Ellas también inventan y patentan

Ada Lovelace inventó la programación informática, Josephine Cochrane, el lavavajillas, Ángela Ruiz, el primer ‘e-book’... Un libro rinde homenaje a 90 científicas e inventoras

Ellas también inventan y patentan

La historia de la invención parece estar escrita siempre por hombres. Sin embargo, si se rastrea el archivo de patentes e inventos que han transformado la vida cotidiana se encuentran inventos firmados por mujeres. Por ejemplo, es una mujer, Ada Lovelace (Reino Unido, 1815-1852), quien a mediados del siglo XIX, matemática y poeta, escribió el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, por lo que se considera la primera programadora informática de la historia. De hecho, en 1979, el departamento de Defensa de Estados Unidos bautizó con su nombre, ADA, un lenguaje de programador.

Otra mujer, la ingeniera Margaret E. Knight (Estados Unidos, 1838-1914) inventó más de un centenar de aparatos, entre ellos, una máquina para fabricar bolsas de papel con el fondo plano, que a día de hoy se siguen usando en las tiendas de comestibles en Estados Unidos. Cuando estaba trabajando en la Columbia Paper Bag Company, se dio cuenta que serían mucho más prácticas este tipo de bolsas, por lo que diseñó este modelo y sobre todo el tipo de aparato para confeccionarla. Sin embargo, un empleado del taller le robó la idea y la patentó a su nombre, pero Knight interpuso una demanda que ganó.

¿Quién no tiene en su casa un lavaplatos automático? Pues bien, el invento es obra de la estadounidense Josephine Cochrane, quien daba fiestas en su casa de Shelbyville (Illinois), que el servicio doméstico no daba abasto fregando vajillas. Sin formación como ingeniera y llena de deudas, tras el fallecimiento de su marido, empleó todo su tiempo en una idea revolucionaria: diseñar el primer lavavajillas, que presentó en la Feria Universal de Chicago de 1893, con el que conquistó el mundo.

También el primer e-book de la historia es obra de toda una influencer española nacida en León en el siglo XIX, Ángela Ruiz Robles (1895-1975). Licenciada en Magisterio fue profesora y promotora de la máquina taqui-mecanográfica, el atlas lingüístico gramatical, pero sobre todo, la enciclopedia mecánica, que está considerada como la precursora del libro electrónico.

La historia de todas estas féminas se encuentra en libro Supermujeres, superinventoras (Lunwerg Editores, 19,95 euros), un homenaje, que rinde la escritora e ilustradora Sandra Uve, a más de 90 científicas e inventoras que han puesto su granito de arena para modernizar la sociedad. Son mujeres de todos los tiempos que, a contracorriente, lograron no solo patentar un invento, sino también conquistar su independencia. “A medida que iba trabajando en el libro, pensaba en las responsabilidades que tenían estas mujeres, que eran muchas y algunas poco agradables: tenían que mantener el hogar, cuidar, educar y criar a una familia, a veces con muchos hijos, acudir a las actividades que se consideraban femeninas, permitidas por los hombres, como reuniones para bordar o coser, o los clubes de lectura sobre normas de comportamiento femenino”, señala la autora, quien reconoce que diseñar un invento es “una tarea ardua, costosa y complicada, que en muchos casos necesita años para llevarse a cabo”.

Mucho más cercana en el tiempo es el proyecto desarrollado por la barcelonesa Cristina Casadevall de la Cámara (1985), que cuando estudiaba segundo de la ESO, desarrolló un material reciclado compuesto por cáscaras de frutos secos que mezclado con resinas y distintos materiales naturales se funde en una masa compacta. Una vez seca es un material resistente y ligero, más versátil que la madera. Puede ser un sustituto ecológico y sostenible. Su investigación demuestra que las ideas de los niños pueden ser también valiosas.

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