Soluciones que protejan del alza del crudo a las pymes del transporte

La escalada acumulada hasta ahora en el crudo se reflejará en la gasolina y elevará todavía más los costes de empresas y autónomos

La imparable subida del petróleo, desde que el Brent tocó mínimos históricos en 28 dólares, está comenzando a pasar factura a la economía española, aunque con especial virulencia en algunos sectores de actividad, como es el caso del transporte. No puede ser de otra forma cuando el crudo ha subido casi un 56% en el último año, lo que supone duplicar el precio del barril y situarlo en torno a los 80 dólares, un precio que parecía haber quedado ya en el olvido. Los datos aportados por las distintas patronales del sector del transporte por carretera permiten cifrar la factura que el alza está dejando en este mercado: unos 2.800 millones de euros. Una cifra que todavía no incluye el peso total del incremento acumulado por el petróleo, puesto que la gasolina no ha recogido de momento todo ese recorrido.

El golpe que la subida del petróleo supone para estas empresas (que se extiende a las pequeñas aerolíneas) se alimenta de factores endógenos y exógenos. Buena parte de la debilidad del sector tiene que ver con su estructura, fuertemente atomizada, compuesta de numerosas pequeñas empresas que tienen un escaso margen de maniobra para negociar los precios con sus clientes y que se ven estranguladas por una morosidad casi crónica que se salta a la torera el plazo máximo de pago de 30 días. A ello hay que sumar que el sector no cuenta con exenciones fiscales –en el impuesto sobre hidrocarburos– similares a las que disfruta el transporte ferroviario o el marítimo, lo que dificulta todavía más el hacer frente a una subida de los carburantes. Pese a existir una devolución de un porcentaje del tramo autonómico del impuesto, cada comunidad aplica su criterio, lo que crea una suerte de reino de taifas en términos tributarios.

No hay indicios geopolíticos, de momento, que permitan prever una próxima caída del precio del petróleo. La escalada acumulada hasta ahora en el crudo se reflejará en la gasolina y elevará todavía más los costes de pymes y autónomos, además de cargar el bolsillo de todos los ciudadanos. Con ese escenario, parece razonable buscar herramientas que permitan al tejido empresarial capear en lo posible la ola de aumento de costes que se le viene encima. Soluciones no faltan: desde plantar cara a la morosidad con medidas efectivas –como hace la legislación francesa, que obliga a que se pague realmente en 30 días– hasta buscar estímulos fiscales o incentivos que ayudan al sector protegerse mejor de los inevitables ciclos y vaivenes del crudo. Es el precio que tiene que pagar una economía como la española, dependiente del petróleo y con el reto de caminar hacia un modelo energético sostenible.

 

 

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