.El análisis de los datos oficiales revela en realidad que la mejora laboral tarda en llegar al empleo de calidad y que la recuperación económica esconde aún diversos desequilibrios. Las cifras parece que no quieren darle la razón.

Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en el periodo 2011 al 2017, se observa que a pesar de la disminución del paro, todavía quedan retos pendientes. Así, las personas pertenecientes al colectivo que lleva más tiempo en el desempleo han visto aumentar su tasa, pasando del 49,8%, en 2011, al 50,4% de 2017. La estabilidad laboral sigue siendo una asignatura pendiente para el mercado de trabajo español. Continúa aumentando el porcentaje de asalariados con contratos temporales, uno de los factores que más incide en la precariedad, ya que la tasa de temporalidad ha crecido casi dos puntos porcentuales al pasar del 24,8% al 26,7%, la más alta de Europa, según Euroestat, casi el doble de la media de la UE (14,2%), y que además, estima que tres de cada cuatro jóvenes empleados tiene un contrato temporal (73,3%).

La Comisión Europea, considera que en el mercado laboral español se realiza un uso excesivo e innecesario de los contratos temporales. Situación que dificulta el crecimiento económico, resta derechos a los trabajadores y eleva el riesgo de pobreza entre la población. No solo eso, sino que además obstaculiza el crecimiento, dado que supone tener unos sueldos más bajos y un mayor riesgo de pobreza. Y lo que es peor: el 60% de los contratos temporales son involuntarios, es decir, que el 60% de las personas con contrato temporal preferiría contar con un contrato indefinido. No es de extrañar el hecho de que más del 90% de los nuevos contratos sean temporales, y que una cuarta parte tenga cortísima duración, en concreto, menos de cinco días. Con referencia al trabajo a tiempo parcial no deseado, personas que no consiguen un empleo a tiempo completo, también ha aumentado en 251.000 (+ 18,5%) hasta situarse en más de 1,6 millones de personas.

En cuanto al tipo de empleo que se crea, la gran mayoría lo aglutina el sector servicios (85,4%) y donde mayoritariamente son contratos a tiempo parcial, temporales y con bajos salarios. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario medio bruto en la industria en 2017 fue de 1.909 euros, mientras que el del sector servicios fue de 1.592, lo que refleja una diferencia de 317 euros en favor de los trabajadores industriales. De este modo, según el Observatorio Industrial de la Construcción, la variación del poder adquisitivo, entre 2012 y 2017, ha sido positivo en la industria (+1,8%) y negativo en servicios (-3,1%). En este sentido, el Banco de España, en su último Informe Anual correspondiente a 2017, certifica los datos analizados y ha rebajado el mensaje tremendamente optimista del Gobierno al afirmar la baja calidad del empleo que se está creando.

El empleo tiene que superar la precariedad porque su deficiente calidad actual lastra onerosamente la productividad e impide que crezca el valor añadido, ya que el mercado laboral se encuentra muy marcado por la elevada temporalidad que sigue siendo la más elevada de los países del euro, con el agravante de que existe una menor duración de los contratos temporales recientes, lo que implica una mayor rotación de los trabajadores. De este modo, parece difícil que un empleado pueda ganar experiencia y, por tanto, productividad en la empresa, afirma el Banco de España. Como ejemplo, hay que recordar que nadie invierte fuertes cantidades de dinero en una vivienda que va a habitarse menos de seis meses.

Por último, recuerda también el Banco de España la limitada tasa de actividad. Según el INE, desde 2011 se han perdido cerca de 700.000 activos. Por ello, insta a incrementar la población activa –vía natalidad e inmigración–. Si bien es cierto que la disminución de la población activa ayuda a la disminución del paro no debemos olvidar que la consecuencia más grave de todo ello es la pérdida de ocupación. Es decir: en el futuro habrá menos trabajo porque disminuirá la población, no solo debido a razones tecnológicas. Sin olvidar que la recaudación de las pensiones está ligada al número de cotizantes a la Seguridad Social. Según un estudio reciente (Informe de Competitividad Mundial), España pierde posiciones en la lista de los países más competitivos, entre otras causas debido al funcionamiento del mercado laboral. El gran enemigo de España es el desempleo en sus diferentes variables.Llegado a este punto hay que preguntarse ¿Tiene razón la ministra? ¿Dónde está el empleo de calidad?

Vicente Castelló es Profesor Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local

 


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