Una inaceptable y dañina guerra comercial que no beneficiará ni siquiera a EE UU

Además de romper las reglas de juego, Trump yerra al creer que la solución es blindar las importaciones

Un operario derrama acero fundido en un molde en una planta siderúrgica de la compañía australiana Backwell IXL.
Un operario derrama acero fundido en un molde en una planta siderúrgica de la compañía australiana Backwell IXL.

La declaración de guerra comercial en torno al acero y el aluminio efectuada por el presidente Donald Trump sacudió ayer violentamente los mercados bursátiles y desató las iras –plenamente justificadas– de su socios comerciales, comenzando por la propia Europa. La respuesta comunitaria al anuncio de que Washington aplicará aranceles del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio no se hizo esperar, y no ha sido suave. Bruselas anunció el viernes un castigo de 2.800 millones de euros sobre las exportaciones estadounidenses a Europa, una reacción justificada ante una medida inaceptable que amenaza con desintegrar las ya maltrechas relaciones trasatlánticas. Bruselas no cree al presidente de EEUU cuando este justifica en necesidades de seguridad nacional la decisión de blindar la industria siderúrgica con unos aranceles que quiebran las normas de la OMC y pueden dañar seriamente la economía mundial. Y la industria europea teme, con razón, un efecto rebote que eleve el montante de las importaciones de productos siderúrgicos en la UE.

El anuncio de Trump es una respuesta equivocada a la presión que ejerce  principalmente China como agresiva potencia siderúrgica mundial. Las cifras que maneja Bruselas cifran la capacidad de producción de Pekín en 350 millones de toneladas anuales, el doble del consumo anual de toda la UE. Se trata de una marea siderúrgica que ha inundado con virulencia el mercado estadunidense y que muy probablemente intentará volcar ahora toda su fuerza sobre Europa. Además de la ruptura de reglas de juego comerciales que supone la decisión, Trump yerra al creer que blindar las importaciones solucionará el problema. El presidente no parece haber calculado las dañinas consecuencias que ese movimiento unilateral provocará en la economía mundial, las represalias por parte de sus socios y el efecto que la medida tendrá inlcuso en el precio del acero y el aluminio en EE UU. Europa acierta al responder con fortaleza, pero también con serenidad, a una decisión que es perjudicial para todos.

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