¿Quién eres hoy, América?

El presidente de EE UU no consigue sacar adelante sus reformas, mientras se le acumulan las causas jurídicas

Donald Trump
El presidente de EE UU, Donald Trump.

Durante los ocho años de presidencia de Barack Obama, muchos pensamos que empezaba una nueva era en todos los ámbitos. Menos tensiones raciales, vuelta al crecimiento económico, generación de empleo, sanidad universal, mejores relaciones con el resto del mundo, etc.

Incluso, gracias a la eficacia legislativa de Obama, la ilusión de que su legado se mantuviera en el tiempo llegó a convertirse en convicción, que no en certeza. Sanidad, paz, empleo y mejores salarios, energías limpias, reforma de Wall Street y mayor control de los bancos parecían logros inamovibles y muchos son los libros que así lo reflejan.

Sin embargo, sea en internet o en papel, charlando en el ascensor o paseando por la calle, se aprecia muy fuertemente que, con el nuevo presidente, se ha iniciado una nueva era que pretende romper radicalmente con la anterior. Aunque solo fuera porque los presidentes americanos, en agosto, suelen dar poco que hablar y, sin embargo, el presidente Donald Trump provee a medios de comunicación y redes sociales de mucho sobre lo que comentar. Obama no dio lugar a ningún escándalo de ningún tipo. Su presidencia fue intachable en ese sentido.

Desde enero de 2017, en cambio, se han abierto melones de gran calado. El más obvio, como comentamos la semana pasada, es el del racismo. Se habla del racismo hacia los afroamericanos y es cierto. En términos electorales suponen un 12%.

Pero nadie se fija en el racismo hacia los hispanos, que ya son el 13% del electorado y que no son “todos violadores, asesinos y traficantes”. Tan solo en Las Vegas (Nevada), por donde pasan cada mes 40 millones de turistas, hay dos millones y medios de latinos y latinas sirviendo mesas, limpiando habitaciones, recogiendo la basura...; como solía decir el senador Ted Kennedy: “Muy bien, expulsamos a los 11 millones de hispanos que trabajan ilegalmente en Norteamérica. ¿Quien recoge la basura de las calles al día siguiente?”. Kennedy abogaba por legalizar a esos hispanos, por un motivo moral (otorgarles la ciudadanía merecida) y por una razón práctica (siendo legales pagan impuestos y seguridad social).

Hay pleno empleo en Estados Unidos y, hasta los ancianos que perdieron sus ahorros de toda la vida y sus planes de pensiones, trabajan con 85 años y más como conserjes, guardias de seguridad o dependientas. Y dan gracias a Dios porque tienen trabajo. La Gran Recesión de 2007-2009, de la que los banqueros se fueron de rositas, fulminó el sueño de una vejez en paz para millones de personas muy mayores. Puedo tanto acudir a las estadísticas de la EPA americana, a las encuestas de la Universidad de Michigan y las de Gallup y Advice Strategic Consultants y, también, a mis docenas de conversaciones con esas personas que ponen nombre, cara y ojos a las estadísticas.

Decía antes que Barack no dio que hablar negativamente. En el caso del actual presidente, no ya los medios, sino la gente de la calle normal se lleva las manos a la cabeza: en meses, ha cambiado a cinco miembros clave de su equipo, lo cual bate récords. Ni Bush ni Reagan hicieron eso. Y los Clinton siempre se han rodeado de personas muy leales a ellos.

Los demócratas, en minoría en la Casa de Representantes y en el Senado y en el Tribunal Supremo no dan crédito y se frotan los ojos incrédulos. Los republicanos tienen en sus manos los tres poderes del Estado pero son incapaces de sacar adelante ni su reforma de la sanidad que sustituya Obamacare, ni la ley de inmigración que expulse a 11 millones de hispanos, ni la reforma financiera que acabe con la ley Dodd-Frank de julio de 2010, no consiguen aprobar el presupuesto para el año que viene ni aumentar el techo de gasto que evitaría el cierre del Gobierno. Este problema lo tuvo Obama con los republicanos todos los meses de agosto desde 2011 a 2016. Pero, estando al frente de los republicanos un hombre de Estado y sensato como John Boherner, los poderes ejecutivo y legislativo siempre se pusieron de acuerdo, aunque el líder de la minoría republicana en el Senado entonces, Mitch Mc’Connell tuviera por objetivo “echar a Obama de la Casa Blanca”. Ironías del destino, resulta que, el actual inquilino de la Casa Blanca, republicano, no para de llamar inútil a Mc’Connell y quiere echarle del Senado, aunque su mujer forme parte del gabinete “porque es incapaz de sacar adelante una sola de mis leyes”, trina Donald Trump.

