Una preocupante euforia bursátil

Los parqués no notan los reveses de Trump por los buenos resultados empresariales

Donald Trump Mike Pence
El presidente de EE UU, Donald Trump, y el vicepresidente, Mike Pence.

Hay distintos motivos para temer que los récords que están cosechando los índices bursátiles son excesivos. Desde la inauguración de Donald Trump en enero, tanto el índice Dow Jones como el S&P han aumentado un 11%. La victoria de Trump generó grandes expectativas en el mundo empresarial porque su agenda legislativa incluía la eliminación de regulaciones laborales y medioambientales, una simplificación y reducción de los impuestos y un plan de renovación de infraestructuras por valor de un billón de dólares. También deseaba facilitar la extracción de petróleo y gas natural en aguas costeras y terrenos federales. Asimismo, aspiraba a tumbar el Obamacare, que con sus subvenciones consiguió que 20 millones de estadounidenses cuenten con un seguro médico, pero provocó que las aseguradoras incrementaran sus pólizas. Las cotizaciones de empresas farmacéuticas, aseguradoras, energéticas y del sector de la construcción crecieron también ante la expectativa de que la reforma fiscal conseguiría la repatriación de dos billones de dólares que las empresas de EE UU tienen aparcados en otros países. El índice Russell 2000, que incluye a empresas más pequeñas, ascendió un 16% en el mes posterior a la victoria de Trump. Dichas empresas no pueden permitirse contratar a equipos de fiscalistas –a diferencia de las grandes– para lograr reducir su contribución a la hacienda de EE UU.

El fracaso del intento de sustituir el sistema de Obamacare y la ampliación de las operaciones del fiscal independiente Robert Mueller para investigar las finanzas de Trump han debilitado gravemente a Trump, que además ha tenido que firmar la ley con sanciones contra Rusia aprobada unánimemente por el Congreso. Mueller ha organizado ya a dos grandes jurados, ante los cuales su equipo tiene grandes poderes para ordenar la declaración de testigos y la entrega de documentos financieros y fiscales. Bastantes senadores republicanos, los tribunales, el Ministerio de Justicia y el FBI no permitirán que Trump despida a Mueller. Senadores republicanos están trabajando con demócratas para elaborar una ley que permitiría recurrir dicho despido ante los tribunales. El último sondeo revela que únicamente un 33% de los votantes aprueba la gestión de su presidente, y un 62% afirma que no es honrado y carece de dotes de liderazgo.

En lugar de haber emprendido un plan de infraestructuras que hubiera contado con apoyo de algunos demócratas, Trump optó por anunciar una reforma del sistema de inmigración destinado a reforzar el apoyo de su base. Tampoco habrá reforma fiscal, y por eso el Russell 2000 solo ha aumentado un 5% desde enero.

En los próximos días, la administración Trump anunciará sus primeras medidas contra países que considera tienen superávits comerciales excesivos con EE UU. Acogiéndose a una ley de 1974, se acusará a China de practicar dumping en sus exportaciones de acero y aluminio a EE UU. China no tendrá más remedio que responder. Durante agosto también se iniciará la renegociación del Nafta.

La imposición de sanciones contra Rusia por parte del Congreso de EE UU está fomentando tensión no solamente con el Kremlin. Al prohibir la colaboración con empresas rusas del sector financiero, militar y de inteligencia, Berlín ha reaccionado con indignación ante la posibilidad de que empresas energéticas europeas sean sancionadas por la construcción del gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania.

La falta de realismo de los negociadores británicos es otro motivo de alarma. Piensan que un brexit duro sin acceso al mercado común no perjudicaría al Reino Unido y sueñan con un acuerdo con Trump. Pero el 44% de las exportaciones británicas tienen como destino la UE, y solo un 19% EE UU. Un brexit duro disminuiría las exportaciones británicas a la UE un 25%. Las exportaciones de automóviles británicos, por ejemplo, pagarían un arancel del 10% bajo las reglas de la OMC.

Se justifica que la Bolsa no haya acusado los reveses de Trump por los buenos resultados empresariales. Pero la trayectoria ascendente de la Bolsa en EE UU desde 2009 ha situado el ratio precio-beneficio medio en 18, por encima de la media histórica a largo plazo de 15. Las empresas que están registrando beneficios récord son las tecnológicas, que tienen una ponderación muy alta. Los bancos centrales están abandonando la política de tipos de interés muy reducidos y compra de activos, que además ha mantenido en niveles mínimos la rentabilidad de la deuda soberana. Citigroup estima que los bancos centrales tienen que comprar activos por valor de 1,2 billones de dólares anualmente para evitar una crisis bursátil. Los argumentos expuestos hasta ahora están relacionados con tendencias económicas y posibles fuerzas proteccionistas a corto plazo. Pero a medio plazo se están produciendo otras dinámicas.

En la última década, el endeudamiento de las empresas que cotizan en el S&P se acrecentó un 141%, mientras que sus beneficios brutos aumentaron un 51%. Las empresas estadounidenses tienen más de dos billones en el extranjero en activos líquidos que no quieren repatriar para no pagar impuestos. El FMI las critica porque en 2016 se endeudaron por una cantidad récord de 8,4 billones de dólares. Muchas están recurriendo a sus beneficios para financiar compras de sus acciones, alimentado así la burbuja. En definitiva, están invirtiendo poco en relación con las deudas que han contraído. Dicha política responde en algunos sectores a la falta de competidores que puedan amenazar a los oligopolios existentes. ¿Para qué invertir si no esperan que los reguladores aseguren la aparición de competidores?

La aceleración en el crecimiento tanto de las economías desarrolladas como de las emergentes parece justificar la bonanza bursátil. En los dos primeros trimestres de 2017, el PIB de EE UU ha crecido a un ritmo anual del 2,6%, y en España la expansión del PIB en el primer trimestre alcanzó el 3%. Atemorizado por la investigación de Mueller, Trump posiblemente recurrirá a medidas proteccionistas más duras para distraer la atención de su base. Frente a tantas incertidumbres, una corrección bursátil es inevitable.

Alexandre Muns es profesor, OBS Business School.

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