Nuevo presidente en EE UU

Qué le espera a la economía y al mercado con Donald Trump

Trump promete acelerar el crecimiento en EE UU, aunque amenaza con una guerra comercial y un nuevo equilibrio internacional de fuerzas

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REUTERS

Ha empezado oficialmente una nueva era. La victoria de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos es una realidad, después de que su triunfo ya haya tenido la capacidad de sacudir desde el pasado 8 de noviembre las actuales bases de la política internacional y el conjunto de los mercados financieros a nivel global. El nuevo inquilino de la Casa Blanca llega con un mensaje completamente rompedor e inquietante y es hasta el momento el gran triunfador del movimiento populista que se extiende por las economías desarrolladas.

Su toma de posesión será el inicio de una etapa plagada de incertidumbres, en la que comprobar cuál será el alcance real de las propuestas lanzadas durante la campaña electoral, pero que en cualquier caso promete ser un claro punto de inflexión no solo respecto al gobierno precedente de Barack Obama sino respecto al statu quo que ha dominado el mundo en las últimas décadas.

En lo político, las incendiarias declaraciones de Trump ya han puesto en la picota alianzas clave como la relación con Europa o la OTAN. “El reajuste en las relaciones internacionales es probablemente el más significativo desde el fin de la guerra fría, con cambios en la relación entre EE UU y Rusia, la previsible expansión de la influencia de Rusia y China a nivel global y la presión sobre los acuerdos de no proliferación nuclear”, advierten en Citi.

En lo económico, Trump se presenta como enemigo de la globalización y en su discurso proteccionista, ya ha agitado el fantasma de la guerra comercial con China y la guerra de divisas. Los inversores sin embargo han dejado por el momento aparcada esta amenaza, en favor de la parte más prometedora del discurso de Trump: la apuesta por la política fiscal, con recorte de impuestos y aumento del gasto en infraestructuras que impulsarán el crecimiento.

El gobierno de Trump augura una aceleración en el crecimiento de Estados Unidos. El magnate se encuentra un país que ya disfruta de pleno empleo y donde los tipos de interés han comenzado a subir, pero su política prevé intensificar el fenómeno. Según apunta Bank of America Merrill Lynch, Trump “ha dado a la Fed la oportunidad de preparar a los mercados para un alza del precio del dinero más rápida”. Y estos, embelesados además con las propuestas de una menor carga regulatoria, se lo han tomado al pie de la letra: el mercado de deuda ha dado un vuelco a nivel global, poniendo fin a un largo ciclo de más de tres décadas de caídas de rentabilidades. Y la Bolsa ha respondido con inesperadas subidas y máximos imparables en Wall Street.

Llega ahora el momento de la verdad para comprobar si la idílica apuesta del mercado es la acertada: el estímulo fiscal será considerable, las amenazas al comercio mundial no se materializarán, la inflación continuará al alza pero bajo el control de la Fed y China mantendrá un aterrizaje suave en su crecimiento económico. El impacto global de la llegada de Trump se verá en la medida en que cumpla o no con este guion, sin duda la interpretación más optimista posible.

El alcance de las medidas, la cuestión clave

Una de las grandes incertidumbres es el grado de desarrollo de la política fiscal de Trump, que ha prometido una bajada de impuestos a los particulares y a las empresas –del 35% al 15%– al tiempo que una inversión en infraestructuras de un billón de dólares. El Partido Republicano, que Trump lidera, controla el Congreso y el Senado. Aun así, “las negociaciones para el estímulo fiscal pueden ser largas y más difíciles de lo que el mercado espera”, advierte Bank of America Merrill Lynch. Para Citi, el Congreso estadounidense difícilmente aceptará una relajación fiscal que combine el recorte de impuestos y el aumento del gasto en infraestructuras. Y va más allá al apuntar que “las predicciones del mercado están descontando una probabilidad del 50% de que Trump no llegará a finalizar su mandato”.

Hasta dónde llegará el proteccionismo

El alcance de las medidas proteccionistas de Trump es la otra gran incógnita. El nuevo presidente de EE UU ha propuesto un arancel del 35% para la importación de productos mexicanos y del 45% para los chinos. Su argumento es que la globalización y el traslado de empresas estadounidenses a otros países ha provocado el hundimiento de la clase media estadounidense, una situación que promete revertir. “Los mercados están aún concentrados en los estímulos fiscales, pero el riesgo del proteccionismo es real”, advierten en Unicredit, donde insisten en que “el problema estadounidense no es unas importaciones elevadas sino las bajas exportaciones”.

Unicredit asegura que “la globalización no ha sido determinante en la pérdida de empleos en el sector manufacturero en EE UU”, que ocupa a 12,3 millones de personas, el 30% menos que en 1998. La firma italiana explica esa pérdida especialmente en el aumento de la productividad en EE UU y apunta que mientras que las exportaciones de bienes pesan de media el 7,8% sobre el PIB, las importaciones suponen el 11,8%. Nomura añade que “el regreso a EE UU de factorías en China y México no resolvería el problema del empleo manufacturero”. Señala que las compañías estadounidenses han creado 1,456 millones de empleos en la industria de China y México, apenas el 1,5% de los 96 millones de personas que Trump asegura buscan empleo en EE UU sin encontrarlo.

Nomura añade que EE UU importa alrededor de un 50% más de lo que exporta, una proporción que es mucho más intensa en relación a China. La situación respecto a México cambia y las exportaciones al país vecino, por 211.800 millones de dólares en los cinco primeros meses de 2016, duplican a las exportaciones a China, “lo que sugiere que la industria de EE UU sufriría de forma notable en caso de una guerra comercial”, advierte Nomura.

El riesgo para los países emergentes

México, que exporta el 80% de lo que produce a EE UU es el país más sensible a la llegada de Donald Trump, que tiene en alerta al conjunto de los países emergentes. Por un lado, el alza del dólar que ha generado Trump ante la expectativa de más inflación puede propiciar la salida de capitales desde los emergentes, aunque la mayor amenaza que afrontan es la de las barreras al libre comercio. Como recuerda Citi, “los mercados emergentes solo tienen sentido como materia de inversión si la globalización se mantiene intacta”. El banco advierte aun así que estos países son más resistentes que en el pasado, una tesis en la que también coincide JP Morgan.

“Las economías emergentes han avanzado en el fortalecimiento de sus posiciones financieras. Un enfoque más bajista hacia sus activos no estaría justificado hasta que se determinen con mayor claridad la dirección política y el impacto mundial del nuevo presidente de EE UU”.

Contagio político a Europa

El grado de desarrollo de las promesas electorales de Trump será por tanto clave para medir el impacto de Trump sobre la mayor economía del mundo y, por extensión, sobre el conjunto del globo. Su influencia política también puede ser determinante en un año cargado de citas electorales en la zona euro y donde se renuevan las presidencias de Holanda, Francia y Alemania. De hecho, el gran temor en Europa, que con la marcha de Barack Obama pierde una relación privilegiada con Estados Unidos, es que el triunfo de Trump avive otros movimientos populistas, como el Frente Nacional en Francia, con capacidad real de desestabilizar el frágil proyecto europeo si acceden al poder.

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