Señor juez: confieso que el ‘procés’ era mentira

El empecinamiento de Puigdemont bloquea una salida al embrollo.

Otro desafío a la ley sería suicida

Uno de los manifestantes en apoyo a los dirigentes independentistas presos, en el acto convocado el pasado día 4 por Ómnium y ANC en Sant Vicenç del Horts, el pueblo barcelonés del que fue alcalde Oriol Junqueras.
Uno de los manifestantes en apoyo a los dirigentes independentistas presos, en el acto convocado el pasado día 4 por Ómnium y ANC en Sant Vicenç del Horts, el pueblo barcelonés del que fue alcalde Oriol Junqueras.

Señor juez: la cárcel es muy dura. Todo esto ha sido un malentendido. O quizás un error de cálculo. Medimos mal las fuerzas. Nosotros subestimamos la capacidad del Estado de pararnos los pies, y subestimamos la dureza del mazo de la justicia. Igual que antes el Gobierno central había subestimado nuestra capacidad de organizar el 1 de octubre y nuestra determinación a llegar hasta la declaración unilateral de independencia de Cataluña.

Señor juez: cuando Junqueras y Sáenz de Santamaría mantenían abierto su teléfono rojo no esperábamos llegar a esto. Hoy, ya ve, Junqueras sigue preso porque ni quiso fugarse como Puigdemont ni quiso renunciar a sus principios como estamos haciendo los demás. Entiéndanos, señor juez: no somos unos cínicos. Tenemos una familia que nos espera en casa, una vida profesional, un patrimonio que podemos perder. No vamos a inmolarnos. No sacrificaremos todo nuestro futuro por el procés.

Señor juez: confieso que el procés era mentira. Puro electoralismo. Populismo si quiere llamarlo así. Engatusamos a nuestra gente, sí, cuando le hicimos creer que era posible una república independiente aquí y ahora. Era una bandera a la que agarrarse, un elemento de alta intensidad emocional que servía para movilizar a nuestros votantes. Nos reforzaba. No sabíamos qué hacer al frente de esa marea. 

Señor juez: es verdad que había un apoyo popular creciente a la independencia desde la sentencia del Estatut y nosotros nos empleamos a fondo para alentarlo. Pero si no les hubiéramos dicho que íbamos a proclamar la república en 18 meses al iniciarse la legislatura tampoco iban a exigírnoslo. Pero se lo prometimos. Llevábamos demasiados años compitiendo en una subasta de quién era más independentista. Hasta la Convergència de Artur Mas, que muy poco tiempo antes del gran giro decía que la independencia era un concepto anticuado, se apuntó corriendo a la causa, no fuera a perder las elecciones ante ERC.

Señor juez: con esta loca carrera nos queríamos asegurar al menos el poder autonómico, agrupar a nuestra gente y tratar de forzar alguna negociación con el Estado. Pero unos nos empujábamos a otros, necesitábamos a la CUP y nos metimos en una dinámica que no era fácil parar. Bueno, sí, casi para, Puigdemont estuvo a punto de frenar en seco el día anterior a la DUI y el 155. Pero se arrugó al oír gritos de botifler en la calle y no consiguió que nadie le garantizara que se libraría de la causa judicial. Mire que el lehendakari Urkullu hizo todo lo posible por ahorrarnos este desastre. No le hicimos caso.

A la mañana siguiente a la DUI, solo los más ingenuos se creían en un país independiente


Señor juez: esto se nos fue de las manos. Cuando excitas a la ciudadanía con la perspectiva de vivir un momento cumbre de la historia no es tan fácil decir luego: no, no podemos tener la república, volveremos a negociar sobre competencias y financiación, como mucho alguna reforma constitucional. Tampoco podíamos dar la vuelta cuando ya habíamos impuesto un relato victimista en torno a los incidentes del 1 -O. Jugamos sin medida a presentar el 1 de octubre como otra Semana Trágica, otro 1714. Exageramos las cifras de heridos incluyendo a quien se puso nervioso viendo las cargas en televisión. No sirvió, o muy poco, para ganar simpatías internacionales, ese fue otro error de cálculo. El sentimiento de humillación de los nuestros lo seguimos explotando, eso sí.

