Larry Kudlow, el asesor que no necesita EE UU

El nuevo economista jefe de Trump ha apoyado todas sus propuestas

Larry Kudlow, nuevo presidente del Consejo Económico Nacional de EE UU.
Larry Kudlow, nuevo presidente del Consejo Económico Nacional de EE UU.

Creemos que el capitalismo de libre mercado es el mejor camino hacia la prosperidad”. Con este credo, Lawrence Larry Alan Kudlow (Englewood, Nueva Jersey, 1947), recién nombrado presidente del Consejo Económico Nacional del presidente Trump, empezaba su programa televisivo The Kudlow Report en la cadena CNBC (2009-2014).

La frase encapsula su ideología económica, que, aún no siendo propia, ha tenido mucha repercusión en EE UU, por su fuerte presencia en medios desde hace 50 años. Su nombramiento es, obviamente, muy oportuno para quien le ha elegido, Donald Trump.

Su predecesor Gary Cohn, expresidente de Goldman Sachs, tenía la costumbre de decir lo que pensaba al presidente; mal comportamiento, si las posturas de subordinado y jefazo no coinciden. Cohn se sumó a la larga reata de colaboradores de Trump que, desde su llegada a la Casa Blanca, han dimitido o han sido despedidos. El disparadero de su dimisión fue un desacuerdo con la guerra comercial proteccionista de Trump.

Kudlow, en cambio, desde la campaña electoral apoyó siempre sin ambages todas las propuestas de Trump, fuera en comercio mundial, el muro con México o la reforma fiscal. Esta última, una fuerte bajada de impuestos especialmente a corporaciones y rentas más altas, es la que más define a Kudlow desde que, en los años 70 empezara a trabajar para Nixon.

Con Ronald Reagan como presidente, el analista vio la oportunidad de su vida: aplicar, por fin, la economía de la oferta (supply-side economics), su sueño desde que comenzó a colaborar para la Reserva Federal de Nueva York. La teoría no es suya, sino atribuible a los economistas Robert Mundell y Arthur Laffer. Este último dio lugar a la famosa curva de Laffer, según la cual, impuestos más bajos cuando el nivel impositivo es muy alto ayudarán a fomentar la recaudación de impuestos, gracias a un mayor crecimiento económico que, a su vez, incrementará el PIB y el empleo y el poder adquisitivo de los trabajadores, quienes gastarán más en bienes de consumo, estimulando la producción, creándose un círculo virtuoso en la economía.

Una variedad de esta teoría es la trickle-down economics, o economía del goteo, con la que más comulga Kudlow, porque frente al café para todos de Mundell y Laffer, Kudlow propone bajar solo impuestos a los ricos y las grandes corporaciones. Por este motivo, The Economist le describe como “el máximo exponente del ala republicana favorable al mundo de los negocios”.

No es de extrañar. Además de trabajar en la Reserva Federal de Nueva York y en la Oficina de Presupuestos y Gestión de Rea­gan (1981-84, su primer mandato), Kudlow ha sido economista jefe de Bear Stearns, banco que pocos recuerdan.

Suele decirse que la última crisis financiera empezó con la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. La realidad es que el primer banco en caer fue Bear Stearns, para el que la Reserva Federal, con Ben Bernanke y la Secretaría del Tesoro, con Hank Paulson, buscaron un comprador de última hora, JP Morgan Chase. También trabajó como asesor de Freddie Mac, gigante hipotecario público, que hubo de ser rescatado por Obama para evitar una debacle mayor.

A la trayectoria profesional de Kudlow, explicada por algunos como “todo lo que toco, lo hundo”, se suma su fama de predictor o anticipador económico... que siempre se equivoca en sus predicciones. Existe hasta un libro dedicado a este menester: en Superforecasting (2015), Philip E. Tetlock y Dan Gardner, catedráticos de la Universidad de Pensilvania, escriben que “Kudlow es un experto que ha demostrado una gran consistencia en equivocarse… siempre, en una larga retahíla de predicciones sobre cuestiones sencillas en que las que, o bien el origen es la ignorancia o bien es la inflexibilidad de su ideología”. Por ejemplo: en 2000, Clinton (amigo suyo desde 1970, cuando Kudlow era demócrata) hubo de aumentar los impuestos para reducir el déficit público: el analista anticipó una recesión.

Esta no se produjo y George W. Bush heredó tres años de superávit presupuestario no vistos desde Kennedy. La explicación de Kudlow fue extraña, rocambolesca, porque atribuyó el mérito del crecimiento económico y del empleo no al presidente Clinton, sino a la fuerte bajada de impuestos y desregulación del presidente Reagan, hechas doce años atrás…

En 2008, tras las quiebras de Bear Stearns, Freddie Mac, Fannie Mae, AIG (todos rescatados por Obama más tarde con la Recovery Act de febrero de 2009) y Lehman Brothers, Kudlow sostenía que no había recesión a la vista y que George W. Bush era el mejor presidente en materia económica de la historia de América. Como sabemos, Kudlow se equivocó, pero no rectificó.

Su gran activo para el presidente Trump es que parece estar de acuerdo con él en todo y, lo que es más importante, no le lleva la contraria. La desregulación financiera y la bajada de impuestos de Trump son miel en los labios para Kudlow, quien se encuentra con el trabajo ya hecho: la guerra comercial con México, Canadá, China, Rusia, UE; la desregulación de la actividad de los grandes bancos de inversión y las bajadas de impuestos a ricos y grandes empresas ya están aprobadas y en marcha.

En este terreno tan importante, Kudlow no tiene mucho que aportar. Y, seguramente, su contribución al gabinete de Trump y al bienestar de la nación sean superfluos, cuando no inexistentes. Pero hará las delicias del presidente al halagarle los oídos y, versus David Stockman –que ocupó su puesto con Reagan, le llevó la contraria y hubo de dimitir– y Cohn –la misma historia, con Trump–, Kudlow solo tendrá que aportar una supuesta legitimidad a las opiniones del presidente en política económica, movilizando las docenas de think tanks y medios de comunicación conservadores en los que colabora, que dirán, al unísono, que las políticas de Trump son la causa de un crecimiento económico y una generación de empleo… que ya venían de Obama.

Kuzlow hará feliz a Trump, diciéndole lo que quiere escuchar. ¿Cacofonía de loros?

Jorge Díaz Cardiel es socio director Advice Strategic Consultants y autor de Clinton vs Trump y Trump, year one

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