Popular: el extraño caso de una muerte anunciada

En las tres ampliaciones de Popular, nadie levantó la voz para denunciar la inestable situación de la entidad

Emilio Saracho, expresidente de Popular, en la última Junta General de Accionistas de la entidad.
Emilio Saracho, expresidente de Popular, en la última Junta General de Accionistas de la entidad.

Es este un asunto que va a seguir dando que hablar, como aquellas novelas policiacas que envolvían con entresijos de pistas falsas. Otra vez, el Banco de España y el Gobierno venían asegurando que el Popular no tenía problema alguno de solvencia. Mensaje que se hacía más difícil de digerir en las últimas semanas ante la caída libre de las acciones. No causar pánico, proteger la estabilidad del sistema, evitar un rescate público... Algo que se antoja tardío, de la mano de la más mínima lógica y con más apariencia de darle la extremaunción al moribundo, terminando por acabar con este y con la constatación de lo inevitable.

Parece increíble que en las tres ampliaciones de capital de la entidad, nadie levantara la voz para denunciar su inestable o delicada situación, algo que no es nuevo y que tenían que haber advertido los propios reguladores europeos en los test de estrés. Vuelve a ponerse de manifiesto una falta de transparencia de nuestro sistema financiero. Hasta hace nada todo eran plácemes hacia unas cuentas que si bien más contaminadas por el ladrillo que la media y con escasa diversificación internacional en los ingresos, se preveía podían aguantar tras superar la crisis económica, a pesar de la caída del margen que sufre en la actualidad el sector. Ello, amparado en su buen posicionamiento en el mercado de pymes, sus negocios parabancarios y activos realizables, amén de su clientela y accionariado singularmente afín a la causa.

Ahora nos encontramos que con la operación del Santander, los cocos (convertibles contingentes) y la deuda subordinada se convierten en acciones y con las existentes se adquieren por un solo euro ¡El Popular se vende por un euro! Su valor en Bolsa tras las caídas eran todavía 1.330 millones. No podemos obviar que, a pesar de todo, no ha dejado de cumplir con el mínimo regulatorio de capital y contaba con patrimonio neto positivo. Lo de un euro, hay que matizarlo: el comprador se tiene que encargar del saneamiento, de las provisiones hasta ahora insuficientes de tanto activo de baja calidad crediticia, pero va a contar con la compensación de un elevadísimo fondo de comercio negativo, al cotizar lo adquirido muy por debajo de su valor en libros. Lo que viene de perlas a una cuenta de resultados del banco cántabro, al suponer ingentes plusvalías contables. Las posibles demandas que se esperan, de sobra están contempladas en el precio. Pero aún podemos añadir más complejidad al asunto: el Santander ha comprado el banco a las autoridades europeas, no a los accionistas, luego estas demandas debieran dirigirse a aquellas, con lo que el asunto puede encontrarse con dificultades que lo singularizan. A todas luces y aparte de que con esta operación el adquirente se convierte en la primera entidad del país, es una gran compra.

Algo incomprensible en la entidad extinta, el extraño caso que, desde la toma de posesión del nuevo presidente y su equipo, no hubiese manifestaciones o declaraciones en favor del proyecto, de la sostenibilidad o viabilidad del mismo. Muy al contrario, en todos los casos han sembrado dudas y creado inquietud. Era una muerte anunciada; como si hubiese una sintonía entre esta actitud y las diabólicas ventas a corto que han apuntillado las acciones. Algo maquiavélico. Desde luego, nunca vendría mal profundizar y tener clara la identidad de aquellas entidades especulativas, fondos o hedge funds que se han embolsado cientos de millones en un abrir y cerrar de ojos con sus estrategias bajistas y especulativas contra el banco.

Un banco que ha mostrado siempre un inusitado orgullo de independencia. Ni siquiera recurrió al FROB, valga el ejemplo para descargar unos activos del balance que a todas luces lo reclamaban, en su caso con más motivo. Fue también por libre en la desaconsejada compra del Pastor. El Popular, con 90 años a la espalda, un auténtico banco de autor, paradigma de rentabilidad y buena gestión. Diferenciales con respecto a su entorno financiero en su forma de hacer banca solo comercial, sin entramado empresarial. También los que marcaban su propio entorno clientelar o accionarial con altísimo grado de fidelización, y haciendo causa común hasta los últimos estentóreos del banco. Con unos empleados de gran cualificación y entrega absoluta, todos accionistas con exacerbado sentido de pertenencia. Quizás, y es emotivo comentarlo, pasen por el mejor activo de la compra, esperándose que sea algo que el Santander valore debidamente y recicle con acierto en su excelente y paradigmática cultura de éxito. Todo ello también ha podido venir marcando un destino o devenir que estaba, desde hace tiempo, escrito en las estrellas.

Antonio Pedraza Alba es presidente de la Comisión Financiera del Consejo General.

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