Consumo doméstico
Evolución de la cesta de la compra del IPC Ampliar foto

Así ha cambiado en la última década la cesta de la compra de los españoles

La alimentación pierde peso en el cálculo del IPC y lo gana el gasto en alquiler

El desarrollo tecnológico marca cada vez más el consumo

Cualquiera que haya nacido en la segunda mitad del siglo XX recordará las caratulas que inundaban los videoclubs de barrio, o los CD grabables que se identificaban con un rotulador permanente. Ni Netflix ni Spotify existían entonces. Lo mismo ocurre con el brandy, los casetes y las videocámaras: bienes de consumo que forman parte de la memoria colectiva de la población y que han ido desapareciendo de la cesta de la compra y, por tanto, del cálculo del IPC.


El consumo doméstico está sujeto a múltiples variables (sociológicas, económicas, etcétera); cambia en el tiempo, algunos productos salen y otros se incorporan. Los modos de vida de la población, la crisis económica y los avances tecnológicos son algunos factores que condicionan el gasto de las familias.


En España, para medir la inflación, el IPC establece un cómputo de bienes y servicios que considera representativos en el consumo de los hogares, los clasifica en grupos y pondera el peso de cada uno. Las ponderaciones revelan la media del gasto que dedican las familias españolas a los distintos bienes y servicios. Es un índice de actualización mensual.


La Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) es un sondeo de periodicidad anual que cubre aproximadamente 24.000 hogares y que desde el año 2002 constituye la principal fuente de información para la elaboración de las ponderaciones del IPC. El Instituto Nacional de Estadística (INE) es el encargado de la realización de ambos indicadores.


La base metodológica del IPC no se ha mantenido estática a lo largo de los años. Cada cierto tiempo se actualiza para lograr una adaptación más eficiente al mercado. Actualmente, se calcula con base 2016, siendo las anteriores 2011, 2006 y 2002. Los primeros datos son de julio de 1936.

La base 2016 recoge un total de 479 artículos, frente a los 489 de la precedente. El brandy, la videocámara, o el DVD grabable salen del cómputo; mientras que los servicios online de vídeo y música o las cápsulas de café monodosis se incorporan. “Los aspectos que repercuten en la composición, a la vista de los cambios producidos en los últimos años, son de carácter tecnológico”, señala Juan José Pintado, profesor del Centro de Estudios Financieros.

Según la base de 2006, que contaba con 491 artículos, siete más que en 2001, las familias dejaron de consumir tejido de confección, tela para tapizar o servicios de reparación de algunos electrodomésticos. Por otra parte, se introdujeron servicios sanitarios vinculados a la homeopatía, la fisioterapia y la cirugía estética. Entraron también productos dietéticos e infantiles.

Impacto económico

La crisis económica es otro factor que ha impactado en el gasto de las familias españolas. Si se comparan las ponderaciones de los artículos antes y después de la llegada de la crisis, se observan caídas significativas en el consumo de algunos productos. Por ejemplo, entre 2006 y 2011, el peso de la alimentación en el cálculo del IPC desciende del 21% al 17%; en vestido, de un 7,3% a un 6,7%; y en enseñanza, de un 1,6% a un 1,3%. Por otra parte, crece el alquiler de vivienda de un 2,3% a un 2,6%; el gasto en electricidad, gas y otros combustibles, de un 4% a un 4,6%; en servicios sociales, de un 0,3% a un 0,4%; y en servicios médicos, dentales y paramédicos no hospitalarios, de un 1,1% a un 1,5%. En la base 2011, se contabilizaron 489 artículos. Los discos duros portátiles, los CD grabables y el alquiler de películas quedaron fuera; mientras que accedieron las notebooks y las tablets, servicios de estética como la fotodepilación y la depilación láser, y servicios paramédicos, como el logopeda.

En 2016 ganan peso respecto a 2011 el gasto en alimentación, que pasa de un 17% a un 17,5%; en electricidad, gas y otros combustibles, de un 4,6% a un 5,1 %; en enseñanza, de un 1,3% a un 1,5%; y en medicamentos, otros productos farmacéuticos y material terapéutico, de un 1,5% a un 1,6%. El alquiler de vivienda; los servicios sociales y los servicios médicos, dentales y paramédicos no hospitalarios registran mínimos aumentos. Por otra parte, desciende el gasto en vestido, que pasa de un 6,7% a un 5,9%; en comunicaciones, de un 3,9% a un 3,4%; y en libros, prensa y papelería, que desciende de un 1,7% a un 1,4%.

“Existe el riesgo de que el consumo cambie, cronológicamente no es estático. En función de las posibles variaciones de los precios, puede aumentar o disminuir durante el periodo en el que se examinan determinados bienes, y por tanto, estaría afectando a la composición de la cesta de la compra”, explica Pintado. El experto añade que el IPC representa el consumo medio. Además, también aparecen ciertas excepciones al criterio general de representatividad. Así, en la actualización de 2016 se incluyeron los juegos de azar. Además, algunos artículos que se consideraban estacionales –frutas, verduras y hortalizas frescas–, con base 2016, pasan a contabilizarse como el resto, dado que se producen durante todo el año.

Desvinculación

El IPC ha sido durante largo tiempo una referencia tradicional para actualizar salarios y pensiones al aumento del coste de la vida. Sin embargo, con la crisis económica ha perdido ese papel, hasta el punto de que la última reforma del sistema de pensiones ha desligado su actualización a la evolución de los precios, aun a costa de la pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas.

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