Elecciones EE UU

¿Qué decide el voto de los ciudadanos de EE UU?

Los más insatisfechos son los blancos mayores de 45 años sin estudios superiores

Elecciones Estados Unidos 2016
Votantes esperando su turno para depositar la papeletas en Columbia (Ohio).

Un día antes de celebrarse las elecciones presidenciales norteamericanas, ya han votado casi 40 millones de norteamericanos. Como en todas las elecciones, los votantes dicen que “estas elecciones son las más importantes”. Quizá en esta ocasión tengan razón. Ayer citaba a Robert De Niro y, hoy, vuelvo a hacerlo. “Si no queremos que la pesadilla se haga realidad, votad por Clinton”. Es un ejemplo más de la extraordinaria movilización que se está produciendo en esta campaña tan polarizada. Cientos de millones de dólares invertidos en publicidad, sobre todo televisión, pero también en Internet, YouTube, redes sociales (Twitter, Facebook) y prensa escrita y radio. Se está haciendo lo de siempre y mucho más: los mítines, las visitas de los candidatos a domicilios (con 200 cámaras de televisión), los dossieres que hablan de las investigaciones a los Clinton (los emails, sobre los que James Comey -presionado por ambos bandos-, director de FBI, dijo el domingo que no presentaban problema, por lo que Clinton no será imputada, aunque continúa la investigación a la Fundación) y las sexual escapades de Trump. En Norteamérica se comenta mucho (no en España) el affair por el que National Enquirer ha pagado 150.000 dólares a una ex modelo de Playboy por no hacer pública una relación mantenida en el tiempo con Trump del 2006 en adelante, estando ya casado con Melania. El dueño de la empresa propietaria de la publicación es íntimo amigo de Trump.

Esta revelación sobre The Donald o las actividades -legales o no- de la Fundación Clinton, sujetas a investigación del FBI a raíz de la publicación del libro Clinton Cash (la historia no contada de cómo y por qué gobiernos extranjeros y corporaciones ayudaron a Bill y Hillary a hacerse ricos), de Peter Schwizer, hoy no importan a los votantes. El tiempo de la campaña ya ha pasado. Ahora, cuando la gente va a votar, es el momento de la racionalización del voto, de la verbalización -mental, verbal o por escrito- de las motivaciones del voto. A 7 de noviembre, Gallup y Advice Strategic Consultants coinciden en que, lo que importa al votante cuando deposita el voto en la urna, es: economía (17%), insatisfacción con el Gobierno (12%), Racismo/Tensiones raciales (10%), Inmigración/Emigrantes ilegales (7%). Hay más motivaciones del voto, pero, primero, estas son las que tienen más porcentaje y, segundo, el resto están demasiado dispersas con muy poco porcentaje.

Los más insatisfechos son los blancos mayores de 45 años sin estudios superiores

La concentración, en estos cuatro motivadores del voto, es el común denominador de estas elecciones. La población general pide que la recuperación económica coja fuerza. La Reserva Federal diría: “crecimiento económico del 3% o más y pleno empleo con tasa de paro del 4%”. El índice de aprobación de la gestión de Obama es el más alto, con perspectiva histórica. Y su mujer, Michelle, “se sale del mapa”, lo que desata especulaciones sobre si ha cambiado su opinión de 2008 (“odio la política”) y opta por un futuro político, como las dinastías Clinton y Bush.

En cambio, el 70% no está de acuerdo con la dirección en que va el país, lo cual ha sido una constante de toda la presidencia de Obama, lo que no impidió que ganara dos elecciones. En ese 70% hay republicanos, demócratas, independientes e indecisos. Hay, sobre todo, blancos mayores de 45 años sin estudios superiores, que verbalizan en las encuestas: “unos pocos trabajan con ordenadores y ganan mucho dinero y una gran mayoría sin formación trabajamos en la construcción”. Lo que no dicen estos hombres blancos de la pradera es que, según su INE (Bureau of Statistics), esos trabajadores ganan entre 40.000 y 60.000 dólares al año. Tres veces más de lo que gana un empleado de Mc Donald’s. La desconfianza de los norteamericanos hacia el gobierno no es nueva: comenzó en 1776, la llevan injerta en el ADN.

Las tensiones raciales, que también son sociales, dada la creciente desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, entre los muy ricos y la clase media, por no hablar del 1% de americanos que están fuera del sistema (homeless o “los sin techo”), han cobrado gran protagonismo desde los sucesos de Fergusson en 2014. Yo estaba allí (casualidad) en agosto de ese año. Lo que vi “era de película”. La toma del Palacio de Invierno en San Petersburgo en octubre de 1917 que desató la Revolución Rusa fue un caneo de niños versus los enfrentamientos entre afroamericanos y algunos blancos con la policía, por la muerte de un chaval a manos de aquella. Y a Fergusson siguieron otros muchos sucesos que, en realidad, han sido noticia porque llevamos 20 meses de campaña electoral. El racismo siempre ha estado presente en la sociedad americana. Y el blanco medio, varón, del centro y del sur de país, con pocos ingresos y trabajos duros, se enciende ante las políticas de discriminación positiva para con negros, hispanos y mujeres.

Por vez primera vez en décadas, Wall Street Journal, Newsweek, Time, FT o Bloomberg Business Week verbalizan lo que nosotros publicamos hace tiempo en este diario cuando recorrimos en verano Estados Unidos, de costa a costa, por 35 estados: estas elecciones tratan del papel de la mujer en la familia, la sociedad y el trabajo.

La mujer americana quiere que su marido comparta las tareas del hogar. El sufragismo es cosa del pasado: más protagonismo en política para la mujer. Sheryl Sandberg, número dos de Facebook, no es la única mujer con aspiraciones profesionales. El 45% de las mujeres que trabajan quieren mejorar, ascender, ser mejor pagadas y desearían llegar a ser consejeras delegadas de la empresa. La movilidad social y el sueño americano están íntimamente unidos.

Y la inmigración. La historia nos dice que los muros levantan resentimiento, dolor…, nada bueno, en definitiva. Durante la segregación, los blancos del Sur se sentían amenazados por los negros, a quienes consideraban inferiores, siendo ellos paupérrimos. Hoy, los latinos, más numerosos que los afroamericanos, representan al 13% del electorado, 50 millones son legales y 11 ilegales. Tim Kaine, segundo de Clinton, habla español: el futuro de EE UU se escribe en castellano.

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