Moda
Clemente Gómez de Zamora.

Clemente Gómez de Zamora: “Hay que fomentar el lujo asequible”

Ha sido uno de los pioneros en distribuir marcas internacionales de lujo y del sector de la moda en España

Hoy, su empeño es crear una fuerza comercial en el barrio de Salamanca

Empezó a trabajar con 14 años, a la misma edad que dejó de estudiar y comenzó a vender productos textiles por toda España, acompañado de su hermana que tenía carné de conducir. Clemente Gómez de Zamora (Madrid, 64 años) se ha dedicado toda su vida profesional –ahora está retirado de sus funciones ejecutivas– a distribuir firmas de moda extranjeras en España, entre ellas, Hugo Boss, Ungaro, Valentino, La Martina, Harmont & Blaine, Cremieux..., aunque hoy la marca estrella de la compañía es Barbour. La firma de distribución Ogoza también ha creado sus propias marcas de ropa, como Tenkey, desarrollada por la nueva generación de la familia.

¿Con qué objetivo nace Distrito 41?

Todo esto arrancó hace diez años, a iniciativa de una serie de comerciantes de la calle Jorge Juan, entre los que se encuentran Sandro Silva, el propietario de El Paraguas; el del restaurante del desaparecido Alkalde, o el de El Amparo, que creamos una asociación. Éramos seis, y ahora hemos decidido comenzar una nueva etapa, ampliando la zona de cobertura, con el fin de que seamos más socios y desarrollemos una filosofía y estrategia para la zona, compuesta por seis barrios, desde Ortega y Gasset y que abarca casi todo el barrio de Salamanca. No queremos que sea muy extenso, sino que haya más comercios que se identifiquen con nuestra filosofía.

¿Cuáles son esos principios que quieren desarrollar?

Queremos fomentar el lujo asequible, que vaya dirigido a un cliente que no sean jugadores de fútbol ni toreros, sino gente a la que le guste la ropa. Tenemos 30 socios en este momento y queremos doblar esa cifra en el plazo de seis meses. Para ello, bajaremos la cuota de los 200 a los 150 euros al mes, a partir de este mes de enero, a la vez que colaboramos con campañas del Ayuntamiento de Madrid para apoyar el comercio y atraer turismo, así como la edición de una revista que se entrega a los clientes. El objetivo es poner a la zona de Jorge Juan en el punto de mira de todo el turismo internacional. Si se compara con otras calles, como la de Hermosilla, que era importante y se ha quedado diluida, esta zona se ha convertido en un punto de atracción para los turistas, sobre todo latinoamericanos.

¿Han solucionado el conflicto que tenían los propietarios de los restaurantes con los vecinos, que se quejaban del ruido y de la invasión de coches?

Los vecinos son tanto o más importantes que la actividad que se desarrolla en la zona, pero no hay que olvidar que el comercio de la calle es lo que le ha dado el desarrollo y el prestigio a esta área. Ha habido conflictos con la restauración, pero se han eliminado los aparcacoches, un sacrificio que se ha hecho porque el cliente quiere llegar a la puerta del restaurante, aunque ha tenido un efecto positivo. Todas las terrazas tienen licencia, pero el problema muchas veces es lo que tardan las licencias, y luego en adecuarlas a las exigencias municipales. Lo que trato es de estimular el diálogo y comprensión de los vecinos. Por ejemplo, París es una ciudad que es todo terraza. Tampoco ha aumentado el número de restaurantes en la zona, lo que sucede es que ahora tienen más éxito. No olvidemos que El Paraguas es un icono en el mundo.

¿Dónde radica el éxito de la calle?

Es una mezcla de todo, de moda, gastronomía, un lugar agradable para pasear, es íntima, es la zona más francesa de la ciudad, con las terrazas bien puestas. Sandro Silva es un motor, como también lo pueden ser mis siete tiendas, el primer disparadero para que la gente venga aquí. Tienes una oferta homogénea, a pesar de que los alquileres no son baratos y de que la situación del comercio no es fácil. Sandro ha descubierto un nicho propio dentro de la restauración, en vez de copiar el mismo esquema, ha desarrollado diferentes planteamientos en el mismo lugar. Además, siempre está trabajando, al pie del cañón.

¿Qué ha aportado usted al mundo de la moda en España?

No quiero ser falso modesto, pero he contribuido al desarrollo de marcas internacionales. La tercera generación es la que ha afrontado la crisis, pero lo ha hecho con los mismos principios de coherencia y de servicio. Me gustaría que la empresa continuara, que se pasase el testigo a mis nietos, ya que el reloj de esta marca no es de aquellos que lo gestionan, sino que es de la siguiente generación.

¿Ha recibido ofertas para venderla?

Siempre hay ofertas, pero no me gustaría que se vendiera, aunque no se puede decir de esta agua no beberé. La familia es un elemento muy importante. Yo llevo casado 47 años con la misma mujer y soy tremendamente feliz. Yo soy una persona bastante primaria, discreto, pero sé que el grupo es importante dentro del sector, pero yo nunca he estado en festejos, siempre trabajando. Lo que sí que hemos hecho ha sido abrir el mercado de la moda a marcas internacionales, que hasta entonces eran elitistas. Todo esto fue posible gracias a la visión de mi padre, que fue pionero, en una época en la que había campañas para que se adquirieran solo productos españoles, porque a los importadores no se nos consideraba. El sector textil, con el éxito de Zara, de Mango, de Cortefiel, ha tenido un gran éxito en los últimos años, y se ha conseguido porque siempre hay un visionario, siempre hay alguien que lo interpreta antes que los demás. Zara ha sabido interpretar una situación decenas de años antes que los demás.

¿Qué es el lujo para usted?

En nuestro sector es apreciar las cosas dentro del nivel que se tenga, puede ser desde un Rolex para Ronaldo a un Swatch para un nieto mío. El lujo va relacionado con lo que te hace ilusión, no con el dinero. Es un error relacionar el lujo con el dinero, hay que hacerlo con la satisfacción de un deseo.

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