No le falta razón al presidente. Con los tres poderes del Estado en manos republicanos, Montesquieu, en Estados Unidos, podría darse por amortizado y los conservadores aprobar todas las leyes que quieran porque no tienen oposición. Los demócratas, por no tener, no tienen ni líder. Sin embargo, con todos los ases en la manga, el presidente Trump tiene el índice de eficacia legislativa más bajo de la historia. El récord positivo (conseguir aprobar más leyes) lo tienen, por este orden, el presidente Johnson (LBJ) y Obama.

Con razón, Trump está enfadado, aunque si recordara las lindezas que dedicó a sus 16 contrincantes republicanos en la campaña electoral (la tortuga Bush, el mentiroso Cruz, El Niño Rubio, la fea de Fiorina...). Entre 2015 y 2017, Trump se ha creado muchos enemigos en el partido que representa. Uno de sus primeros despidos ha sido su jefe de gabinete, Rince Priebus, que fue presidente del partido. A McCain le insultó en campaña “por dejarse capturar y torturar cinco años en la guerra de Vietnam. Es un perdedor”. Donde las dan las toman y, recién operado de un tumor cerebral, McCain se va del hospital al Senado a votar contra la reforma sanitaria de Trump, cuya ley no salió adelante por un voto...

El presidente está solo o, más bien, está acompañado de aquellos que con fidelidad absoluta le siguen la corriente, es decir, su familia, que ocupan puestos muy importantes en el Ala Oeste de la Casa Blanca. Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner, son buenos ejemplos de ello. No así su mujer, Melania Trump, que no solo goza de altos índices de popularidad sino que afirma “no estar de acuerdo en todo con mi marido”. Ivanka y Kushner son personas exitosas y muy inteligentes. Ese no es el problema. La cuestión se llama nepotismo, de lo que ya se acusó a John Kennedy cuando nombró fiscal general a su hermano Robert.

Y a Trump se le acumulan las causas jurídicas. Aún no ha hecho públicas sus declaraciones de Hacienda, un fiscal especial (Bob Mueller, exdirector del FBI con Clinton, Bush y Obama) ha convocado al gran jurado para investigar la “trama rusa del presidente” y las prueban aumentan a diario...

Me llama la atención que Trump (que tampoco ha sacado adelante su plan de infraestructuras para estimular crecimiento y generar empleo) hable tan poco de economía, que es lo que más importa siempre a los norteamericanos. El presidente se arroga el mérito de haber creado un millón de empleos en ocho meses y crecer al 2,6%. Se le olvida decir que esa es la tendencia mantenida por Obama no durante ocho meses sino ocho años, por lo que cualquier economista imparcial reconocería que Trump, que aún no ha hecho nada en materia económica (su reforma fiscal también está en el aire), vive de las rentas de la política y logros económicos del presidente Obama.

Una cosa si ha conseguido el presidente Trump: que el primer ministro israelí (le quedan dos telediarios en el puesto, acusado de corrupción), Benjamín Netanyahu reciba a su yerno, judío practicante, inmediatamente, para solucionar el conflicto de Oriente Medio. Netanyahu ni se hablaba con Obama porque este le cantaba las cuarenta por la cuestión de los asentamientos judíos en tierras palestinas. Intuyo que Kushner hablara con el primer ministro de Israel de cualquier cosa excepto de eso.

En el ámbito empresarial, es muy preocupante que los principales directivos de América, en todos los sectores, no se hablen con el presidente. En el caso de las tecnológicas es casi obvio: Trump sabe de ladrillos y los presidentes de Apple, Google, Facebook, Amazon y Microsoft, de inteligencia artificial. Viven en universos paralelos, como Matrix.

Y, por ultimo y muy importante, el presidente anuncia una nueva política con Pakistán, para que colabore con Estados Unidos en la lucha contra el yihadismo terrorista. Que se preparen los pakistaníes porque si a un loco asesino como Kim Jong-un, Trump le puso las pilas con menciones bíblicas de “fuego y furia”, a Pakistán, que dio albergue a Osama bin Laden hasta que Obama dio cuenta de él, más les vale cambiar a los pakistaníes su política ambigua hacia terroristas, talibanes y demás gentes de mal vivir. Porque si Trump patea a su correligionarios republicanos..., ¿qué no hará con ellos, que dan cobijo a terroristas?

Como dice mi amigo el teniente general marine, que se va recuperando, “muchos presidentes, cuando tiene problemas en casa, montan guerras en el exterior”. Ya hay 12.000 marines en Afganistán y otros 4.000 están en camino. Es solo el principio.

Jorge Díaz Cardiel es socio director Advice Strategic Consultants.

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