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Trump agobia a los fabricantes de coches

Los ataques del conductor-en-jefe hacen temer a la industria un aumento de costes

Donald Trump, el jueves pasado.
Donald Trump, el jueves pasado.

Alos fabricantes de automóviles les está poniendo nerviosos el conductor-en-jefe-del-asiento-trasero. Los ataques del presidente electo de EE UU Donald Trump por las importaciones han alterado el estado de ánimo de la industria antes de su gran fiesta, el Salón de Detroit de esta semana. También han revivido los temores al aumento de costes mientras la desaceleración del mercado y el coche autónomo sacuden las perspectivas financieras.

Según algunos indicadores, los fabricantes van muy bien. Las ventas en EE UU alcanzaron un récord de 17,6 millones en 2016. Y las acciones de la mayoría de los principales fabricantes han subido un quinto desde el 7 de noviembre, justo antes de la victoria de Trump.

La cancelación de una planta en México permite a Ford no solo apaciguar al presidente electo, sino también a sus accionistas

La probabilidad de que este baje el impuesto de sociedades ha ayudado. Se espera que los ingresos de Ford, General Motors y Fiat Chrysler estén prácticamente planos entre ahora y 2019. Solo Honda, Nissan y Renault podrían tener un aumento de dos dígitos. Pero eso podría ser optimista. En EE UU, el mercado más rentable, la venta de segunda mano, está cayendo. La subida de los tipos hará que los préstamos sean más caros. Y los fabricantes ya están ofreciendo a los clientes un 12,2% respecto al precio medio de compra, los mayores incentivos desde la crisis financiera.

Aunque las tuitervenciones de Trump son inquietantes, también pueden ayudar un poco. La cancelación de una nueva planta en México permite a Ford no solo apaciguar al próximo comandante en jefe, sino también a sus accionistas. La decisión debería reducir los costes asignados a la construcción del Focus, un pequeño automóvil de bajo margen cuyas ventas disminuyeron casi un 17% en 2016.

El mayor peligro serían los aranceles y las exenciones fiscales impuestas por Trump y el Congreso dirigido por los republicanos, que harían que muchas de las operaciones de la industria en México no sean rentables. El aumento de los costes y la pérdida de ventas podrían obligar a mover parte de la producción al norte de la frontera.

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