Unión bancaria: España versus Italia

La distinta solución dada a la crisis de Popular y de la banca italiana evidencia grietas y errores

Paolo Gentiloni Pier Carlo Padoan
El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y el ministro italiano de Finanzas, Pier Carlo Padoan.

En junio de 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy ya había solicitado el rescate bancario. Lejos de calmar a los mercados, la prima de riesgo estaba en llamas, los inversores temían una salida desordenada del euro de España y el contagio llegó a la prima de riesgo italiana. El presidente italiano, Mario Monti, buen economista formado en Yale con el nobel James Tobin y excomisario europeo, propuso con buen criterio avanzar en la unión bancaria. El temor de los inversores era que el Tesoro público español e italiano no pudieran emitir la deuda pública necesaria para recapitalizar el sistema bancario y provocasen una salida desordenada del euro desencadenando una crisis financiera mayor que la quiebra de Lehman y una nueva gran depresión global.

Al final fue el Banco Central Europeo y otro italiano, Mario Draghi, el que evitó aquel escenario apocalíptico. Draghi dijo que el BCE haría lo necesario para evitar la ruptura del euro y los inversores interpretaron que compraría toda la deuda pública que fuera necesaria para que los Estados recapitalizasen sus bancos sin provocar un impago de la deuda soberana y una salida desordenada del euro. Meses después, en una cumbre europea, Monti amenazó con dimitir si no se avanzaba en la unión bancaria, según se filtró. Y se avanzó, aunque como siempre en Europa, demasiado poco y demasiado lento.

Hoy tenemos supervisión única dirigida por el BCE y un mecanismo de resolución de entidades único de nueva creación. Pero como estamos comprobando, aún habrá que seguir avanzando para tener una unión bancaria efectiva y que proteja por igual a todos los depositantes europeos. El Gobierno de Syriza inyectó un 10% del PIB para rescatar a sus bancos y lo pagaron los contribuyentes griegos, igual que sucedió con el rescate del Gobierno de Rajoy en 2012. El Gobierno socialista portugués tuvo que rescatar varios bancos y lo pagaron los contribuyentes portugueses.

Pero el escándalo surgió el pasado mes, cuando el BCE activó el rescate de tres bancos, Popular y dos entidades italianas, y el procedimiento de resolución fue diferente. El 31 de mayo, la agencia Reuters filtró una información del nuevo mecanismo europeo advirtiendo de que tenían un plan preparado para rescatar a Banco Popular. Ocho días después, el banco tenía que ser rescatado, y como ha confirmado la propia presidenta alemana del mecanismo, la causa de la intervención fue por una fuga de depósitos.

Un banco toma depósitos a muy corto plazo y presta a largo plazo. Eso le hace extremadamente vulnerable a fuga de depósitos, y desde la Edad Media, a esas situaciones se les denomina banca rota. Los bancos centrales se crearon para prestar a las entidades cuando nadie en el mercado quiere hacerlo y evitar crisis bancarias sistémicas. La historia nos enseña que las crisis económicas, cuando van acompañadas de crisis bancarias, provocan mayor destrucción de empleo, mayor caída de los ingresos públicos y mayor aumento de la deuda pública.

Para reducir el coste de las crisis, la regulación y la supervisión bancaria son muy estrictas, se creó el fondo de garantía de depósitos e instituciones para intervenir los bancos en caso de necesidad. Si los bomberos y la Unidad Militar de Emergencias (UME) hubieran tardado días en llegar al incendio de Doñana, se habría pedido la dimisión de sus responsables. Si un funcionario español hubiera estigmatizado a un banco alemán y fuera rescatado días después, Merkel habría pedido su dimisión. ¿Por qué Rajoy no lo hizo? ¿Por qué Guindos alabó la intervención del mecanismo de resolución?

Se argumentó que Banco Popular solo tenía problemas de liquidez; entonces, ¿por qué se vendió por un euro? Un euro significa que el pasivo exigible es mayor que el valor del activo y eso es lo que lleva a los jueces a declarar una sociedad en quiebra. El Banco de España ha derivado la responsabilidad al BCE, que no ha dado aún ninguna explicación para informar cómo es posible que el banco pasara la revisión de activos y los test de estrés. Popular afloró pérdidas millonarias muchos meses antes y el Gobierno de Rajoy hizo lo que mejor sabe hacer: nada. Y, como en 2012, tuvieron que ser las instituciones europeas las que tomaran la decisión.

Diez años después de comenzar la crisis, el Gobierno italiano no había reconocido ni saneado sus bancos contaminados con activos tóxicos. Mario Draghi fue presidente del Banco Italia antes que del BCE, y no acometió el saneamiento bancario. Desde el pasado año, el Gobierno activó un plan de saneamiento y comenzó a negociar con Bruselas. Seguramente eso ayude explicar que los bancos italianos hayan sido rescatados ordenadamente un fin de semana con los mercados cerrados, lo cual te da casi tres días para actuar.

La información de nuevo es muy imprecisa, pero parece que los accionistas y bonistas subordinados de los bancos italianos también perderán el 100% de su inversión. Pero el Estado devolverá el dinero a los minoristas. En España, en el rescate de 2012, los preferentistas tuvieron que acudir a los juzgados para defender sus derechos.

Conclusiones: aún estamos lejos de tener una unión bancaria europea; la supervisión y la gestión de crisis europea es susceptible de mejorar; no todos los europeos somos tratados por igual; la supervisión del Banco Central Europeo y la eficacia de sus test de estrés está en cuestión y el Gobierno italiano es infinitamente más hábil que el Gobierno español gestionando crisis bancarias.

José Carlos Díez es profesor de Economía de la Universidad de Alcalá.

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