Cómo gestionar el fracaso del independentismo

Tras depurar responsabilidades, el Gobierno debe ofrecer una reforma de la Constitución

independencia Cataluña
Concentración en las inmediaciones del Parlamento de Cataluña, en Barcelona, el 10 de octubre.

El desafío independentista ha sido neutralizado, y el revés legal, financiero e incluso mediático de Carles Puigdemont es casi total. El Fondo Monetario Internacional no solamente ha mantenido la previsión de crecimiento para España de 3% para 2017, sino que la ha revisado al alza para 2018, aunque el Gobierno la ha rebajado en tres décimas por la crisis en Cataluña.

La llegada de turistas a España hasta finales de julio aumentó en un 11% respecto a 2016. En 2017, alcanzaremos los 80 millones de turistas (75 millones en 2016) y batiremos el récord de llegadas por séptimo año consecutivo, consolidándonos como la segunda potencia turística del mundo después de Estados Unidos. La economía superará nuevamente las previsiones de los organismos internacionales porque nuestro ritmo de crecimiento de exportaciones (9% de enero a julio) sigue superando al de la Unión Europea, eurozona, Alemania, Francia e Italia. El rendimiento del bono a diez años (1,58%) incluso ha bajado después del referéndum y se mantiene en mínimos históricos. La olvidada prima de riesgo con Alemania es de 119 puntos. España encadenará tres años consecutivos de crecimiento del PIB superior al 3%, hito que ninguna gran economía desarrollada ha conseguido desde 2014.

Con un crecimiento sostenible equilibrado y con cinco motores funcionando a un ritmo muy alto (exportaciones, consumo interior, inversión, inversión nacional, inversión extranjera, turismo), lo único que el independentismo catalán puede lograr es generar titulares internacionales cada año durante unos días con referéndums ilegales sin legitimidad alguna porque se dejó votar en cualquier colegio y sabiendo que los contrarios no votarán.

El único error del Gobierno fue no retirar antes a la Guardia Civil y dejar que la chapuza del 1 de octubre fuera aún más evidente. El señor Puigdemont previsiblemente no contestará a la pregunta del presidente del Gobierno ni con un sí ni un no, sino que se remitirá a la declaración del Parlamento de Cataluña u otra fórmula que mantenga una ambigüedad calculada que le permite, entre otras cosas, ganar tiempo para gestionar el fracaso entre los suyos.

A pesar de los lamentables enfrentamientos, ningún país del mundo reconoce la independencia de Cataluña, y la postura de las instituciones europeas es también tajante. Llaman al diálogo porque siempre es aconsejable rebajar tensiones, pero la Comisión, Francia y Alemania han reiterado su negativa a aceptar la hipotética independencia de una Cataluña que además quedaría fuera de la Unión Europea.

Desde 2008, 30.000 empresas han abandonado Cataluña. CaixaBank, Banco Sabadell, Gas Natural, Axa, el Grupo Planeta y Catalana Occidente son solo algunas de las multinacionales catalanas, españolas y de otros países que han trasladado su sede legal a otra comunidad autónoma.

Sí que hay que felicitar al independentismo catalán por su tenacidad ante sus reiterados fracasos. El liderazgo independentista y la burguesía catalana saben que perderán siempre un pulso a la economía española y los mercados financieros. Pero siguen confiando en lo que denomino la teoría del caos. Esperan que el brexit, el distanciamiento relativo entre Estados Unidos y la UE, la imprevisibilidad de la Administración Trump, las tensiones geopolíticas derivadas por la amenaza que plantean Corea del Norte e Irán, las maniobras de Putin para dividir al mundo occidental e interferir en procesos electorales y cualquier fenómeno o hecho que debilite el orden internacional basado en la primacía de la economía de mercado y la democracia y el papel de las instituciones internacionales relativice una independencia de Cataluña cuyos efectos perjudiciales pasarían desapercibidos.

Pero Theresa May ya ha aceptado que Reino Unido no podrá desconectarse de la UE por completo hasta 2021. Los países democráticos están reaccionando a los ciberataques e interferencias rusas. El Senado de Estados Unidos impuso sanciones a Rusia con 98 votos a favor y dos en contra, y la Cámara de Representantes añadió una medida que le permite bloquear cualquier intento de debilitarlas por parte del presidente por 419 votos contra tres. Trump, en el mejor de los escenarios para él, se mantendrá en la Casa Blanca hasta noviembre de 2020.

Pero hay que saber gestionar los sentimientos de los catalanes que, a pesar de todos los argumentos expuestos, se sienten frustrados. Los estadistas son capaces de no humillar sino incentivar al rival derrotado. Por ello, el Gobierno, con el apoyo del PSOE, debería ofrecer al Gobierno de Cataluña –después de depurar las responsabilidades legales por la organización del referéndum– una reforma de la Constitución que incluya una referencia a la plurinacionalidad de España, límites a los mandatos de los diputados y senadores (también en las comunidades autónomas) y una fórmula que garantice el cumplimiento de inversiones del Estado en las comunidades. En este sentido, se debe crear un mecanismo que distribuya la inversión del Estado según la población, aportación al PIB, renta per cápita y objetivo de las inversiones de la UE.

Desde 2012, Cataluña ha recibido casi una tercera parte de las inversiones del Estado (66.000 millones de euros del total de 217.000 millones) destinadas a todas las regiones. Para fomentar que las empresas y el talento fluyan hacia Cataluña será necesario un pequeño Plan Marshall.

Alexandre Muns es profesor de la OBS Business School.

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