El gas, una herramienta contra el cambio climático

El rol de las infraestructuras gasistas es clave por la dependencia de las renovables del clima

Gaseoducto

El cambio climático global es actualmente una de las principales preocupaciones de los mandatarios mundiales. Para contener el calentamiento global a solo 2ºC, es necesario que entre todos reduzcamos las emisiones de CO2. El reto se complica cuando además, la población urbana requiere de una mejora de la calidad del aire. Son dos objetivos, uno a largo plazo y otro a corto, que hay que combinar.

Debemos caminar con paso firme hacia un nuevo escenario que suponga una mejora en el clima y en el aire, un modelo energético sostenible económicamente, que ayude a conseguir los objetivos contra el calentamiento global y que aumente la calidad del aire. Un nuevo modelo que, en el caso español, tiene su mirada puesta en Europa, concretamente en 2030, y que ya está trabajando en una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Dicha ley apunta a una economía baja en carbono, y para ello disponer de un mix energético equilibrado es parte de la solución.

Con todo, hay que tener en cuenta que en este mix energético, las tecnologías renovables dependen de las circunstancias meteorológicas y, en ausencia de las condiciones adecuadas (viento, lluvia, sol), no están disponibles para abastecer el consumo eléctrico. Por este motivo, es preciso contar también con fuentes de generación capaces de garantizar la seguridad del suministro. Se trata de tecnologías que aportan estabilidad al sistema, ya que son capaces de asegurar el abastecimiento de energía en cualquier momento.

En este punto, los ciclos combinados, como garantes de la estabilidad del sistema eléctrico, deben ponerse en valor. El rol de estas infraestructuras gasistas está siendo esencial, como hemos visto en los días de altas temperaturas, para la seguridad de suministro eléctrico, es decir, para que los ciudadanos puedan utilizar la electricidad sin restricciones gracias a su flexibilidad. Por esa razón, la Comisión Europea posiciona al gas natural como el principal apoyo de las energías renovables en su publicado Paquete de Medidas para la Energía Limpia de los Europeos-Winter Package, a sabiendas de que el gas natural es una garantía constante de suministro eléctrico cuando las condiciones climatológicas impiden el funcionamiento de las energías renovables.

También es importante hablar del gas y su papel clave como energía limpia para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejora de la calidad del aire en sectores como el transporte y el residencial. La sustitución por gas de otros combustibles más contaminantes reduciendo las emisiones de GEI de forma económicamente sostenible, es fácil a corto plazo, y con impacto inmediato.

Es significativo el dato de que el sector del transporte, tanto terrestre como marítimo, es responsable de 38% (año 2014) de las emisiones de los sectores difusos. El uso del gas en el transporte terrestre y marítimo podría reducir rápidamente hasta un 25% esta cifra. De la misma forma, en el sector residencial y terciario, cambiar a sistemas modernos de calefacción a gas es una forma rápida y barata de reducir las emisiones del sector residencial hasta en un 55%. Las calderas de condensación presentan hasta un 65% más de eficiencia que sus tecnologías competidoras.

Así pues, la participación del gas en el mix energético es fundamental para alcanzar los objetivos derivados del 2030 y para llegar a una economía baja en carbono, permitiendo seguir introduciendo renovables en el sistema energético.

Antoni Peris es presidente de Sedigas.

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