Crece la reacción al monopolio de Google y otros titanes de Internet

El despido de un crítico con el dominio del buscador señala que la batalla se endurece

Barry Lynn trabajaba en el ‘think tank’ New America, financiado en parte por Alphabet

Reflejo del logo de Google en una oficina situada enfrente de su sede, en Irvine (California, EE UU).
Reflejo del logo de Google en una oficina situada enfrente de su sede, en Irvine (California, EE UU).

La salida de un crítico de los monopolios de Internet de un think tank de Washington financiado por Google indica que habrá una batalla mayor en torno a la concentración de influencia.

Los titanes online afirman que hay opciones rivales fácilmente disponibles, que la gente elige las suyas, y que proporcionan útiles servicios gratuitos o baratos. Los reguladores de EE UU generalmente han evitado meter baza; en Europa, la visión ha sido más escéptica.
La multa de 2.420 millones de euros de la Comisión Europea a Google a principios de año por favorecer sus propios servicios ha envalentonado a los críticos de EEUU, como Barry Lynn, que trabajaba hasta ahora en la New America Foundation, un think tank financiado en parte por Google. Lynn, que dirigía el programa Open Markets de la fundación, apoyó públicamente la sanción de la CE. Fue despedido la semana pasada, aunque New America negó que fuera por la presión de Google, como informó el New York Times.

Las grandes tecnológicas no son monopolios tradicionales. Las barreras de entrada son bajas –en teoría. Pero los efectos de red tienden a concentrar el mercado. Es una concentración de poder, no solo de dinero. De ahí las quejas europeas contra las prácticas de Microsoft en el pasado, por ejemplo, o ahora contra Google. A los Gobiernos les preocupa su alcance transfronterizo, que les permite minimizar los pagos de impuestos. Sectores enteros pueden sufrir en Bolsa si Amazon entra en un nuevo negocio. Y también está la cuestión de la privacidad.

Open Markets ha sido solo una de las voces críticas. Puede ser ingenuo pensar que las compañías financiarán think tanks que defiendan ideas contrarias a sus intereses. Pero este incidente puede hacer al público más escéptico con la pretendida benevolencia de Silicon Valley. Eso podría estimular a las tecnológicas a impulsar sus grupos de lobby, en los que invierten mucho menos que las telecos, que se han enfrentado al escrutinio regulador durante décadas. Mientras, consumidores y legisladores verán cada vez más razones para controlarlos. Les tocó a los gigantes del petróleo también. La próxima gran pelea podría ser en Internet.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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