Señor juez: nos lanzamos al vacío sabiendo que todo era mentira. En aquellas dos noches de septiembre en que desafiamos al Constitucional y el Estatut, cuando la oposición abandonó sus escaños y quitamos las banderas españolas que habían dejado allí,cuando ignoramos el criterio de los letrados y del consejo consultivo, sabíamos que no íbamos a ser una república, al menos no así. Cuando aprobamos la ley del referéndum, en la que decíamos que el 1-O era vinculante y que se fundaría la república en 48 horas, sabíamos que era mentira. Cuando aprobamos la ley de transitoriedad, esa especie de Constitución provisional, sabíamos que no iba a aplicarse. Decíamos que cumpliríamos al milímetro la hoja de ruta. Ahora decimos que todo era simbólico, que no iba a tener fuerza legal. Que era mentira.

Señor juez: la mañana del sábado siguiente a la DUI, solo los más ingenuos se creían que vivían en un país independiente. Ni siquiera descolgamos la bandera española de la Generalitat. Cuando se publicó la intervención de la autonomía por el artículo 155, la diputada que quitaba banderas tuiteó que el BOE podía decir misa, porque Puigdemont era ya jefe de otro Estado. Pobre. Se lo había creído.

Señor juez: la mañana del lunes siguiente a la DUI no había ningún tipo de resistencia organizada al 155, ni siquiera grandes protestas. Ni un solo funcionario iba a poner en peligro su empleo.
Señor juez: tampoco acertamos a prever el efecto en la economía. Las empresas y los mercados habían estado tranquilos hasta octubre. Nosotros mismos les tranquilizábamos diciendo que no había de qué preocuparse. Cuando anunciábamos que íbamos a recaudar todos los impuestos, era mentira. Pero después del 1-O hubo desbandada. Se fue hasta La Caixa, que es como si se fuera el Barça. Y, en el Barça, Messi retrasó su renovación hasta incluir una cláusula por si se quedaba fuera de la Liga. No sé si nos hubieran perdonado perder a Messi. Lo demás sí.

Señor juez: ya ve que incluso después de demostrarse que la república era mentira, y que el intento iba a salir muy caro, nuestra gente nos sigue votando. Conseguimos fidelizar a la parroquia. No hemos logrado la independencia, pero no hay quien nos mueva del poder autonómico. Claro está, salvo que Puigdemont lo estropee todo otra vez y no se pueda levantar el artículo 155.

Señor juez: con su fuga a Bruselas, Puigdemont nos terminó de empujar a la celda a los que nos quedábamos. Y ahora, con su empeño en ser investido por Skype, está bloqueando cualquier salida al embrollo. Si se fija, se está quedando más solo. Pero se siente fuerte porque le votaron más que a Junqueras.

Señor juez: sabemos que otra legislatura de desafío a la legalidad sería el suicidio de la autonomía y de los líderes nacionalistas. Por eso se bajan del barco Forcadell, Mundó y hasta Artur Mas, que es el que inició todo esto y ahora marca distancias.

Señor juez: sabemos que con un 47% del voto no se puede romper con el Estado. Se puede gobernar la autonomía, presionar por más autogobierno, negociar duro en Madrid. Y poco más. En algún momento tendremos que hacer como el PNV después del plan Ibarretxe. Le ha ido muy bien, pero para hacer ese camino primero se libraron de Ibarretxe.

Señor juez: los encarcelados ya hemos cambiado el mensaje. Acatamos el orden constitucional. Alejamos el horizonte de la independencia. Falta que lo hagan los de fuera. Deberían estar en ello. Es la única esperanza.

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