consumo Ampliar foto

Qué hay detrás del recorte de la desigualdad en el consumo de ricos y pobres

Las familias más pudientes recortaron su gasto un 17,2% y las de renta baja, un 7,6%

La reagrupación de familias por la crisis y frenó la caída de sus compras

Uno de los efectos de la crisis sobre los que más se ha hablado es el aumento de la desigualdad desde 2008. Sin embargo, si solo se analiza el consumo de las familias, esta desigualdad se ha reducido entre 2007 y 2015.

Así lo indica un análisis de BBVA Research que ha utilizado los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los nueve años analizados las familias “más favorecidas” –representadas por el 10% de los hogares con mayor consumo medio equivalente– redujeron su consumo total un 17,2%; mientras que el gasto de los hogares “más desfavorecidos” –formado por el 40% de familias con menor consumo medio– recortaron sus compras un 7,6%.

Esta evolución opuesta en gasto de las familias más y menos favorecidas se ha traducido en un recorte de la desigualdad del consumo del 9,7%, según el Ratio de Palma (utilizado estadísticamente para medir este tipo de desigualdad).

Pero ¿qué hay detrás de estos números? ¿Cuáles son los motivos que, en un escenario de aumento de las desigualdades de renta, hacen que las diferencias en el consumo entre familias ricas y pobres se acorten?

El estudio de BBVA Research elaborado por los investigadores Miguel Cardoso y Myriam Montañez encuentra tres claras causas para este efecto:

  • Reagrupación familiar. La crisis económica hizo que el número de personas mayores de 18 años se incrementara en los hogares menos desfavorecidos. El paro y la pérdida de ingresos “habrían obligado a una parte de la población a tener que compartir nuevamente una vivienda”. De hecho a pesar de que el tamaño medio de los hogares disminuyó en general en todo tipo de rentas, por causas sociológicas, durante la crisis esta reducción del número de miembros se produjo en mucha mayor intensidad en las familias más favorecidas (con un recorte del 6,3%) que en el de las más pobres, cuyo tamaño disminuyó un 1%.

Así la reagrupación familiar supuso un freno al recorte del consumo en los hogares menos favorecidos. Hasta el punto que este estudio considera que es “la variable que contribuye más a explicar la reducción de la desigualdad en el consumo”.

  • Mejora educativa. Entre 2007 y 2015 el volumen de hogares desfavorecidos dónde el cabeza de familia tiene al menos estudios secundarios experimentó un fuerte crecimiento. Esta mayor educación podría haber impulsado en estas familias el uso de instrumentos financieros (como los préstamos) para suavizar el impacto de la crisis sobre el gasto. Asimismo, un mayor grado de formación, habría llevado a muchos cabezas de familias más pobres a “considerar los beneficios de invertir en determinados gastos como salud o educación”. Ambos efectos habrían llevado a mantener el nivel de consumo más elevado; y, en consecuencia, a acortar las desigualdades de gasto con las familias de más renta.
  • El efecto género. En el periodo analizado hubo un mayor crecimiento de las mujeres como cabeza de familia de los hogares más favorecidos. Y, dado que, “una amplia evidencia demuestra que las mujeres se encuentran en desventaja frente a los hombres en el acceso a activos, crédito o empleo (...) esto podría reducir relativamente más el consumo de esa parte de la población, acortando la desigualdad en el gasto”, explica el estudio.

Otros resultados son posibles

El indicador de desigualdad utilizado por el análisis de BBVA Research no incluye el consumo de bienes y servicios públicos. Si se tuvieran en cuenta, los resultados podrían ser distintos. Según explican los autores del estudio, “la fuerte caída en el gasto de las familias más favorecidas podría haber sido compensada con un aumento en el consumo de bienes y servicios públicos”. Esta consideración afectaría especialmente a los gastos en sanidad y educación. En este caso, de haber incluido este tipo de consimo de servicios públicos, la desiguadad en el gasto de las familias no se habría recortado tanto.

Normas
Entra en EL PAÍS